Entrevista a María Teresa Campos

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 Reconoce que quizá hubiera estado más tranquila de llegar a dependienta en La Riojana, el ultramarinos de su abuelo, aunque se le nota aún el entusiasmo por conseguir sus metas que la obliga a tener que sortear la espada de Damocles de la audiencia diaria, que le ayuda a construir y deconstruir su discurso. En “Mis dos vidas”, María Teresa Campos parece abrigar la esperanza de trasladar su experiencia, la de la mujer sin diques de contención, tal vez con la remota intención de dejar esa sonrisa con recado que la mueve cada día a pelearse con el cuerpo.  

    Alicia González

El libro comienza con un tono muy literario para luego estallar en un desnudo integral…¿Cómo te lo planteaste?

Seguramente la infancia y mi juventud son más propias de la época que yo viví y uno tiene idealizados esos años. Luego viene la cruda realidad -dice esbozando una sonrisa- y es la que es. El libro me lo pidió Planeta, que ya llevaba tiempo queriendo que hiciera algo, mi vida en los medios me dijeron -puesto que yo soy una persona que con quince años empecé a trabajar en la radio- y yo pensé que lo de mi vida en los medios iba a parecer de toros –¿bromea sobre lo tauromáquico de su vida?-. Sobre todo, lo que me planteé es compartir experiencias con mujeres de mi generación que han vivido, como digo en el título, dos vidas: una, aquella para la que fueron educadas y otra, la que cambió el progreso, la democracia y tantas cosas que han hecho que la mujer de hoy tenga una vida completamente distinta a aquello para lo que fueron educadas. Hay otras mujeres de mi edad que ya no pudieron subirse a ese tren, lo perdieron definitivamente y también se pueden sentir identificadas con la primera parte.

La relación de tus padres quizá te llevo a confundir la abnegación con el amor…

Mi madre que sí ha sido muy abnegada, también protestaba. Si hubiera nacido en mi generación o en una diez o quince años posterior hubiera sido feminista, porque desde su condición de señora de y de ama de casa, aunque trabajaba también con su marido, ella siempre protestó por la situación de las mujeres. Mi madre reproducía lo que le decían en su educación religiosa -ahora esto nos mueve a risa, pero si piensas no está tan lejano-: esto del débito conyugal que ella llevaba a rajatabla, pero yo no creo que a mí me influyera en mi relación. A mí me influyó en el hecho de que mi madre siempre tenía miedo de que nos quedáramos solas y seguramente si a mí me hubieran educado para ser más independiente, lo hubiera sido antes de lo que lo fui.

Las preguntas de un cura te llevaron a consentir tus primeros devaneos sexuales. ¿Qué te hace ahora abrir los ojos?

Llega un momento de la vida en que el no envejecer significa seguir teniendo curiosidad y yo siempre digo que merece la pena vivir los años que sea, siempre y cuando uno no tenga dolores, porque los padecimientos físicos son terribles, te invalidan. Mientras que uno tenga su mente clara y pueda seguir teniendo curiosidad por las cosas, uno vive -responde con una llamita en los ojos y una especie de suspiro de alivio-. Cuando uno pierde la ilusión y la curiosidad por todo, ya está muerto. Y yo ahora mismo tengo curiosidad por muchísimas cosas…

Has dicho que el Ondas quizá te abría una tercera vida activa o como espectadora del futuro…

Yo, activa siempre. No con la actividad de ahora, porque ya a veces me pesa, pero mientras pueda hacer cosas las haré. No tengo porqué hacer un programa de tres horas y media, yo a lo mejor sería muy feliz estando de colaboradora de una de las mesas de debate del estilo de la que yo tengo, en un periódico o una revista…

¿Pero se atreverían a tenerte de colaboradora?

Yo creo que sí, porque vivo con esa ilusión de trabajar menos y disfrutar más. Llega un momento en que uno lo que necesita ya es tiempo para disfrutar de las cosas que ha conseguido.

Nunca has podido hacer nada despacio. ¿Sigues creyendo que el día te podría dar para más?

