A golpe de memoria

Entrevista a Jaime Peñafiel

Aunque empezó como corresponsal de guerra se le conoce como analista de una de las profesiones con menor siniestralidad laboral, la crónica rosa, en la que ha conseguido dibujar las formas sin quitar el último velo, como el busto que anida en uno de los rincones de su casa. Recientemente ha presentado “A golpe de memoria”, un libro que ha provocado más de un suspiro de alivio entre los asiduos a revisar los índices onomásticos.

¿La memoria es un mecanismo que funciona a golpes?

Pues sí, yo no pretendía en ningún momento hacer un libro de memorias, es más, ni siquiera de recuerdos. Iba a ser una especie de cuento, un libro pequeño y breve sobre una historia de mi infancia que siempre me ha impresionado a mí mismo… Cuando yo tenía siete años yo vivía en un carmen enorme en Granada que se prestaba a que la imaginación de un niño se desarrollara y se enriqueciera. Y fue una noche que vi a mi madre gritar desde su dormitorio y luego vi desde la ventana de mi cuarto cómo mi madre llevaba el cadáver de mi madre y la enterraba al pie de un limonero. Lo vi con mis propios ojos. Yo lo iba a titular incluso, “La noche en que mi padre asesinó a mi madre. Historia de un crimen real que nunca existió”, pero la editora que conoce mi vida, conoce mi trayectoria me dijo, “pero ¿por qué no hablamos de más cosas de las que te han sucedido en la vida?” . Yo tengo mucho respeto por las memorias porque hay que abordarlas desde el rigor, la honestidad, la valentía y desde el respeto.

No obstante usted en el libro comenta que rechaza el género memorialístico porque suele contener simples chismorreos gratuitos propios de la prensa de evasión…

 Exactamente. Hay gente que no tiene ni experiencias, ni vivencias, ni edad y sobre todo, su trayectoria vital es a veces haber pasado por la cama de y entonces yo he estudiado lo que varios personajes opinaban sobre las memorias, de memorias importantes y dicen siempre que no se puede frivolizar. Incluso José Luis de Vilallonga que ha escrito unas magníficas memorias dice algo que yo he intentado aplicarme “que es que el autor tiene que ser inmisericorde consigo mismo” y yo añado “y generoso con los demás hasta donde puedas”. Y entonces me senté y dije voy a ver lo que da de sí, pero no haciendo un relato cronológico de mi vida, sino a golpe de memoria, a golpe de recuerdos. Cuando uno se sienta a escribir –yo escribo a mano, con un montón de papeles, de bolígrafos y un diccionario-…

En el libro se nota un estilo un tanto anacrónico, un lenguaje que no es muy habitual en la prensa del corazón…

No me gusta hacer literatura, porque yo soy un periodista, un contador de historias, lo que pasa es que desde muy pequeño en mi casa había una biblioteca con miles de libros y tenía un abuelo que a los nietos nos obligaba a leer todo, hasta los diccionarios. Yo a los seis años ya leía y si allí había 5.000 libros yo me leí 3.000 para cuando tenía 14 o 15 años y eso lógicamente me ha dejado un poso de cultura. La lectura es fundamental en un periodista, porque leía todo tipo de libros, historia, novelas, filosofía. Ponía a cada nieto y había horas de lectura y leías y leías, y luego tenías que contarle lo que habías leído.

¿Se siente un poco marginado respecto al resto de los periodistas de la prensa rosa?

