Para la Academia esta palabra define una “hilera de cosas puestas en orden una tras otra”, algo que personalmente me devuelve a los años del colegio de monjas, cuando llegaba a clase mucho después de que hubieran acabado las filas indias en el patio al son de la música clásica. Ya nadie espera disciplinadamente salvo para entrar a ver las exposiciones que vende el Museo del Prado o ante la intuición de que al final de la ristra de personas aguarda un benefactor que ofrece pisos de protección oficial, dispongan o no de agua y luz.
Precisamente hace poco he vuelto a encontrar esta palabra en “El legado de la pérdida”, novela de Kiran Desai, editada por Salamandra que aparte de este hallazgo lingüístico cuenta una historia de culturas que se visitan y se frecuentan hasta que deciden convivir u odiarse en calma. Una autora premiada con el Booker y que se atreve a declararse “neomarxista” en Varsovia.