Sigo haciéndolo todo muy deprisa, porque me levanto a las siete de la mañana, tengo que desayunar y ducharme rápido. Tengo que estar a las ocho en la carretera, porque tengo una hora de camino para llegar aquí. A la vez, en el coche voy oyendo la radio, leyendo los periódicos, anotando cosas y hablando por teléfono con mi hija Carmen y vamos seleccionando temas para no perder esa hora de camino. Y ya luego cuando llego y tengo la reunión voy haciendo la entradita, pues me gusta hacerla yo -lo que es el contenido de los temas pasa todo por mi- y es un programa que está lleno de mucho contenido, porque hacemos todo tipo de información, desde la más frívola hasta la más trascendente, la crónica social, la entrevista de todo tipo, actualidad, temas políticos, irnos a la calle cuando sucede cualquier cosa… Y eso hace que cuando terminas llegue un momento en que tienes que parar un poco para tranquilizarte. Cada vez procuro hacer cada vez menos cosas, sobre todo por la tarde, porque ya no puedo y más con lo que me ha pasado este verano, que ha sido por estrés…, yo no quiero llenar ese vaso.

Has comentado que el cuerpo se te acobarda si tienes que trasnochar…

Es un no añadir más actos sociales. Procuro ir a poquísimas cosas en las que tengo mucho compromiso y no tengo más remedio: cuando un amigo te pide que presentes un libro o una boda de alguien muy cercano. Sigo haciendo las cosas deprisa, pero en el tiempo en que trabajo, luego me tomo bastante descanso y -como digo en el libro- cuando llego a casa la cama me llama (dice con esa bocanada de esperanza de antes). Y si puedo hacer muchas cosas estando tendida, ver la televisión, leer un libro, me ayuda mucho.

¿Cuándo vas a volver al cierro?

(Acorta las distancias y reflexiona en voz alta emocionada) Al cierro de mi abuela, como metáfora…, no tardaré mucho…, -se lo piensa mejor- pero no del todo, no quiero decir que yo vaya a dejar de trabajar. No sé cuanto… Una cosa es lo que uno quiere y otra lo que la vida a veces le lleva. Yo a lo mejor desde hace unos años hubiera elegido hacer algo más tranquilo, pero en la medida en que tienes éxito, quieren que sigas haciéndolo. Ahora acabo de entrar en este proyecto en Antena3 y no estaría bien que yo dijera que estoy esperando descansar. Lo que quiero es cumplir este ciclo de tres años y no pienso más que en llevarlo a efecto respondiendo a las expectativas que esta empresa ha puesto en mí.

Tener audiencia “te ha permitido hacer lo que te apasiona” y has dicho que el mejor premio sería una temporada sin que midieran las audiencias… ¿Qué harías si te concedieran ese deseo?

¡Eso sí que sería la ilusión de mi vida, más que dejar de trabajar!… -Y mira directamente a los ojos como buscando comprensión- ¿Tú sabes lo que es hacer un programa sólo pensando en aquellas cosas que tú crees? Yo siempre he conectado muy bien con la gente, porque he hecho una cosa cercana, pero antes hacía entrevistas de todo tipo y la gente las veía. Pero ahora te lleva la corriente, porque tiene que tener una audiencia y tienes que dar un poquito una de cal y otra de arena. No sé qué es lo bueno o lo malo, la cal o la arena, pero dejaría sólo una de las dos cosas para hacer el programa cada mañana. Y eso no quiere decir que yo no trabajara lo mismo, a lo mejor trabajaría más –inflexiona la voz con vehemencia- para buscar cosas que a mí me parecieran estupendas, pero a veces te decepciona tanto… -dice quejumbrosa- cuando haces esa entrevista que me permito el lujo de hacer de vez en cuando -la semana pasada a Amenábar, sobre una película maravillosa-… Pero sólo puedo hacerlo de vez en cuando porque yo hago un programa para que la gente lo vea.