No tengo nada que ver, afortunadamente. Si hubiera nada más que ese periodismo yo no podría. Entonces yo que siempre quise ser periodista, cuando era pequeño me escapé muchas veces y cuando volvía daba auténticas ruedas de prensa a mis hermanos, a mis primos, porque éramos muchísimos. Creo que aquello fue un comienzo. Luego por las cosas familiares yo tuve que hacer Derecho, porque el que mandaba en casa de mis padres era mi abuelo que tenía un carácter muy fuerte, no como mi padre que era muy bondadoso, y también por la memoria de mi madre que ya había muerto yo tenía que hacer Derecho. Lo hice y luego me vine a Madrid a ser periodista, que era lo que a mí me gustaba. Y he huido en todo momento de hacer literatura, porque pienso que una cosa es hacer literatura y otra hacer periodismo, lo que pasa es que procuras escribir correctamente, no puedes evitar la pedantería de algunas citas, pero no las utilizo como lucimiento, sino para apoyar determinadas cosas en las que me cuesta explicarlas mejor y salir del atolladero. Hay quizá por eso un exceso de citas en el libro, porque yo las necesito como muleta para poder continuar. Al escribir es como tener un cesto de cerezas, porque los recuerdos van saliendo unos engarzados en otros, de cosas que ni siquiera sabía que habían pasado en mi vida y de pronto te viene el recuerdo vivo de aquello que ocurrió, pero lejos de un libro de memorias. Yo tengo ya una larga vida profesional y la suerte de conocer a todo el que había que conocer a lo largo de 40 años. Mi periodismo no siempre fue de evasión, porque yo empecé en una agencia, donde se hace un periodismo más serio, pero luego me ficharon en la revista Hola y como yo soy un profesional en el más amplio sentido de la palabra, me atengo a las coordenadas de esa empresa para moverme – yo que colaboro en la COPE hablo a favor del aborto o contra el Papa-.

Usted comentaba que si éste fuera el único periodismo –refiriéndose a la prensa rosa- dejaría la profesión…

Totalmente. Ahora me da vergüenza esta profesión. Cuando voy a algún sitio procuro, en general, no estar con periodistas. Durante los 22 años que estuve en Hola, creo que hice un periodismo muy digno y entrevisté a todas las personas importantes que se podían entrevistar, nunca negocié económicamente, me abría las puertas por mi mismo y procuraba no cerrarlas –considero que no he traicionado nunca a nadie-. Pero ahora yo que soy un telespectador como cualquiera, me escandalizo todos los días y no conozco esta profesión que está llena de advenedizos, de curanderos, de putas y de maricones.

Su relación con las mujeres ha sido quizá la del confidente del serrallo, una mezcla de la oratoria del padre Ulpiano que menciona en el libro y de reja de confesionario, con un estilo elegante, sin entrar en los detalles escabrosos…

Porque yo siempre marco un límite. Es una polémica que la tienen los propios jueces, que no saben cuál es la frontera entre la intimidad y la privacidad. Yo he procurado no traspasar nunca la intimidad. En cuanto a la privacidad, pienso que ningún personaje público tiene derecho a ella, desde los Reyes a cualquier personajillo público. Sobre la intimidad soy muy respetuoso, porque creo que no le interesa a nadie. El jesuita que mencionabas me despertó la pasión por contar y contaba tan bien las cosas que me sobrecogía.

Tal vez ha heredado esa forma de envolver al oyente, seducirle como en el cuento que abre el libro…, siempre sin causar daños colaterales, sin introducir nada turbio…

Sí, aunque he conocido mucho miserable yo hablo con respeto incluso de personas que no merecen ser respetadas, es mi estilo. Pero en un país en que la prensa, los políticos y si me apuras, hasta el pueblo llano son muy cortesanos respecto a la Jefatura del Estado, yo soy muy leal. Desprecio a los cortesanos, porque pienso que todo se puede criticar, me siento indignado cuando la presidenta del Congreso a todo los españoles de todas las ideologías le hace la reverencia al Rey, porque en ese momento está obligando a arrodillarse a todos los españoles. Lo que ocurre es que el que es leal dice la verdad, incluso aquello que el Rey no quiere saber, mientras que el cortesano sólo cuenta lo que al Rey le gusta. Entonces, cuando escribo voy más lejos de lo que van otros, por eso tenido tantos problemas con la Casa Real.

¿Cuál cree que ha sido el punto de inflexión para ganarse la desconfianza de la Casa Real, hasta el punto de tener que acreditarse? ¿Proviene de su actitud crítica sin tapujos?

