La educación ciudadana de los niños o cómo aprender a defenderse en sociedad

Dicho todo lo cual, la formación se resume en un aprendizaje cognitivo reducido a un relatorio de lo que tradicionalmente se ha entendido como necesario, aunque como cada vez el programa es mayor y el tiempo lectivo el mismo, el profesor debe sobrevolar por el temario sin incidir ni detenerse ante la pasividad del alumnado. Cuando llega a casa de trabajar la madre le preguntará al niño que qué tal, mientras descarga el bolso y se pone a hacer la cena. Y con ese panorama las posibilidades de educar en lo que es ser un ciudadano son bastante escasas. La escuela sigue sin incluir entre sus prioridades temas que se destacan por su importancia para la preparación adulta: inglés para un mundo unipolar, prevención de riesgos laborales, ante un mercado de  trabajo inseguro e inestable, formación política, para poder participar en los procesos electorales y no sólo asentir… Casi la mejor forma de enseñarles las Constitución sería retomar el volumen que ilustró Forges, para que entre broma y broma, quedara claro algún concepto, porque de la retahíla aprendida de memorieta, queda o poco o nada. Y eso en nuestro mundo de privilegiados, porque si nos asomamos al África Negra, el espectáculo es descorazonador: en Benin, República Centroafricana, Chad, Congo, Gabón, Malawi, Malí, Mozambique y Senegal, el promedio de alumnos por maestro es de 50 y con frecuencia alcanza los 70, lo que significa que las clases de cien alumnos están ahí.

Por último, un dato, el paulatino envejecimiento del profesorado hace que todas estas prioridades de la agenda escolar queden relegadas, pues los docentes tradicionales están lejos de las TIC ahora tan en boga y los jóvenes que se deciden por el Magisterio van en retirada ante la escasa incentivación psicológica (problemas de acoso laboral, estrés) y económica (en la OCDE un maestro veterano, unos 15 años ejerciendo, puede ganar unos 27.000 euros, muchos menor a la de otras actividades profesionales). Habrá que esperar al 2004 para ver qué dice de todo esto el Instituto de Estadísticas de la UNESCO que prepara un estudio sobre la calidad de la enseñanza y que de momento sabemos que rescata la figura del maestro como pieza clave para esta partida.  Aunque sin olvidar a los principales afectados, porque siguiendo la propuesta del Consejo de  la Juventud de España hay que “dotar de herramientas y estrategias de los y las responsables del área de educación de las organizaciones miembro, así como a representantes juveniles de la comunidad escolar, para que puedan articular, con éxito, su función; facilitar un punto de encuentro de intercambio de experiencia y reflexión; reflexionar sobre la importancia de la participación de los y las jóvenes como agentes activos de cambio y analizar el proceso educativo en el contexto general del aprendizaje permanente a lo largo de la vida”.

Para rematar, no queremos dejar fuera el problema del abuso al menor, que a falta de políticas preventivas, nos hace ver diariamente cómo cada vez son más los que dejan salir fuera la bestia que llevan dentro. Tal vez, la escuela peca de insensibilidad, de mantener una postura jerárquica, en la que el niño es visto que no puede aportar nada, sólo asiste para aprender y pocas veces es escuchado. Seguramente porque en esta sociedad sin criterios de la que hablábamos al principio, el principio del placer se ha antepuesto a cualquier otra consideración, trasladando a los menores modelos de comportamiento de una elite irresponsable que ha cambiado lo lúdico por lo reflexivo y la escucha por la voz en grito. Puede que de ese modo recuperáramos la disciplina moral, el discernimiento que haría al individuo copartícipe de la esfera real y no mero espectador de la violencia, de la que reírse o ante la que volver la cara, sobre todo cuando el perjudicado es otro.

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