“La subasta” va por esa línea de hacer corresponsable al público de lo que elige…

Claro, por supuesto que sí, -contesta con énfasis-, pero el público me está dejando fatal. Yo propongo algún tema de corazón, política nacional e internacional… Esto es esta subasta, pero otra cosa es Sofres, porque luego hay que ver la audiencia que hay cuando tú hablas de la ley de seguridad vial y de la posible hija secreta de Carlos de Inglaterra y Camila Parker-Bowles y -sonríe apesadumbrada- ésa es una realidad con la que luchamos.

Has dicho que antes se podía entrevistar a gente interesante y en este momento a gente medio o totalmente cutre… ¿No te amparas en la vocación de servicio público para incorporar esos minutos frívolos? Se comenta que a la espera de ese duelo con Ana Rosa no has mostrado todas tus armas…

La realidad es que vengo de ser quince años líder de audiencia, de tener una media anual del 26% como mínimo, en un programa de tres horas y media y esa compañera, de la que no quiero hablar, tuvo el año pasado su peor año con audiencias del 15% y del 16%. Entonces yo creo que hay que ser un poquito serios, ¿está claro?, con mi mayor respeto a esta persona -reflexiona-. La competencia no era yo, -recalca-. No se puede decir que se haya ido con las mismas condiciones que yo me fui de allí.¡Yo qué voy a estar esperando!, ¡la gente se inventa todo lo que quiere! Yo salgo a ganar el programa desde el primer día, en el mes de septiembre es siempre muy difícil y esta semana, como cada año ya somos líderes de audiencia y nada más. Mientras yo estoy entrevistando a Amenábar hay un señor diciendo “voy a contar lo último de una persona que está luchando por su vida en Houston”, uno que vive de esa familia desde hace ocho o diez años. Y lo que tengo enfrente es una que viene a decir que se ha acostado con Fran Rivera…, cosas que yo no traigo. Y claro, tengo que hacer también corazón un poco picante. He hecho “Gran hermano” toda la vida, pero se ha convertido en una cosa este año que no tiene nada que ver…, ése utilizar esos personajes para inventarse historias pagándoles millones, yo eso nunca lo he hecho. También veo una sensible diferencia entre el “Gran hermano” de antes y el de ahora, porque ahora es casi como un guión. Estoy compitiendo, con “La Granja” que es una cosa completamente light, un proyecto bonito y que es más constructivo, sin que en ningún caso reniegue del “Gran hermano” que yo he hecho -matiza contundente para dar una larga cambiada al sosiego-. Pero claro, la televisión es espectáculo, tampoco todo tiene que ser muy serio, no todo es hablar de grandes temas y de política. La política es la vida también, que la gente se casa y se descasa, se enamora y de desenamora…

Tu corrillo personal tiene poco que ver con el de televisión, con el que podrías mostrar un nivel cultural distinto… quizá no tiene cabida porque como dijiste de Pepe Navarro “la innovación se paga”…

Yo a Pepe le tengo un gran afecto como persona y le he tenido de competencia por la mañana. Fue un gran provocador, hizo en televisión lo que nadie había hecho. Pero cuidado con la innovación, porque sacó al que se acostaba con la cabra, por ejemplo… Lo de Pepe al lado de la televisión que se hace ahora, está más que superado. Y cada vez nos van bajando más el listón, porque a la vez que se critican algunas cosas, si haces otras más serias y yo me quedo con el 20% de audiencia no se dice que es porque estás haciendo un programa excelente y maravilloso. Están a la caza a ver si pueden decir que María Teresa ya no es líder de audiencia. El día que a mí se me reconozca eso estaré encantada de la vida, porque a mí Antena3 ni siquiera me pide más audiencia de la que tengo, me la exijo yo y me la exige la prensa. Aquí todos somos un poquito culpables: los que hacemos las cosas y los que nos presionan.

Tuviste en tiempos un jefe que afeitaba las canciones con cuchilla… ¿Siendo reina de las mañanas lo has sufrido de nuevo?