Pues sí… Mientras estuve en Hola yo estuve con el botafumeiro en la mano. Yo he tenido y tengo un gran respeto por el Rey al que conozco de cuando era cadete en la Academia General Militar de Zaragoza, pero eso no impide que pueda ser crítico, porque yo no soy monárquico…, yo creo que ya no soy ni juancarlista. Quizá las debilidades de las personas me han alejado del cargo, pero como soy de los que piensan que al Rey no se le puede votar ni con b ni con v, yo le exijo que sea ejemplar, mientras que si un político mete la pata como lo ha hecho Aznar ahora o en su día Felipe González siempre le puedes esperarle en las urnas, emitiendo tu voto. Por eso, aunque no soy juez, cuando ha habido algo que no me ha gustado lo he dicho…

Vilallonga también sufrió el destierro por su deslealtad… Ahora parece que son historiadores como Carlos Seco los más cercanos a la Casa Real…

Aunque yo he tenido polémicas con Carlos Seco, le admiro mucho y mantengo con él una relación cordial, pero él se equivoca porque los historiadores del siglo XX somos los periodistas. Ellos utilizan lo que los periodistas hemos visto y hemos contado, porque ellos están en sus despachos y en sus academias, por eso tienen una visión diferente y no les gusta lo que contamos. Yo no le he rectificado, sino que he puntualizado determinadas cosas que he conocido en directo como es el tema de la propia Reina Victoria Eugenia. A los historiadores se lo cuenta alguien que a lo mejor intenta manipular, porque en aquella época todo el mundo era franquista, pero a la vez todos querían ser monárquicos, porque esto era una especie de pseudorreino. Tengo muchos respeto por los historiadores, porque no soy un erudito, pero soy un periodista que cuenta historias y procura contarlas bien.

En el libro se refiere a la Reina como un libro del que sólo conocemos la encuadernación…¿Cree que alguna vez conoceremos algo más sobre ella o sobre la trastienda del franquismo, como ese diario íntimo que menciona de Fabiola?

Yo no intento desmitificar las personas, sólo que se las conozca. Éste libro ha sido un ajuste de cuentas. Ha habido un capítulo que he escrito muy dolorido, porque me ha afectado profundamente, que sino hubiera tenido un resultado de muerte para mí no hubiera pasado de ser una anécdota. No lo puedo olvidar, y eso es no perdonar, porque se me infligió un daño gratuito. Yo era una persona que no iba a pedir nada, sino que incluso iba a aportar algo y no se me atendió. Entonces yo he aprovechado el tema para que se conozca a Doña Sofía que es una mujer llena de dignidad y que reina las 24 horas del día. Nadie la ha podido definir mejor, ni de forma tan poco generosa como cuando el Rey dijo que es una profesional. Yo digo que es una sufridora esposa, como cualquier persona que está casada durante 40 años, es una mujer que no ha acertado en la educación de sus hijos y es una mujer con sus problemas y sus defectos. Si yo hubiera dicho que es una profesional, me hubieran tachado de mezquino, porque no es un calificativo muy generoso, pero quizá nunca se ha querido decir más en una sola palabra. En cuanto al tema del general Franco, pienso que las hemerotecas son la conciencia del siglo XX, porque si ahora se exhumara lo que yo dije sobre la boda de la nieta de Franco, se verían unas paridas de tal calibre, pero lo asumo, porque eran las circunstancias. Porque a ver quién decía que esa boda era por motivos espúreos de un complot contra el príncipe Juan Carlos. Por eso, aunque yo de pequeño no tenía sentido común, después lo he adquirido y no me ha gustado crearme problemas. Ahora que tengo la luz pagada hasta que me muera, tengo una independencia que me permite marcharme a casa si algún día me dicen que puedo escribir ya sobre la Casa Real y dar por finalizada mi vida profesional. Me quedarían siempre los libros. Por otra parte, nunca he tenido ni una sola querella porque la Casa Real siempre ha mantenido un riguroso respeto, cosa que agradezco, porque hubiera sido entrar en polémica y yo siempre he dicho que “valgo más por lo que callo que por lo que cuento”.

