Quizá lo de que este hombre volcado sobre sí mismo de Rodin, El Pensador, haya salido a las calles de Málaga como recoge hoy El País sea un signo de los tiempos en estas épocas tan irreflexivas en las que aprender otra lengua salvo el catalán es un mérito curricular. Nos observa desde lo alto, porque hay que tomar distancia para entender y lo de ubicarla a la entrada de la calle Larios se deba tal vez a esa tendencia a atribuir la genialidad al coqueteo con las bebidas espirituosas. Un rasgo bohemio con el que a lo mejor don Augusto no estuviera de acuerdo, o sí, si tenemos en cuenta que este fornido hombre reflexionante iba a formar parte de un grupo escultórico llamado “Las puertas del Infierno“. ¿Acaso se puede pensar ya en algo una vez que se está en el umbral? ¿Estamos a tiempo de poner algo más de cordura al Averno que se nos avecina con la inminente campaña electoral?













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