Candidatos de arena

 Ahora que Zapatero se aproxima peligrosamente a un PP que acusa el cansancio de una mayoría absoluta, lacerada por el desprecio del que no se ve en la necesidad de dialogar, los delfines se han visto impelidos a reunirse en una verdadera conjura. Nos dicen, o sabemos que los conspiradores de la sucesión se reúnen a escondidas y actúan cual tríada para designar los cargos que servirán de sustento para cementar su futuro político cuando Aznar fallezca para la política activa… Al menos, para la española. Pero esta fraternidad de terceto con ripios queda rota por la omnipresencia de la bruja mala, la que en los cuentos infantiles no fue invitada, pero siempre aparece para echar un maleficio sobre el recién nacido. ¡Y qué mejor ejemplo de neonato que el de un candidato a medio hacer, aún ansioso de los consejos de asesores de imagen y de los baños de multitudes que acompañan a su designación? Si todavía no le han puesto cara a esa madrastra, cierren los ojos, dejen la lengua suelta y a ser posible liberen sus raíces andaluzas, olvídense del Grecian 2000 para las canas y cojan el boli de notario oficial, el de secretario general. Y es que algunos apuestan a que esta persistencia de Arenas por estar presente en todas estas citas clandestinas no es gratuita y que se posiciona poco a poco para atacar a la yugular del que se deje, en cuanto les flaqueen las piernas de la vida privada a Rato, el terruño a Mayor Oreja o se le note algo más de lo debido el frenillo conservador a Rajoy. Y puede que tengan razón…, Arenas, a diferencia de los “candidables” no se ha visto afectado por la rumorología rosa que ha acompañado a unos, al desgaste de Gobierno que ha hecho mella en el otro o al exilio vascongado del tercero, más dispuesto al monacato de Ajuria Enea que a las púrpuras del cesarismo nacional. A todo esto, Aznar sufre en silencio la indecisión y la falta de sucesor, que bien quisiera él trascender los prejuicios electorales y de partido y poder presentar a su yerno, cual ofrenda en Eleusis para ver si supera la prueba del fuego eterno agarrado del talón de los votos, arropado por sus triunfos europeístas. Pero aquí no hay talón que valga, así que tendrá que fajarse y respetar los tabúes democráticos. Mientras, Arenas permanece impoluto, lejos ya de sus polémicas de peloteo tenístico con Chaves y adornado ahora con las mieles del triunfo de la Administración Pública y la intermediación, pero sin pringarse en temas menores como las alcaldías, que para eso ya habrá otro. Entretanto, sentado en la arena política, en su salsa, pala en ristre va llenando su cubito de méritos, por si hiciera falta una alternativa.