Entrevista a Peter Eisner

LIBROS - LA LINEA DE LA LIBERTAD“La línea de la libertad” es una novela de recreación de ambientes, de alpargatas desechas tras vadear ríos, de paracaídas convertidos en mantelería, el olor del cloroformo siempre a punto de acabarse, los sonidos de la clandestinidad, los esquilones de las ovejas de fondo en la frontera y los Skoda de la Gestapo amenazantes en la sombra, el olor a diesel de los bombardeos, los vuelos a ciegas de los pilotos y las miradas de Nemo y Dedeé en la prisión de St. Gilles… Peter Eisner, su autor y subdirector de “The Washington Post” recupera en esta novela de espías la historia de la red Comète, un heroico grupo de resistencia clandestino que salvó a cientos de pilotos aliados.

 Ésta es una novela para aguzar los sentidos, en la que logra meternos en la ansiedad de esta ruta iniciática a través de la frontera…

Lo importante era como punto de partida hacer una investigación y hablar con testigos del momento y buscar archivos, otras fuentes y memorias. Después de todo eso, de la conversación con el protagonista principal, un aviador norteamericano, y con la gente que le salvó decidí darle forma de novela, porque quería evocar el ambiente y las sensaciones, aunque es una historia verídica. Lo interesante era que los protagonistas podían recrear lo que sintieron cuando el aviador estaba escondido en un apartamento en Bruselas. Él recordaba la llegada del vendedor de cerveza, cómo practicaba francés con la dueña de la casa, cuando salía a tomar limonada en un hotel…

Los pilotos se sometían a un proceso de inculturación allí donde iban, aprendiendo a sacar las manos de los bolsillos, a camuflarse entre los belgas…

Desde el principio, antes de conocer a los protagonistas capté la atmósfera y procuré plasmar estos detalles que construyen el ambiente: cómo no hacer ruido con las monedas en los bolsillos, cómo fumar como europeo en vez de como americano, detalles muy pequeños, pero que Comète utilizó para conseguir huir de los nazis que les perseguían.

¿Qué le atrajo de esta historia? Se nota cierta admiración por la valentía del pueblo vasco, quizá influido por su esposa… Y desde ese punto de vista ¿por qué decide estructurar la novela en torno a Grimes?

Ese énfasis en el País Vasco seguramente procede de haber pasado varios años con la familia de mi esposa. Un día fui con un primo suyo a la frontera, a un hotel a escasos metros de Francia, algo que para mí evocaba un cierto sentido del pasado y le pregunté cómo fue aquí la Segunda Guerra Mundial. Me dijo que era una especie de Casablanca del Norte: había miles de nazis que disfrutaban su tiempo libre en el País Vasco, porque les permitían cruzar la frontera para gastar el dinero, espías británicos y norteamericanos, contrabandistas… Llegué a conocer a un historiador, Juan Carlos Aberasturi que había escrito un libro de historia sobre la Red Comète en el que se cuenta que en vísperas de la Navidad del 43 se produce un incidente en el que mueren varias personas y con un tal Robert Grimes entre los supervivientes. En ese momento me pregunté si sería posible conocerlo, pensando que sería poco probable que sesenta años después siguiera vivo. Y por pura casualidad descubrí que vivía a media hora de mi casa, con ochenta años, porque en aquella época era piloto de un bombardero con veinte años. Entablamos casi una relación de padre-hijo. Hasta entonces no había hablado de lo que vivió, en parte porque fue un momento muy traumático para él -cuando cayó el 20 de octubre del 43 perdió tres camaradas de la tripulación- y simplemente era algo que formaba parte de sus pesadillas, pero no había contado la historia y desde que lo hizo, sintió un cierto alivio. Aprendió cómo había vivido dentro del paisaje y del contexto de lo que sucedió. Fue una casualidad encontrar su nombre en este libro de historias de mi amigo Aberasturi.

¿Cuándo nace la red? Dedeé de Jongh había probado con anterioridad un primer trayecto fallido a través del Canal de la Mancha…

Después de descartar esa posibilidad, vio que la mejor manera de atravesar todo el territorio nazi desde Bélgica, donde ella vivía, o desde Holanda era recoger a esta gente en pueblos de los alrededores de Bruselas y llevarlos a París, para desde allí, en tren, conducirlos al País vasco-francés y de allí, a veces en bicicleta, a veces caminando, en autobús cuando había y en trenes locales, llegar a la frontera y después cruzarla con estos guías vascos y alcanzar, después de un largo recorrido el Bidasoa.

Comète es una red informal surgida de la iniciativa de Dedeé, pero finalmente estructurada, pese a las reticencias iniciales del consulado británico… ¿Qué apoyos logra obtener de Creswell y el MI9?