El documentalista de “Mis bodas reales”, Francisco Quintanar, comentaba que durante la realización de la serie uno de los problemas con que se encontraron fue que los Archivos Reales, algunas Filmotecas o Televisiones Públicas, les dijeron que únicamente se podrían ceder estos materiales, si se sabía qué cosas se iban a contar de los miembros de su Casa Real. ¿Fue éste el principal escollo?

Esa es una serie que hice con el mejor documentalista de España para Antena3 TV con algunos capítulos muy críticos. Cuando estábamos haciendo la serie se muere Don Juan, tal día como hoy, y dio tiempo a interrumpir la serie para hacer un documental sobre su vida. Lo visiona Manuel Campo Vidal y pregunta si lo había visto la Casa Real, a lo que yo contesté que no lo había visto, porque creo que no hay que pasar por una previa censura. Terminaron emitiéndolo a la una de la mañana, en un horario vergonzante, porque en el reportaje se decía que lo que se había producido era una traición de Don Juan Carlos a su padre por motivos muy nobles, como era la institución por encima de todo. Franco no le permitió elegir por el odio que tenía a Don Juan. Los periodistas somos los encargados de rescribir la historia. Durante la dictadura tuve la suerte de ejercer un periodismo de evasión, en el que no te pronunciabas, en cambio todos los periodistas de opinión escribieron a favor del franquismo, lo que se demuestra en el hecho de que ningún periodista fue perseguido por el régimen.

Por otra parte usted parece decir que la rosificación de la crónica social pasará factura a la vida española como ya sucedió con el caso de Eva Sannum con una cierta trivilización de lo que pudiera entenderse como un caso de Estado?

La razón de ser de las monarquías es que sus vidas sean ejemplares y que el príncipe puede casarse con quien quiera, pero no con cualquiera, porque Doña Sofía ha puesto el listón de la dignidad real muy alto. Por eso una modelo de baja categoría no puede ser la sucesora de una Reina modelo y eso hasta la gente más sencilla lo entendió. Alguna prensa no lo quiso entender, porque son cortesanos.

En las últimas manifestaciones contra la guerra se ha visto un republicanismo incipiente… ¿Qué hay de cierto en la preocupación de la Casal Real y si como usted indica el Rey es un hombre de derechas, eso significa que está a favor de la intervención?

En las manifestaciones se han visto más banderas republicanas que nunca… El Rey, está más cerca del pueblo de lo que parece y por supuesto está en contra de la guerra. Mucha gente de derechas y del PP de un nivel muy próximo a Aznar están también en contra e incluso le odian. Yo escribí en una ocasión que el Rey duerme con una pegatina de No a la guerra sobre el pijama y la Reina le advertía que tuviera cuidado, porque Aznar podía verle… El Rey no habla porque la Constitución se lo impide y hay cosas en ella que hay enmendar. Las monarquías son sistemas medievales que sobreviven porque son constitucionales y el Rey no saca los pies de la Constitución. Su padre decía que a los Borbones les gusta mucho borbonear, meterse mucho en política, pues a pesar de llamarse Borbón y Borbón, Don Juan Carlos no ha borboneado nunca, aunque haya tenido muchas ganas como en este caso, en que está escandalizado como el 80% del PP. Lo que pasa es que Aznar inspira tal miedo que no se atreven. 

Como conocedor de Irán, Marruecos y de Sadam, ¿cómo pintaría el relato rosa de esta guerra? ¿Las reinas o las cabezas visibles en Oriente Medio actúan de modo acorde a como lo exigen las circunstancias o hay demasiada afición al tul y a la evasión de revista?

