Opiniones de un payaso

LIBROS - OPINIONES DE UN PAYASO“La primera impresión que tuvo fue la de ambiente cargado, de algo tan poco ventilado como la intimidad alemana”.

Böll, hacía esta declaración de su fe, la del descreído, víctima de la Alemania de postguerra en “El Consejo Mundial de los Indiscretos”, un experimento de narradores como Brückner, Friedl o Milty. Heinrich Böll captó la confusión y el desencanto desde una ética que no se vendía al catolicismo al honor perdido o a ese emblema de clase que es la burguesía.

Hoy en día las ideologías son relativas, tanto como los significados (de ideas y valores) de los que toman su ser y se prefiere sobreentender la complementariedad de las tesis. Pasamos así a la linde del relacionismo (saber no absoluto, donde todos los elementos interactúan significativamente, creando un sistema de pensamiento. Y con el desarrollo dinámico social, se abandona la certeza para abrirse a una armonía normativa). No existe ya el mito absolutista de la verdad, sino el conocimiento “del obrero metalúrgico”, maleable en función de los intereses que señala la experiencia.

Algo de eso fue lo que sucedió en el entreacto de las Guerras Mundiales.

Böll creó al perfecto marginado, bastante similar por cierto al alemán medio. En palabras del autor: “¡Olvida que católico y empedernido son casi sinónimos!”. Deseoso de apartarse de una realidad dolorosa como en “Juegos de azar, país de impulsos, comandancia de combate” en el que habla de la reconstrucción de un país donde todos son un proyecto de desertor “que se esconde en el ejército cuyas banderas ha abandonado” como Böll expuso. Desclasado, progresista, desconfiando de todo el que dijera “tener todas las soluciones en sus manos”…, porque ante todo había probado la angustia, un malestar lento, como “comerse un saco de harina a cucharadas”.

Los escenarios institucionales dan protección accidentalmente –al omitir la acción para dominarlos, quizá por despreciar su fuerza- a interferencias indeseables. Trazan hábilmente fronteras en sus sectas políticas y pequeñas revistas que les separan de los legos en la materia. Se convierten en enajenados de la sociedad desviados y rebeldes, que no aceptan sus valores y preocupaciones, por la ven como un ente represor. Por eso obtienen su energía en la camarilla, basada en un pensamiento análogo.

Estas sectas políticas de desviacionistas intelectuales como los santsimonianos en su momento, se acompañan de minorías tecnocráticas que sirven de apoyo para las decisiones políticas. No debe suponerse que son solamente “desviados” de derechas, puesto que también el marxismo requiere la misma intensidad en el compromiso intelectual. El dolor de la separación y la enajenación social son mitigadas por los compañeros de armas, pudiendo llevar a estilos de vida y pensamiento dementes para los convencionales. Esta fuerte interdependencia, su sentido misionero y la exaltación de su doctrina esotérica y salvífica generan “el otro proceso de desviación”, como denominó Howard Becker el proceso que describe en su estudio “Outsiders”, donde establece paralelismos entre la violencia y la mentira, siendo ésta en muchos casos un perfecto sustitutivo del acto violento: “mentir parece algo carente de sentido cuando no se es desviado”.

Esa oleada de violencia transforma a personas convencionales en sujetos dispuestos a echar mano al arma a la mínima de cambio por un compulsión “anarquista” que no respeta más autoridad que la de lo que para ellos es “normalidad”…

Opiniones de un payaso. Heinrich Böll.

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