Marava, o el bastón de Panero

Aplicando la máxima de Hölderlin (“Bien está en otros sostenerse. Porque nadie soporta la vida solo”) Panero usa a Marava II, como los barcos, de bastón. “Desgraciadamente las circunstancias no están a favor de que yo sea una persona que pueda ocuparme de Leopoldo, más que un 15%. Cuando puedo voy a Las Palmas, estoy unos días con él y me da pena por los dos, pero qué le vamos a hacer”, se lamenta Marava. “A mí ni me llama –añade-, no te creas que nosotros estamos bien, porque toda su obsesión es quién le libra del psiquiátrico. Por eso no le servimos para nada”. Pero lo sobrelleva bien tras un largo conocimiento y tantas miserias compartidas. “Me lo presentó Eduardo Bronchalo. En aquella época éramos muy abiertos todos, la vasca. Por esa época yo tenía unos amigos en la Plaza Mayor que tenían una especie de comuna y había estado viviendo con ellos. Más o menos me había ido de mi casa. Andaba suelta por Madrid y nos conocíamos todos. Teníamos mucha comunicación”. Y recuerda su primer contacto: “Yo aquel día había quedado con Eduardo que me dijo “¡no sabes a quién vas a conocer!”. Yo había visto la película por casualidad, porque había ido con dos amigas al Palace, pero ni conocía la obra del padre, aunque habíamos tenido en común experiencias psiquiátricas. Al principio cuando le dije, que también soy esquizofrénica, me rechazó violentamente, pero cuando me fui a otra mesa, comprendió y se acercó a pedirme fuego todo tembloroso y así fue cómo nos enrollamos. Yo le quiero muchísimo, aunque somos un pelín diferentes”.

Sobre su sexualidad Marava se manifiesta sobre todo perpleja. “De entrada en un hombre que se proclama bisexual, pero luego le encantan las mujeres -se va a la Universidad porque dice que hay unas tías buenísimas y arma unas broncas… y está todo el día fuera- yo no sé porqué ha adoptado esa pose, pero por otro lado las mujeres no acaban de darle todo lo que pide a estas alturas. A lo mejor sucede un milagro y se encuentra con una millonaria que le pague todo, le ofrezca una suite en el Ritz. Pero le pasa un poco como a mí, yo también soy un poco incapaz de hacer nuevas amistades. Tenemos todos un poquito lo del pasado y la nostalgia”. Para María Luisa, Marava, el tema de su sexualidad es complejísimo, “puede que tenga que ver con su madre, por el tipo de relación que tenía la madre con el padre, porque a lo mejor a él ese modelo de pareja no le gustaba y su padre le hizo creer que no era un hombre, porque era sensible y pasaba miedo. En ese sentido el padre siempre aparece con una mano muy grande y la madre como delicada, aunque también tenía su sadismo”. Y nos cuenta cómo Felicidad de repente les contaba cómo había cogido a cinco gatitos y les había metido en una caja con agujeritos y los había puesto en el río. “Hacía cosas escalofriantes. Yo la he conocido, vivía todavía cuando conocí a Leopoldo. Era ya muy mayor con el pelo blanco y se portó siempre bien con nosotros. A ella le encantaba que su hijo fuera homosexual y lo fomentaba. Lo de los psiquiátricos no sé cómo se lo tomaba, porque su padre había sido médico y ella tenía una confianza infinita en la bata blanca. Cuando Leopoldo estaba muy mal decía que “estaba fatídico y que no iba a tener más remedio que internarle aunque no quería”… En opinión de Marava a Leopoldo le abocaron a los sanatorios, porque “en España cuando no saben qué hacer contigo te despachan, pero por otro lado si Leopoldo hubiera sido más aguantable a lo mejor hubiera resistido en casa de alguien”.

Después de contarnos la última noche de farra de Leopoldo después del recital, Marava se acuerda de los motivos de su soledad. “Se ha enterado perfectamente de la muerte de Michi. Le hemos hablado de ello, quería confirmar que había sido un infarto y estar seguro y ahora como ya lo ha asimilado dice descanse en paz. Las relaciones entre hermanos son difíciles”. Según Marava, “en el fondo de lo de Michi se ha alegrado, pero le ha removido mucho los sentimientos. Es terrible… Se ha tirado ocho o diez años en Modragón sabiendo que su hermano iba al Festival de San Sebastián con la novia de turno y no era capaz de subir ni cinco minutos a ver a su hermano. Hay mucho dolor acumulado. Michi estuvo en Las Palmas y yo lo grabé en un video que le dejé a Rafa Zarza donde están los dos y Michi está ahí fenomenal, explicándolo todo. Lo de Juan Luis es delirio (su supuesta estancia en Las Palmas). Leopoldo es así. Cuando duelen mucho las cosas, uno se inventa. Todos nos inventamos”.

 Para esta musa jovial de pelo rubio cano la leyenda de las drogas es incierta. “Muchas drogas no ha tomado, más bien alcohol malo, barato. Si está con gente que se mete heroína y le invitan, él es el primero que pone el brazo, pero ahora le da miedo el alcohol”. Quizá porque ahora lo que le pide el cuerpo a Leopoldo es otra cosa. “Le encantan las entrevistas y estar pudriéndose de asco en un psiquiátrico es muy triste, por mucho que te publiquen, porque te falta ese contacto con la gente. A veces si le hacen preguntas terribles como un tercer grado lo pasa mal, ¡nadie tiene por qué juzgarte…! Cuando le invitan formalmente él acude, lo único que quiere es respeto y un poquito de cariño. ¿Qué se ha creído la gente? Es un profesional de la literatura y es un hombre muy serio. Le gusta hablar de sus libros y su obra, pero no es un payaso y desgraciadamente las circunstancias le han llevado al psiquiátrico. Cuanto más diferentes son estas personas de la mayoría peor sobreviven”. Y nos recomienda que en la entrevista, “que el lector mismo no sepa dónde está la realidad y la ficción, porque Leopoldo es así”.