Queremos decir NO

Queremos decir NO, pero no podemos. Queremos decir NO a la guerra, pero un orden establecido por encima de nosotros nos recuerda que el imperativo del orden mundial está por delante del argumento de la paz. Queremos decir NO, pero las consideraciones económicas pesan más que los civiles muertos, las mujeres perseguidas y los pueblos masacrados, porque la terminología oficial nos dice que no son más que daños colaterales. Queremos decir NO a la violencia, pero el neoliberalismo necesita el terrorismo de mercado para seguir manteniendo una polarización de ricos y expectantes, deseantes no ya de bienestar, sino de medios básicos para su supervivencia. Queremos decir NO, estamos diciendo NO, pero los medios de comunicación nos anticipan lo inminente de la guerra, nos ponen sobre la mesa las prioridades del sistema, en el que no caben las disidencias, ni las tibias resoluciones de la ONU.
Queremos decir NO… ¡pongamos los medios para gritarlo desde la paz, la sostenibilidad, la igualdad y no desde la impunidad de los criminales internacionales, desde la rapiña del que domina y la exclusión!
Digamos NO a la aventura belicista para la que la comunidad internacional no es más que un voto a favor o en contra, una ofensiva en la que la diplomacia no cuenta. Cuenta la crisis energética propiciada por quienes nos han embarcado en una economía basada en los extremos y el rearme de quienes creyeron que en la posesión de las armas estaba la fuerza, olvidando que el gendarme mundial es otro, al que sí le está permitida la posesión de armas de destrucción masiva para que todo quede como está, a sus órdenes. Demos voz a esa otra parte de Estados Unidos, silenciada que no quiere avanzar tecnológicamente a costa de vidas humanas, que discrepa de los métodos y sobre todo del trasfondo de esta guerra, deuda electoral de un presidente aupado por los fabricantes de armas a la presidencia de la Casablanca y argumento fácil para acallar a los que critican la recesión económica, con la infantil cortina de humo del triunfo sobre las fuerzas del mal. ¿Qué democracia es esa de conceptos caducos, como el honor, la patria y la fe? ¿Acaso vamos a consentir que en la sociedad del conocimiento sean los iletrados estadounidenses quienes decidan nuestros destinos? Porque la victoria en esta guerra sólo sería más sometimiento al régimen establecido, menos disensión y la consolidación de las bases de una sociedad sin otro criterio que el de la hegemonía.
Dicen que la que viene es la guerra silenciosa de matar cortando las redes con microondas, sin el tremendo espectáculo de la sangre, con las imágenes nocturnas en verde fluorescente y esperan que nuestra respuesta sea igual de callada, porque Irak está muy lejos, la guerra por televisión no mancha y a la pasividad se acostumbra uno más fácilmente que a la protesta. Hagamos de Irak un segundo Vietnam y contestemos con decisión el liderazgo de Bush y los que con él disponen de las vidas de mujeres que serán violadas en conflicto y niños que perecerán bajo las bombas engrosando la lista de bajas.
Y en este alzamiento en contra de la guerra las mujeres hemos dado ejemplo de que las redes solidarias y de resistencia antimilitarista funcionan, porque la paz viene de la mano del debate y la diferencia.
No te quedes esperando a que el ritmo de la guerra lo marque tu televisor. Protesta y que tu queja sirva para fraguar un mundo sensibilizado con los problemas del que está al otro lado del planeta, porque ésa y no otra es la globalización, la de los grupos sociales y no la de los intereses esquilmadores de las multinacionales. Hazte del verdadero movimiento globalizador, del de la paz, la justicia, el reparto equitativo. ¡No dejes que nos roben incluso las palabras!