Hay monarquías en el Golfo Pérsico que no tendrían que existir. Durante la guerra del Golfo Hussein de Jordania estaba en contra de EEUU, pero su esposa Noor, norteamericana se identificó con el pueblo –de la que se decía que era excesivamente extranjera y excesivamente bella- de uno de los países árabes más pobres, porque no tiene petróleo. Yo a la actual reina de Jordania, que es palestina, no la entiendo. Se casó con un Rambo, que es lo que era el actual Rey y de pronto ahora ha descubierto el lujo y se ha convertido en la Carolina de Jordania. Se pasa más tiempo en las casas de moda que en su país y cuando va a los campos de refugiados va con modelos de alta costura. No la quieren en el país y en cambio, Noor, que era tan glamourosa supo mantener hasta el prestigio. Esa monarquía puede caer cualquier día, como la Noruega, que va a ser suprimida por decreto. Por otra parte me sorprende que nadie haya exhumado la foto del Rey Don Juan Carlos con Sadam, una persona que caía muy bien hasta a los americanos. Y entonces ahora, la guerra le ha puesto al otro lado de la trinchera. Ahora se puede repetir el error de los americanos con el Shah. Carter, a quien Farah odia, fue quien derrocó a un hombre que con su inteligencia occidental y un poderoso ejército mantenía el equilibrio de una zona muy delicada. EEUU le derrocó y en su lugar colocó la Edad Media con un Gobierno como el de Jomeini. Y aquí puede pasar lño mismo. A Sadam que no ha sido un fundamentalista nunca, le sucederá un régimen islámico, es decir, los americanos van de error en error. Hoy en día las monarquías en Europa son noticia por motivos que no tenían que serlo, personales, de escándalo, menos ésta, porque aquí hasta los problemas de los yernos se silencian y no es silencio que el marido de una de las Infantas tenga una empresa de Relaciones Públicas, lo que en cualquier país se llama tráfico de influencias. El hecho de que personajes “limpios” como Carlos Larrañaga le consideren “maestro de periodistas” ¿es grato en este momento de telebasura?

Es algo que yo agradezco, que al menos se me reconozca que he hecho un periodismo honesto. La presentación de este libro fue muy surrealista, porque estuvieron don socialistas como Enrique Múgica y José Bono y Carlos Larrañaga, con lo cual la gente no sabía lo que se presentaba.

¿Se extrañan mucho los alumnos de la Universidad de Murcia cuando aparece usted a impartir Documentación ahora que está tan mal vista la prensa rosa?

Yo no estoy mal visto. Debo reconocer que conmigo hacen una excepción que me honra. Aquella prensa de evasión de Hola ahora resulta profundísima, lo mismo que entre Isabel Preysler, que era el gran escándalo, ahora es lo más parecido a una reina, una persona seria, porque España se ha deteriorado tanto que se ha convertido en un patio de vecindad. El padre Apeles es ahora como un San Luis Gonzaga, porque todo puede ir a peor y tenemos que ver monstruos mucho peores. La televisión y la prensa se está deteriorando de tal manera que no se sabe dónde van a acabar.

¿Qué experiencia guarda de sus viajes por EEUU como corresponsal de Europa Press, toda vez que sus rutas son lo menos parecido a la experiencia de los beatniks, pues usted reconoce que no sabe conducir?

Ni sé conducir, ni sé nadar, ni entiendo de ordenadores… ¿Iba usted de viajero o de dandy de hotel? 5.000 fotografías, 300 reportajes ¿qué parecidos guarda esa profesión de entonces con la de ahora? Entonces había un libro de Raymond Cartier, “Las 50 Américas” que quise reproducir en reportajes Estado por Estado. Iba en un Mercury último modelo con mi máquina de escribir y mi cámara fotográfica . Fue un viaje duro, pero fantástico, en el que ocurrieron muchas cosas.