Puedo decir que yo he trabajado con mucha libertad y también yo he sabido administrar esa libertad. Uno tiene que saber en cada momento… ¿Por qué voy yo a molestar? Soy bastante respetuosa con el público, con aquellos que respetan cosas que yo no comparto y trato de ser respetuosa con las empresas en las que trabajo.

Te preparaste porque “el oficio ya lo tenías” ¿Qué se necesita?

Yo creo que en este oficio hace falta tener una actitud. Es una profesión en la que algunos pueden tener sólo oficio, ¿por qué no? y otros tienen que tener algo más que implica una cierta genialidad, un talento. Esto se hace de algo que te da la naturaleza y de algo que te lo curras tú muy bien. Hay que estar aprendiendo siempre. Yo tuve un rodaje en una radio en la que se aprendían muchas cosas, porque los locutores leíamos todo y sabíamos un poquito de todo y eso a mí me sirvió mucho. Pero luego también tuve que ir a la Universidad y a mí me enriqueció muchísimo: yo soy una antes y otra después de haber hecho la carrera y me alegro, porque lo hice, me gustó muchísimo y si ahora tuviera tiempo, sobre todo salud y una edad en que pudiera tirar de eso, yo me metía en cualquier otra cosa que me gustara. La formación es muy importante, la gente cree que con tener una gracia o servir o tener un talento ya lo tiene todo… No, no, tú te tienes que cultivar, saber de todo y como yo siempre digo yo creo en la improvisación sobre la base de un trabajo anterior.

Se te nota un brillo en la mirada muy otro al velo de infelicidad que mostrabas en el retrato que te hizo Chema Conesa… Es por haber dado con hombres autocontrolados que no entendían que la mujer puede tener un papel distinto…

No creo para nada tener infelicidad en la mirada -dice reflexiva y añade- soy una persona que tiene una mirada llena de muchas cosas, porque a mí me ilusiona todo… Sería la cosa más injusta del mundo que yo me quejara de infelicidad. Yo he vivido mucho -asegura pletórica-. Vivir es vivir cosas buenas y malas, aguantar cuando vienen las malas y esperar, porque siempre vuelven, yo creo en eso. Soy una persona muy vitalista. Me considero una persona -la palabra no me gusta porque está tan manida, pero no encuentro otra- perfectamente realizada en todos los terrenos, en el profesional, en el personal, en el sexual, en el amoroso. He conocido muchas cosas y he vivido mucho y tengo unas hijas y unos nietos que me han dado muchas alegrías. También he pasado momentos duros, pero eso es vivir. Vivir no es un camino de rosas.

Ese sobrellevar los altibajos lo aprendiste de tu abuelo…

Mi abuelo era una persona que para mí tenía mucho mérito. Le tengo una gran admiración y lo quise mucho y él varias veces en la vida se cayó y se levantó con un negocio que tenía. Se ponía a vender donde fuera, en la calle de La Victoria y a los dos días ya volvía a tener la tienda. Yo he tenido que volver a empezar varias veces… Ésta es una profesión en la que eso –ratifica gesticulando- es un lujo, porque a veces es efímera: hay gente que triunfa mucho y luego no hay manera de que funcione. Yo no me puedo quejar. En la medida en que he estado en una ciudad como Málaga he tenido mucho éxito en la radio muchos años, luego me vine aquí, hice tareas de despacho pero me fue bien, luego me fue mal y estuve varios años luchando…

Quizá la gente se olvida de cuando hiciste pasillo…

¡Fíjate, yo he hecho de todo y luego lo peor fue cuando no he hecho nada, cuando he cobrado sin hacer nada…! Yo venía de la radio en provincias donde hacíamos de todo y llego aquí de directora de Informativos, porque hay un cambio político con el que yo no tengo nada que ver y me dan un programa en la radio. Pero sobre todo, cuando paso a televisión y me dan “La Tarde” y después me la quitan porque les da la gana, ahí me quedo yo haciendo el programa “Parlamento” y después en el pasillo. Yo nunca me rendí, porque entonces yo tenía cuarenta y tantos años ya. Podría haberme rendido… Cogí el toro por los cuernos y me fui a ver a Hermida

El no haber tenido una figura masculina amparándote puede ser un ejemplo para las mujeres…

Yo he tenido un matrimonio a la antigua diecisiete años y he estado siempre superprotegida: única niña primero, niña mimada y luego yo he tenido que ganarme la vida siempre. He tenido una vida a la antigua, en la que determinadas cosas las resuelve el hombre, aunque en mi caso las más importantes las he resuelto casi siempre yo.

