¿Qué ocurriría si desaparecieran los famosetes?

¿Qué ocurriría si desaparecieran los famosetes? Sí, me refiero a esos de pega que nos han salido a todos en el televisor y que ya parecen tan del cuarto de estar como la muñeca esa flamenca que todos teníamos encima de la tele en los sesenta. Los conocemos tanto que seguro que si te los encuentras en el descansillo les agarras por banda y los metes en casa para que te cuenten sus últimas andanzas. La verdad es que a mí todos estos personajillos me dan igual y nunca pongo “Tómbola”, sólo como soniquete de fondo para desvestirme, y para acostarme, sí, sí, sí y para dormirme. ¡Está bien, yo también veo Tómbola! ¿Pero de qué iba a hablar sino al día siguiente en el trabajo?

En cierto modo ver las desgracias de esta gente te ayuda a darte cuenta de lo bien que te van las cosas, porque a ver sino… ¿acaso es feliz la Pantoja que no se olvida –ni nos deja olvidarnos- de su luto, a pesar de los cariñosota que se ve con su osito-alcalde, que se restriega con ella como si se tratara de una secoya? ¿Y Rociíto que no puede estar segura ni en casa con ese servicio doméstico que se busca, que parece entrenado por el KGB? ¿Y qué me dicen de Marujita, que a la pobre nadie es capaz de decirle a sus años que esos bucles que lleva son de hace ya dos siglos, más concretamente de las muñecas de porcelana? 

Bueno, pero a mí lo que realmente me gustaría que me contaran son otro tipo de intimidades. Por ejemplo, las de los que mueven la economía y la política, porque a ver, por veinticinco pesetas, diga nombres de empresarios -que no sea el conocido Fefé- y sus lugares habituales de vacaciones. Pues seguros que no damos ni una, porque parece que nos tienen entretenidos con esto de los cotilleos de baja estofa. Porque ¿se han preguntado qué pasaría si se hundiera la Isla de los Famosos con todos dentro? Pues que los periódicos tendrían que hablarnos otra vez de plantas, como hacía el padre Mundina, ¡qué tiempos!, él si que hizo por la integración de los catalanes –aunque era valenciano- con ese acentillo que nos colaba entre explicación y explicación sobre el cuidado de los geranios, las ponsetias y los pulgones.

Y no me dirán que el de Bricomanía no les ayuda a hacer esos muebles inútiles de los que luego tendrá que deshacerse en Navidad, previo envoltorio: percheros gigantescos para casas de 45 metros cuadrados, poyetes al jardín para buhardillas, altillos para la caseta del perro, en fin todo eso que ni sabe construir ni falta que le hace.

La televisión por cable si que ha hecho mucho por nosotros… yo mismo me he puesto en casa y no veas lo que estoy aprendiendo sobre historia. Entre las biografías de personajes del siglo ya nos han puesto, Elvis, Marilyn Monroe, Abbot y Costello, personajes trascendentales en la historia de la humanidad…, bueno, al menos para los americanos, que en esto de historia universal van un poco cortitos. Lo malo… son los cortes publicitarios…, media hora en la que te repiten los avances de los documentales que van a emitir, con la misma musiquilla machacona, así que para cuando quieres volver de hacer la tortilla en la cocina ya no sabes si Marilyn nació en Tupelo, si Bob Hope era lesbiana o Michael Jackson se quedó blanco al ver los últimos retoques de Latoya…

Pero volviendo a los pulgones, digo a los famosos, uno ya no sabe cómo deshacerse de ellos, de los famosos, me refiero, porque vamos a ver ¿qué interés tiene conocer al primer gran amor de Rocío Jurado, saber si Carmina sufría malos tratos o los últimos romances de Humberto Janeiro! A mi desde luego no creo que me vayan a renovar la hipoteca por estar al día de la crónica rosa, más bien al corriente de los pagos, eso sí, como conversación para intimar con el jefe de la oficina del Banco no hay color… Porque cuando estás allí, con tu mejor traje -que ya se estalla un poquito por las costuras- las piernecitas cruzadas, sugerente, pero sin enseñar –a no ser que te denieguen el crédito, porque en ese caso todo está permitido-, el administrativo te dice que esperes un momento… Y entonces llega don Javier, todo puesto y encorbatado, tan redicho en el trato y que siempre se las da de culto, aunque al final termine comentándote con pelos y señales las últimas escenas de edredoning de “Gran Hermano”, que le ofenden mucho, pero que seguro se ha grabado por si con las rayas del Plus no se distingue bien este viernes la peliculita.

Y es que todos somos un pelín cotillas, bueno, todos, menos yo, que tengo unas vecinas que viven en plena Gomera, sí lo único es que en lugar de a silbidos se llaman a gritos por el patio de luces… ¡Lidiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!, y contesta una voz ¡Rocííííííííííío! y esto en plena siesta del cordero. Por eso no tengo ni que esforzarme en conocer las últimas novedades del barrio, porque estas son las niñas, bueno con 16 añitos ya podrían comprarles un móvil con lo que se ahorrarían en Strepsils, pero la mejor es la madre. La madre es capaz de contarte su última revisión ginecológica –con más pelos que señales- a voz en grito, sin preocuparse por eso de la intimidad, y eso que lo repiten en televisión todos los días… Que si el derecho a la intimidad,  que si las fotos robadas, que si querella criminal para arriba, demanda para abajo, porque otra cosa no, pero si la prensa rosa ha servido para algo ha sido para culturizarnos en materia abogacil. Mucho mejor que Perry Mason, que yo nunca supe la diferencia entre cerciorarse, ceñirse y discernir y acababa apagando el televisor con una mano y con un Gelocatil en la otra. En cambio, “Ahora” te sientas con tu “Gente” –si incluida “Mamma mía”, que siempre llega tarde al sofá para ver “¿Dónde estás corazón?”-, y te enteras “Con T de tarde” de que “Sabor a ti” no es una marca de colonia, sino un programa con “Corazón, corazón”… Aunque si seguimos así mejor sería cambiarlo por “Vísceras, vísceras”…