Fue usted también un minero “sui generis” y un niño con un complejo de Edipo, intentando matar a su padre en sueños. Nadie se lo imaginaría vestido como relata con el traje de su padre…

Es un grato recuerdo, porque estando ante la caja fúnebre de mi padre me dio la risa, porque pensé que también él se reiría, recordando cuando iba al colegio de luto con su traje para hacer novillos diciendo que era huérfano… Como la sordidez de la casa de putas, pero yo lo asumo todo, porque he pasado como el rayo de sol sin romperme y sin mancharme… Durante la boda de los Reyes en Atenas para colarme en la ceremonia ortodoxa en la catedral de San Dionisio me vestí de cura y metí en los bolsillos de la sotana la cámara, los objetivos y los rollos. Como esta profesión es muy poco solidaria y nada corporativista para que no me reconocieran me colé cuando entró Onassis e hice el reportaje vestido de cura.

¿Qué fotos rescataría de su trayectoria vital después de haber estado en la guerra de Vietnam, en Ifni, la de los Seis Días…

Primero esa imagen mía aterrada viendo a mi padre cavando al pie del limonero, después al ver a mi padre llegar al colegio cuando yo había dicho que estaba muerto. Ahora me hace mucha gracia, porque antes cuando te ibas a la guerra hasta que no volvías nadie sabía si vivías o no, porque pedías una conferencia y hasta que te la daban pasaban semanas. Cuando me comunicaron en el avión en que iba con Suárez la muerte del Shah me bajé en la primera escala en Puerto Rico y dejé incluso mi equipaje en la bodega para irme a El Cairo.

Algunos le consideran la base de datos de la prensa rosa…, aunque no sé si se siente tan perdido como el capitán Etayo de su primer reportaje entre gente de tan poco glamour. ¿Qué vida hace ahora y cuál es su siguiente proyecto?

Yo ahora vivo al día muy activamente con los programas de Telecinco, en la Televisión de Valencia y en la COPE, en El Mundo y La Estrella Digital. Pienso que estamos descendiendo a un submundo informativo en el que hasta personas de altísimo nivel social, económico y hasta intelectual están enganchados a todos estos monstruos. Hay personas que lo reconocen aunque dices “no puede ser”, porque yo al menos tengo la excusa de que soy periodista y tengo que verlo. Y lo veo porque me escandalizo…, son como las películas pornográficas que a los cinco minutos de gritos te aburren. Esto ya no tiene vuelta atrás, porque ya no puedes decir, “vamos a recuperar la ética y sobre todo, la estética”, porque además esto es rentable. Yo ya ni lo critico, pero a determinada edad profesional uno tiene libertad para elegir su compañero de mesa, de viaje, de programa y de cama. Yo no veto a nadie, pero yo asumo mis tonterías, porque no voy a un programa a que me chillen. Me ha costado mucho llegar donde he llegado, como yo digo, “con el pan como hermanos y con la noticia como gitanos” y mi nombre es mi patrimonio.

Personajes en una línea, según Peñafiel

Grace Kelly: Una persona llena de dignidad que se convirtió en uno de los personajes más respetados por las mismas Casas Reales que boicotearon su boda con Rainiero.

Fabiola: Fue un matrimonio entre dos almas gemelas, una monja y un fraile, Balduino.

Cayetana de Alba: Es una persona que se ha puesto el mundo por montera y ha gozado todo lo que se puede gozar. La más duquesa del Mundo.

El Príncipe: Ha vivido aquello de “el amor es ciego” en toda su dimensión. Es un varón en medio de una oligarquía femenina, y al que le falta el encanto personal de su padre.

Farah Diva: Una persona que supo salvar incluso la cabeza del Shah, que me distinguió con el mejor regalo que se puede hacer a un periodista, exclusivas.

Bokassa: Giscard d’Estaign le convirtió en Napoleón a cambio de un puñado de diamantes.

La Reina Beatriz de Holanda: Es una persona muy dura y una buena soberana.

El Rey: Es una persona con mucho sentido común, con un encanto personal, capaz de convertir a un comunista en un juancarlista sólo con un abrazo. Marca las pautas cuando saluda y así se puede ver cómo saluda a Aznar, a Felipe González y a Suárez.

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