Quizá esa forma de defenderte en la vida ¿te ha servido para huir de esa invisibilidad que según Rosa Villacastín aqueja a las mujeres mayores de cincuenta en televisión, que parecen no existir?

Yo creo que es una cuestión de tesón y seguramente de otras cosas que no voy a decir…

Has creado un star-system sociológico de hijos de famosos cuyo único valor era la notoriedad ¿Es un modo de controlar las fuentes de información?

¡Eso es la tontería de siempre! Vamos a ver, la televisión es un medio en el que se hace información o se hace espectáculo y el espectáculo lo hacen los famosos y en todos los programas hay famosos. Me parece una tontería esto de pensar que todas las cosas de televisión las tienen que hacer licenciados que vienen con el carné de la Facultad de Ciencias de la Información. Yo tengo más periodistas que nadie, más que nadie, trabajando en el programa y luego tengo personajes populares, que he ido eligiendo en función de lo que me vendían en cada momento, como los demás.

¿Ha llegado ese famoseo a un momento de saturación?

Yo nunca tendré en mi programa a alguien que el público no quiera ver o no me venda. Hay gente que, digamos, ha salido de mi programa como Alonso Caparrós o gente a la que tú en un momento dado le das una oportunidad. A él se la dí porque entró por la redacción y se quedaron todas las chicas prendadas de él. Estábamos buscando a un presentador para concursos y la música y le hicimos una prueba y se comía la cámara y ahí está. Y luego a Rocío Carrasco no la metí yo en televisión, la cogí de un programa, cosa que como no les interesa no la cuentan… Rocío estaba en Telecinco con el padre Apeles haciendo un programa y yo cuando lo ví dije “lo único que me gusta es esta chica”, porque lo hacía bien. Y la metí porque era un personaje que me vendía también para las revistas, pero quien la metió en televisión fue TVE, con diecisiete años, que le dio una gala por la noche. Yo no la traje de su casa, la cogí de la televisión.

Has dicho que “España ha llegado a un buen nivel de desarrollo económico pero ha caído en una sima cultural alarmante”…

Claro, sólo se habla de telebasura, pero hay justicia-basura, política-basura…

Tu familia “era apolítica, es decir, de derechas”, ¿Cómo te defines?

Me definiría de centro-izquierda, que en su día era ser poco menos que roja, hoy ya no. Si tú luchabas por la democracia y la libertad en el año 1976 en una emisora de radio, que cuando en el 77 hubo las primeras elecciones democráticas entrevistabas a todos los partidos que estaban legalizados o llevabas a gente de UGT o CCOO eras roja. Esto ahora no se puede creer…

“Español pop” era el inconformismo con lo mejorable ¿Necesita España una reedición de tu programa?            

Era la canción protesta. A lo mejor hacía falta también ahora una nueva canción protesta de muchas cosas. De hecho hemos recuperado un poquito esa conciencia con el tema de la guerra. Yo creo que hay un antes y un después del tema de la guerra, porque estábamos un poco dormidos. Desgraciadamente ha tenido que ser porque ha habido una guerra, o sigue habiéndola…

¿Con tanto reality-show se ha acostumbrado al espectador a que sea pasivo, en lugar de interactuar?