Cuando Dedeé llega al consulado para decir que necesitaba algún respaldo de logística por parte de los británicos, desde el principio pensaron que era difícil creer que una chica de veintitantos años era capaz de hacer estas cosas. Pero Michael Creswell vio que era un plan perfectamente viable, precisamente porque los nazis tendrían las mismas dudas que ellos al ver a una mujer liderando una red tan complicada. Creswell era un tipo muy interesante, que estaba trabajando en un ambiente diplomático muy difícil donde el embajador británico, Samuel Hoare, partidario de Chamberlain, no quiso hacer nada para perturbar la relación con Franco. Lo mismo pasó con el embajador norteamericano, Hayes, que tampoco quiso apoyar actos de insurgencia, porque quería mantener una relación estrictamente diplomática con Franco.

Al parecer el embajador estadounidense creía que Franco ayudaba a los huidos ¿Por qué no participó EEUU a través de la OSS o del FBI en el proyecto, pese a haber salvado Comète a muchos de sus pilotos?

Hayes era académico de la Universidad de Columbia y durante la guerra civil española fue partidario abiertamente de Franco. Pensaba que los que se oponían a él eran comunistas, rojos, tanto en Madrid como en otras partes y cuando Roosevelt le mandó a Madrid a finales del 41 lo hizo pensando que podría garantizar la neutralidad de Franco, algo que era importante al inicio de la guerra. Con el tiempo Hayes mantuvo su punto de vista de que quien se oponía a Franco era esa “amenaza roja” que se desarrolla después de la guerra, de modo que estas gentes que trabajaron para liberar a los pilotos, por extraño que pareciera debían tener algo que ver con los comunistas. Dejó todo en manos del destino y no quiso otorgarles más prestigio. Tampoco dejó a la OSS, antecesora de la CIA, trabajar abiertamente en territorio español para enfrentarse a los nazis, por no causar problemas a Franco, mientras que éste apoyaba en lo que podía económicamente a los nazis.

Las mujeres llamaban menos la atención en la frontera, ¿cuál era su peso en esta trama?

Dedeé, por ejemplo, como cofundadora de la red funcionó muy bien. Se disfrazó de mujer de la alta sociedad para viajar en los expresos desde París al Sur, pensando que vistiendo de forma elegante podía escapar de las miradas de los nazis, aunque cae a principios del 43. Después la historia de la red demuestra que la gente joven, pero especialmente las mujeres eran francamente útiles, porque los nazis no podían creer que pudieran liderar un grupo así. Por ejemplo, los nazis, pensaron que la enfermera que salvó la vida a Robet Grimes, Lily, nombre en clave de Micheline Dumont, era una colegiala, una teenager y con su hermana Nadine ocurrió lo mismo. Una gran mayoría de los integrantes de Comète, para pasar mensajes a pie, o llevar a los fugitivos en bicicleta, eran mujeres jóvenes que utilizaron su aspecto para eludir a los nazis y seguir funcionando.

Los colaboradores de la red, Tía Go, Franco, Nemo, etc. eran una telaraña de falsificadores, agentes de intendencia y logística, sanitarios, mugalaris… ¿Qué importancia tuvieron éstos en la red: meramente económico al ser en su mayoría contrabandistas (1.500 ptas. por trayecto, una cantidad no desdeñable para la época) o era una cuestión ideológica, “luchar contra el opresor sean cuales sean las consecuencias”?

Creo que Florentino tenía un sentido primario de la lucha contra el opresor. Desde la guerra civil se enfrentó desde las entrañas a los que llegaron para oprimir a su gente. Dedeé quiso conocerle por su fama en la montaña para que le ayudara a cruzar a los aviadores en el último trecho de la frontera por el lado español. Él quizá al principio aceptó porque le iban a pagar bien, pero todos los testigos coinciden en que se rindió ante los valores de Dedeé para enfrentarse a los nazis. Jean Francois Nothomb, que lideró la red cuando capturaron a Dedeé y que ahora vive en Roma, me dijo que había encontrado algunos billetes de los que le pagaban a Florentino Goicoetxea en casa de una de las participantes en la red, Kattalin Aguirre, en un armario, donde los dejó sin pensarlo dos veces. No lo necesitaba, no le hacía falta el pago para hacer este trabajo.

El itinerario parece una especie de leyenda del País Vasco y sus gentes,  ejemplificados en la rudeza de Florentino y esos vasos de leche de cabra para reavivar a los “excursionistas” abandonados frente a Beigorri, la bestia de las montañas que les espera en la travesía. Una novela de héroes anónimos…

No podía haber encontrado un tipo más folclórico, como recién salido de las páginas de Pío Baroja en “Zalacaín”, es el estereotipo del vasco de pocas palabras, con la fuerza moral y física que tenía y ese aspecto. En las palabras de los que lo recuerdan resulta sin duda folclórico. Cómo subió al monte, cómo aprendió cada paso del sendero con los nazis pisándole los talones, cómo cuando caía un aviador él se lo cargaba a los hombros para ayudarle a cruzar el río… Un hombre increíble que parece un personaje literario, pero que era exactamente así, la figura del prototipo vasco.

