El lado de la sombra

Portada de El lado de la sombra (Fábula)Bioy nos regala las baratijas de sus palabras con las que nos embauca como en ese  “Diccionario del argentino exquisito”. De hecho, las narraciones que enfila como si de un collar de cuentas se tratara tienen algo de sofisma, de sublimación. En ellas junta los sentimientos animales desatados por la inusual aparición de un león en un Club Atlético de “Un león en el bosque de Palermo”, con las disquisiciones suscitadas en un pueblo por la sorprendente llegada de un ser venido de otro mundo de “El calamar opta por su tinta”. Con una verborrea que más parece achaque de la palabra el autor se trasviste en “Carta sobre Emilia” para engarzar el tema del amor inconsumible con el de la creación irrealizable. La utopía de la pasión mal correspondida se repite en el cuento que da título a la obra con esa Leda, medio cisne, medio Eurídice que vuelve burlona a torturar al Veblen protagonista, frente a un receptor atónito que prefiere marchar antes que dejarse seducir por una historia brotada casi de los calores del trópico. La perpetuación, en cambio, la retoma en “La obra”, con un autor que descubre entre las cenizas la fragilidad de lo creado y un diálogo atropellado, más acelerado si cabe en “El mago inmortal”, donde la curiosidad que provoca el ruido erótico, termina con un final de filigrana, de coincidencia casi mistérica con ”La puerta condenada” de Cortázar. Y en esa circularidad, “Cavar un foso” con esos pasadores y la tranca de hierro llamando al crimen y esos personajes, recién salidos de la conciencia para vengar a lo muertos. Cierran estas peculiares obsesiones “Los afanes”, metafórica versión de Frankenstein, donde lo que importa no es la pervivencia del cuerpo, sino del intelecto, en ese enigmático eterno retorno que plantea de forma recurrente.

El lado de la sombra. Adolfo Bioy Casares. Tusquets.  Barcelona, 2004. 226 páginas.

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