Esto es un poco la pescadilla que se muerde la cola, en el sentido de que yo no sé cuánta culpa tenemos nosotros y cuánta el público. Yo hago muchos intentos y los que trabajan conmigo lo saben y yo no sé si el público está así por si mismo o porque lo hemos embrutecido los demás. Cada palo que aguante su vela, unos más que otros, y dando por sentado que no todo tiene que ser tan serio, que toda la vida se ha hecho prensa del corazón y crónica social. Nació en la prensa, ahí está Edda Hopper y todas las grandes americanas… Siempre ha habido ese tipo de cotilleo y ahora lo que pasa es que por la televisión es más brutal, pero sobre todo cuando se ve abrir el micrófono y la cámara a gente que viene a hablar de famosos, contando que se han acostado con ellos, sin aportar pruebas y solamente por dinero, que, naturalmente yo nunca les pagaría.

Cuando los políticos llegan a La Moncloa se produce un distanciamiento de la realidad ¿cómo es posible acercarse a los problemas de la gente de a pie con un contrato blindado?

Yo, todos los días. Todos los días cuento casos y a veces entrevisto gente que se me va el alma a los pies. También hay que decir que yo he vivido hasta más de los cincuenta años con un sueldo de fija de televisión y ganaba doscientas y pico mil o trescientas mil pesetas no hace demasiado. Por lo tanto, sé perfectamente lo que es ajustarte a un presupuesto y siempre digo que para mí lo bueno que tiene esto es que ahora, pagando muchísimo dinero a Hacienda cuando llega una carta no me asusta y antes, pagando muchísimo menos, incomparablemente menos, cuando llegaba una carta hasta que no veía que eran las etiquetas no me quedaba tranquila. Eso lo he vivido yo. He vivido en una familia de clase media, que no hemos tenido problemas económicos, pero tampoco una gran holgura y luego toda mi vida he vivido con un sueldecito, o sea, que, realmente yo eso lo puedo comprender perfectamente.

¿Qué vendes ahora?

Yo estoy vendiendo de todo. Estoy vendiendo un periódico de la mañana, por supuesto cercano -que por eso yo creo que la gente me quiere-, con mucho corazón -me refiero poner el corazón en lo que tú haces-. Vendo mucho sentimiento, mucha actualidad y todas las cosas que pasan en la vida cada mañana. No hay nada importante que yo no lo comente, sea nacional, internacional, de la crónica negra, del corazón, así que yo podría decir que soy, en ese aspecto, un gran almacén de la información que tiene de todo.

Yo creo que no hago un programa cultural, hago un magacín, pero también digo muchas cosas. En el momento en que se está hablando frívolamente, a veces, he aprovechado para decir aquellas cosas que siento y defiendo, mis principios, y en eso cualquier foro es bueno. No es un programa vacío de contenido y cuando hablo de contenido no hablo sólo de noticias, sino también de reflexión.

En algún momento se te calificó de felipista… Llegaste a mencionar que España necesitaba una pasada por la izquierda… ¿Habría que dar una segunda pasada o es suficiente esta izquierda del PSOE de la moderación y las buenas formas?

Yo siempre he estado por la izquierda de la moderación. Soy una persona bastante práctica, no creo en los heroismos, inútiles muchas veces. Dado que luego hay una barrera que no rebajaría en lo que son mis principios, sí que creo que la política es el arte de lo posible y empeñarte tú en cosas utópicas, pues no. Así como estoy totalmente en contra de eso de la muerte de las ideologías -no creo que mueran y ojalá que no pase nunca-, también creo que un político tiene que ser pragmático.

En el libro citas “El lobo estepario”, “El miedo a la libertad”…, lecturas de una Teresa desconocida ¿cuáles son tus libros de cabecera?  

Como lo que yo he estudiado ha sido Filosofía y Letras y soy licenciada en Historia, me gusta mucho la filosofía, leer libros de historia… No soy muy aficionada a la novela, aunque cuando hay una novela que creo que debo leer, la leo. Estoy en un mundo en el que no puedo decir que no he leído “Soldados de Salamina”, pero a lo mejor empiezo “El código da Vinci” y lo dejo.

También leo muchas cosas que me interesan profesionalmente como “Irak, el Estado incierto”, libros sobre islamismo, una biografía de Mahoma y esas son cosas que me gustan más que leer una novela. Sí que hay una María Teresa desconocida en todo eso, pero no para mucha gente, porque yo hago un espacio de debate, de información política que el que lo sigue, yo creo que lo sabe perfectamente…

¿Te gustaría evolucionar hacia eso?