Para los hombres y mujeres de la red, los pilotos eran hombres sin rostro, sólo una tarea… ¿No existía una implicación emocional?

Tanto Grimes como los demás supervivientes de la red me dijeron que intentaron ir más allá de las emociones. Lily tenía casi miedo de tener una relación emocional con estas gentes. Cada tres días pasaba un nuevo grupo de aviadores, así que temía que cayera capturado algún aviador y que bajo tortura pudiera identificarla, perder a uno de ellos y no poder seguir en su trabajo por el dolor. Jean Francois me dijo que estaba anulado el romanticismo, porque trabajaban casi sin dormir, así que era mejor dejar eso para otro momento.

¿Qué relación mantenía la red con otras organizaciones estructuradas de Francia, Bélgica o con el Gobierno vasco en el exilio?

Insistieron en mantenerse independientes, pero con el paso de los meses, necesitaban la logística de los británicos y durante el 43 especialmente, cuando americanos y británicos estaban montando una red para captar información de inteligencia, empezaron a trabajar con los cuerpos de inteligencia aliados para entregarles información, a través de los guías que cruzaban el monte. El lehendakari José Antonio Aguirre, que había escapado del País Vasco a finales de la guerra civil, llegó a Nueva York y estuvo trabajando con  el FBI. Y gente del País Vasco había formado un cuerpo de inteligencia vasco en Francia que entregaba fotografías e información sobre la logística nazi. Es muy interesante y no tuve tiempo de revisar los archivos nacionales en Washington, donde se encuentran los documentos originales, en los que se puede observar su trabajo con fotografías, dibujos de campamentos, informes semanales del tránsito de trenes y todo esto entregado a través de una red de inteligencia en la casa de Kattalin Aguirre en San Juan de Luz. Guías como Florentino tenían en sus mochilas paquetes de inteligencia para entregar al otro lado a británicos y norteamericanos, trabajando por separado, porque las embajadas no querían saber nada. Hubo que entregar paralelamente información a la OSS, SAS de los británicos para hacer llegar esta información esencial, escasos meses antes de la invasión aliada en julio del 44. 

Recibían financiación de los británicos, ¿pero fue una operación cara?…

El dinero que les dieron sirvió para mantener la infraestructra, comprar comida, billetes, bicicletas, conseguir casas seguras, falsificar… Nunca hubo problemas de dinero por parte de nadie para hacer su trabajo y el suministro por parte de los británicos era adecuado. No lo veo como un sueldo, porque era un trabajo totalmente entregado, altruista y al final nadie se estaba aprovechando del dinero que recibían. La gran mayoría cayeron en manos de los nazis, algunos fueron fusilados o pasaron los últimos meses de la guerra en campos de concentración, como es el caso de Dedeé, de la hermana de Lily, Nadine Dumont, o el propio Jean Francois Nothomb. Todos sobrevivieron, pero al salir de los campos de concentración y cárceles empezaron de cero sus vidas: Jean Francois se hizo cura después de la guerra, Dedeé se fue a trabajar a una misión con los ancianos…

Uno de los momentos más emocionantes es cuando los huidos vislumbraban las luces de Fuenterrabía ante las que descubren que la aventura no había acabado, pues se encontraban con las trabas de la promiscuidad española con los nazis, que encarcelaba a los huidos y a la resistencia… ¿Cómo vivió personalmente el recorrido?

Allá por 2002 tuve la oportunidad de cruzar el río Bidasoa con un grupo liderado por Juan Carlos Aberasturi, que incluía montañeros, pero también varios parientes de los integrantes de la red: una bisnieta y dos sobrinos-nietos de Florentino y otros parientes de Kattalin Aguirre. Sentí algo muy emocional. Uno de los primeros pasos era alcanzar Urruña. Llegamos a una de las casas seguras originales donde fue capturada Dedeé el 15 de enero del 43. Una señora se acercó diciendo que ella tenía quince años cuando sucedió y recordaba muy bien el momento en que llegaron los nazis y se llevaron a Dedeé y a la dueña de la casa, Frantxia, delante de sus hijos, a la que después torturaron y murió luego en la cárcel. 

En la novela se nota el olor a barro, la sensación de peligro entre los riscos como algo vívido…

Nadine Dumont estaba con nosotros y tasmbién Jean Francois y ambos me dijeron que la ruta estaba como antes, era exactamente tal cual y tuve la posibilidad de reproducir las sensaciones que experimentaron: una mezcla entre lo que yo viví y ellos vivieron en ese momento.

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