La mujer de las alas grises

Imagen del editorUna sala oscura, una imagen en tonos grises y el espectador que se reconoce en una cinta del primer porno español del siglo XX. José Hengel, hijo de un afamado artista intenta infructuosamente encontrar un sentido vital que le haga borrar o diluir la huella de una aplastante presencia paterna. Castrado como está el protagonista se dedica a husmear en la vida de los indigentes, pobres sin nada como él.
La policía vendrá a sacarle de ese sopor voyeurista con un manuscrito, el de un mendigo al que Hengel entrevistó poco antes de su muerte. A través del texto, irá descubriendo más salas oscuras, más cuerpos que se desvisten y una estratagema en forma de película para transformar la realidad política. Con la monarquía como eje y desvelando una conspiración anticarlista, este “Manifiesto el cine como arma de pasado”, entreteje escenas de “irrefutable” realismo en el Alcázar de Toledo, imbricándolas con inocentes argumentos de cine de serie B, vampiro y beata incluidos.
El maquinador de este golpismo histórico será el catalán Hipólito Mon, dispuesto a todo por su obra (“Mi aplicación del Cine a la Historia no persigue el lucro personal, sino la proliferación de revoluciones”) y esposo ausente de Teopista Vega, que ejerce una irresistible influencia sobre todos los hombres que huellan su cuerpo. La mujer de esas alas grises, será la musa de esas cintas eróticas para complacer al desterrado Alfonso XIII, pero sobre todo será la clave para entender la verdad de Jacinto Severés, el mendigo asesinado y la del propio Hengel, en una busca de su Vega y de una madre.

La mujer de las alas grises. Fernando Marías. Destino. Barcelona, 2004. 419 páginas.