Malestares teratológicos

Finalmente ha de ser mal endémico… Otra explicación no tiene… Los españoles, tan capaces de soltar la mandíbula en mitad del cine para carcajearnos de las desgracias ajenas, del entremés protagonizado por el presidente George Bush, somos ingratos con nuestra tradición picaresca. Quizá nadie se atreva en el panorama cinematográfico español a glosar las gracias y desgracias del señor Aznar, que diría Quevedo, porque sigue habiendo un temor cerval a una parálisis de los flujos financieros. Es una lástima, porque Michael Moore en su exhaustivo Fahrenheit 9/11 ha desdeñado la pirueta hispánica, sin mencionarnos siquiera como aliados de esa imposible coalición de conjurados contra la Bagdad de Sadam, en una nueva edición del “perro muerde a perro”. ¡Qué injusticia! Nosotros hemos tenido nuestro propio 3/11 cincelado con sangre inocente y ningún juglar-cameraman ha sabido darle salida de momento a esas boutades de algunos declarantes, a las asonadas carnavaleras de Labordeta o los increíbles testimonios de un hombre atado a una silla de ruedas, Fungairiño, que como burro atado al poste dice desconocer todo lo que se aparte un palmo o dos de su entorno.

Comisión hayla y la va a seguir habiendo, elongada en el tiempo como se ha declarado sin rubor, comparando esta reunión de curiosos con un curso de verano de esos que se imparten en El Escorial. Va a ser eso, que a falta de preparación de nuestros políticos, y ante la indolencia a que mueve el asueto veraniego, ¿qué mejor que reunirse todos en salas de aire acondicionado asegurado para no llegar a conclusión alguna?

Y por si fuera poco, ahora descubrimos que las aireadas virtudes de nuestro expresidente son menos, por cuanto que no se venden solas, sino que requieren un pequeño empujoncito en forma de suculento contrato a una firma de abogados estadounidense. No para jalear a José María, como podría parecer, sino para promover la imagen de España en el extranjero, en una demostración palmaria de cesarismo donde la Pax augustea sólo puede tramarse con la urdimbre por el tejida. Quien no está conmigo está contra mí, sean terroristas islámicos o nacionalistas, impidiendo con esa actitud reduccionista e infantiloide del que ve malos por todas partes, dar una solución eficaz a cada problema. Porque las heridas dejadas en la piel ibérica por el Gobierno del PP han de ser lamidas ahora a golpe de pespunte, para zurcir ese pellejo de toro desmembrado por un afán ultraimperialista, que en lugar de engrandecer ha debilitado los vínculos entre las distintas comunidades históricas. Y a Zapatero quizá no le llegue el hilo y tenga que tirar de él con los dientes, enhebrando con tiento la aguja del difunto Plan Hidrológico, las aspiraciones catalanistas, que como si de una romería de titiriteros se tratara cada cierto tiempo vienen a Madrid a soltar su cantinela, poniendo en más aprietos de los debidos a un Gobierno al que los alivios se le han denegado desde el primer día. Sabiendo discernir las churras del abertzalismo asfixiado, de las amenazas del engendro fundamentalista será más fácil atajar a cada uno, porque aun cumpliéndose la peor de las casuísticas, si Aznar tuviera razón en sus teorizaciones globalizadoras del terror, habría que recurrir a la más básica estrategia, divide y vencerás.