Bueno, por favor, (dice con desparpajo) vamos lo que me gustaría era hacer el debate nada más. A lo mejor me gustaría dentro de unos años hacer el debate y dejar de hacer la mañana. Yo hago un programa todas las mañanas con cosas que me gustan más y otras que van menos conmigo. Cuando hago corazón, nos tiramos de la risa, porque yo todo lo paso por el humor. Me río mucho en el programa, suelto mucha adrenalina, pero al final el debate es como el premio. Desgraciadamente todos los días tengo que decir que han matado una mujer o a dos, que no se yo si nos quieren exterminar…

Quedan algunos temas no resueltos, apenas planteados al final…        

A mí hacer el libro me ha costado mucho, porque no tengo tiempo y donde lo he dejado es porque he dicho “bueno, ya está” (se ríe francamente). ¡Ya no puedo hacer más! Hay una parte del libro que es mi vida y otra que me sale la vena, deformación periodística, creo yo y son temas que yo he tratado tantísimo… ¡Imagínate la cantidad de entrevistas que he hecho en mi vida y que sigo haciendo! Yo creo que el programa hace mucho servicio público. Todas las semanas hay gente que viene a denunciar. Lo he hecho yo siempre y lo seguiré haciendo, aunque ese espacio me venda menos que el otro. Hay cosas que siempre las haré, pero bueno, en tres horas y media también tienes que hacer otras cosas si quieres que el programa funcione y esto es lo que hay.

Como en la anécdota que cuentas con Pablo Sebastián ¿sigue pudiendo más la periodista que la ética?

La gente que me conoce sabe que yo pongo la ética en primer lugar. Esto era un caso un poco especial, tampoco era tan poco ético, pero yo hay muchas cosas que me callo todos los días por no hacer daño a la gente. Más que telebasura es una televisión que necesita humanizarse, que no está de moda, pero que no estaría mal recuperarla. Hay muy poca caridad con la gente, muchos linchamientos y da igual que tú estés destruyendo a una persona. Aunque esa persona sea un famoso, también tendrá sentimientos, corazón y sufrirá. Yo con eso no puedo y no lo voy a hacer nunca. ¿Cómo puedo yo dejar que venga a mi programa Mila Ximénez que lo que tiene que contar es su vida, que esa sí que es una vida de una persona sin escrúpulos? Cuenta la vida de Isabel Pantoja, que casi ni la conoce, porque un día decide que tiene que vivir de algo y alguien le abre un programa de televisión para decir lo que le dio la gana. Terrible…

¿Hasta dónde llega el poder de los lobbys para bloquear noticias del corazón?

A mí, desde luego no me ha parado nadie una noticia del corazón, la he parado yo y exclusivamente por una razón de ética, porque creo que si tú eres mayor y tienes relaciones con alguien porque quieres y él también me parece una miseria moral ir a contarlo con dinero. No puedo con eso, eso no me lo censura nadie, me lo censuro yo, no por quedar bien con unos ni con otros…

La incorporación de nuevos rostros como el editor de Leer a la mesa de debate ¿qué aporta?  

Muchas veces son personas que te las encuentras y te preguntas “¿no sé porqué no tengo a José Luis en la mesa?, porque está muy bien y a lo mejor en este enloquecimiento de vida… Tengo como defecto que una persona que entra en mi programa, difícilmente sale de él, a no ser que él se quiera ir. Voy acumulando muchas veces gente y no puedo, porque para meter a uno tengo que quitar a otro. Con Luis Herrero ya habíamos hablado hace un año, antes de que él fuera eurodiputado y como tener a un eurodiputado del PP me hizo tener que compensar por la izquierda, llamé a Amparo Rubiales. He trabajado con muchos amigos míos, pero porque tengo la gran fortuna de que hay algunos de los mejores que son amigos míos como Raúl del Pozo o Carmen Rigalt.

 

 

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