Alfonso Ussía, adaptando la herencia de Muñoz-Seca

 “La venganza de Don Mendo” es uno de esos textos que aprendimos de memoria en las representaciones del colegio y que nos han hecho batir la mandíbula ya adultos. La Latina acoge la última, por ahora, adaptación del texto del gaditano hecha por un periodista muy cercano a él, su nieto, Alfonso Ussía. Una obra de la que su autor, nacido hace 125 años, podría decir eso de “el duro de plomo, que no pasa” donde el romántico es él y la pérfida, ella.

¿Qué tiene esta venganza para llevar tanto tiempo y siempre mover a chanza? Es como el duro de plomo, que no pasa…

Pues tiene que es una gran obra de teatro. Nadie escribe, pensando, “voy a escribir un clásico”, si no que cuando es bueno y permanece se convierte en un clásico. Y “La venganza de Don Mendo”, que ya lleva 85 años estrenada, ha interesado, ha divertido y ha asombrado a cuatro generaciones.  El secreto es que es una gran comedia.

¿Es ésta la mejor venganza de Mendo sobre las tablas?

Eso no se puede decir porque todo el mundo tiene sus preferidas, ¿no? Yo desde luego de los que he visto a mi los Don Mendos que más me han gustado han sido José Luis Ozores que hizo uno maravilloso, José Sazatornil y Sender.

¿Es Raúl Sender el don Mendo que pergeñara su abuelo o Bur y Fernán-Gómez bordaron más el modelo?

No, Fernan-Gómez lo hizo mal, porque hizo de Fernan-Gómez, con todos los respetos, aunque es un granactor. Yo creo que podría hacer un Don Mendo perfecto pero no lo hizo. Gómez Bur, al que yo quería mucho, hizo un Don Mendo un poco histriónico. Hay un problema que siempre se produce en Don Mendo, y es que se representa como si fuera una comedia cuando es una tragedia, sobre todo a partir del tercer y cuarto actos, cuando Don Mendo se convierte en un trovador, Don Mendo es un trovador vengativo, herido, rencoroso, pero no afeminado, no mariposa, pero en ese defecto han caido casi todos. Yo creo que ésa no era la intención de mi abuelo, pero de todas maneras estos tres que te he dicho han sido los Don Mendos que yo he visto mejores. Por supuesto se habla de Juan Bonafé , que era un actor estupendo, se habla de Valeriano León, pero de los que he visto, y he visto muchos, me quedo con esos tres.

¿Qué es lo que ha recuperado el nieto de Muñoz-Seca en esta obra que agrada al público?

El nieto de Muñoz-Seca ha recuperado muy poco, porque lo que ha intentado es no tocar excesivamente el texto. Yo ya hice una adaptación musical que creo que se hizo hace ya diez años en La Latina y la hizo Saza.  Lo que he intentado por todos los medios ha sido actualizar algunos gestos, algunas salidas que, claro, son de 1920 y nos entendería la gente, adaptarlas y luego he metido unos pequeños romances entre acto y acto para cambiar los decorados, avisar al público un poco de qué va la cosa y poco más. He intentado sobre todo medir, medir muchísimo la comedia, que no se desmadre.

Respecto a las innovaciones que ha incorporado al texto, hay un personaje nuevo que va introduciendo las Jornadas…

Exactamente, son dos personajes, que al modo de un romance de ciegos van introduciendo las Jornadas entre acto y acto.

¿Esto ha sido más una adaptación o la ha utilizado como inspiración?

Yo no lo considero una adaptación, que es lo que hice con Juancho Armas Marcelo cuando adapté “Pantaleón y las visitadoras” a un escenario. Me parecería una petulancia decir que es una adaptación. Sí que lo fue la comedia musical, llevar el Don Mendo a comedia musical, pero esto no. Se dan unos cuantos toques.

¿La adaptación del personaje a Raúl Sender ha sido complicada, es decir, se ha hecho un personaje a medida?

No, no, no. Raúl Sender es un actor muy inteligente y sabe perfectamente que el que se tiene que adaptar es él. Ése es uno de los grandes problemas entre los actores españoles, que son tan vanidosos, algunos son tan malos además, en mi opinión la gran mayoría, que se creen que son mucho más inteligentes que el texto. Usted tiene que interpretar, pero no puede intentar suplantar al autor, si no estarían los papeles cambiados.

Este humor que emplea Muñoz-Seca lo ha heredado usted y quizá es una vena, la del humor amable como pueda ser el británico, no suficientemente explotada…

Los españoles no son nada aficionados al humor blanco, porque el español nunca ha sido blanco. Aparte en España el humor muchas veces se ha considerado un subgénero. Para todos esos imbéciles que son los concededores de bulas Cervantes era un piernas. Cervantes es el gran humorista español y la gran comedia del teatro español es “El Quijote”. No, en Inglaterra el humor está considerado casi sagrado.

¿Ha sido Muñoz- Seca una víctima más de venganzas ajenas a la literatura?

Sí, sí. Si en lugar de asesinarle vilmente la izquierda, le asesina la derecha como hizo con García Lorca sería casi un héroe, pero como aquí hay unas balas diferentes a otras…

La obra quizá tiene un mensaje bastante innovador, donde la mujer es utilitarista y resulta anacrónica para la época frente a un hombre más romántico y desfasado ¿Por qué seguiría recomendando esta obra a los espectadores?

La obra es sobre todo una parodia a los amores en verso de Echegaray, Marquina, épicos. Yo lo recomiendo por muchas cosas: primero porque está primorosamente escrita; el dominio de la polimetría es terible porque no se basa sólo en los octosílabos consonantes o asonantes como son el 90% de las obras escritas en verso. Hay tetrasílabos, heptasílabos, alejandrinos, etc. Es un auténtico alarde de la polimetría y luego es una obra modernísima que no se derrite con el tiempo, algo muy difícil. Y es un humor que no ha pasado. Hay cosas que pasan, que dejan de hacer gracia porque la sociedad evoluciona hacia otros registros, pero el Don Mendo no ha evolucionado, sigue exactamente igual de fresco.

Sender ha comentado en alguna ocasión que se siente vigilado porque le toman el texto…

Hay una gran parte de los espectadores que se conocen el Don Mendo de memoria, pero no te hablo de ancianitos, sin gente de 30 o 40 y un fallo sienta muy mal. Yo en el lugar de Sender estaría acojonado.

¿Y tiene usted algún verso preferido?

Me encanta la explicación de los versos de las siete y media “entre un vaso y otro vaso el barón las cartas dio, yo vi un cinco y dije paso, el marqués creyó otro el caso, pidió carta y se pasó…” Hombre, yo creo que eso es prodigioso como “mora de la morería, mora que a mi lado moras…”. Ahí hay cuatro o cinco pasajes que a mi especialmente me gustan, la gente sabrá a los que me refiero, en lo que coincidiré con muchísimos dentistas.

¿Cuántos espectadores han podido ver la obra desde que se estrenara en el año en que se cumplen 125 años desde que naciera Muñoz Seca?

Desde que se estrenó es la comedia más representada del teatro español, seguida a bastante distancia por el “Tenorio” de Zorrilla, pero desde luego millones.

¿Qué opinión le merecen los decorados de Mingote?

A mí, es que no hay nada que haga Mingote que no me guste, ahí me preguntas un poco al vacío, no puedo ser objetivo.

¿Estaría dispuesto a que una próxima generación volviera a adaptar la obra?

Cuanto menos se toque, mejor.

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