Entrevista a Calixto Bieito

Acostumbrado a ser el “niño terrible”, Calixto Bieito reconoce que juega con los actores para extraer lo mejor de ellos. Un “partido de tenis” como él lo define que ha dado frutos como “Galileo Galilei”, “La tempestad”, “La casa de Bernarda Alba” y más recientemente “El rey Lear” con el que llega al Festival de Otoño de Madrid.

¿Qué es lo que buscas con tus montajes, existe una línea global en tu trayectoria como director?

Una línea global a nivel estético no existe, pero sí en el sentido de que uno quiere emocionar al público, tocarle, sacudirlo y que no esté indiferente al espectáculo de teatro, que no esté aburrido, sobre todo y quiere emocionar y hacer reflexionar al público.

¿Qué te mueve más la emoción o la reflexión, porque en alguna ocasión has dicho que no te importa tanto el qué se cuenta como la energía que se transmite?

No puedo disociarlo de una reflexión, porque parto de reflexiones. Cuando trabajo, trabajo muchísimo con mi intuición y con mis vísceras, pero todo esto viene de un tiempo de reflexión, de pensamientos y de conceptos. No es un trabajo solamente físico como mucha gente dice.

¿Qué es lo que pretendes remover?

A veces es una cuestión social, a veces es metafísico, político, depende de los textos, de las producciones, de mi momento y evidentemente profano los clásicos, pero no es una cosa que me invente yo, es algo que ya decía Bertold Brecht y muchísima gente. No me estoy comparando, ni mi talento artístico, pero cuando Picasso pinta “Las meninas” no pinta las mismas que Velázquez, las pinta para el siglo XX. Esto es una tradición del arte: durante todo el siglo XX, releer los clásicos, profanarlos, sacudirlos y darles una lectura para los tiempos, el tiempo en el que se vive.

Has comentado que estabas a la espera de la llegada de la vanguardia del teatro clásico a España ¿por eso contextualizas introduciendo referencias actuales como rumbas o dictadores?

Sí, para que entiendan a lo que se están refiriendo los textos, los entiendan en un contexto actual. Insisto, tampoco me lo invento yo, ya Lorca lo hacía cuando dirigía teatro y hacía “Fuenteovejuna” con obreros. Ha sido después de todo esto que nosotros hemos acumulado capas y capas de polvo encima de todo nuestro teatro clásico.

Te achacan que integras sexo y violencia en las obras clásicas ¿es porque se han hecho siempre edulcorados?

Todo el teatro isabelino y en el clásico español, está muy basado en la violencia, en la sangre y en el sexo. Son elementos muy habituales, porque pertenecen a una sociedad muy violenta, lo que pasa es que han sufrido una tradición decimonónica y de teatro públic español edulcorado, psicologista. El psicologismo ha hecho mucho daño al teatro clásico español que no es nada psicológico, sino sensitivo, es un teatro donde el público escucha un texto que difícilmente va a entender entero, pero sí se va a emocionar con esas palabras, con esa energía y esa belleza. Los actores del Siglo de Oro no trabajaban de manera psicológica, sino sensitiva.

Pretendes la libertad aun a costa del espectador, ¿quizá por un excesivo puritanismo del público?

Seguramente. No quiero juzgar a todo el público, porque generalizar es un poco difícil. En todo caso lo que pretendo es la libertad de la imaginación qu en palabras de Buñuel no tiene límites. Intentar ponerle límites a la imaginación es ponérselas quizá a la única libertad que tenemos en el siglo XXI.

Te acusan de ser el Tarantino de la escena ¿qué hay de fílmico en tus montajes?

El cine es un arte muy importante en el siglo y con el que me he educado. Tengo muchísimas influencias pero si tengo que considerar algún maestro diría que Buñuel. Sus películas las he visto repetidas veces. Tarantino, pues me gusta, pero no me siento especialmente identificado porque pertenece a una sociedad diferente a la nuestra, con la que yo me identifico.

¿Hay un proceso de visualización de cada cuadro antes de ensayar? 

Normalmente tengo cuatro o cinco imágenes muy fuertes antes de hacer el espectáculo. Tengo tres etapas de trabajo, una académica, de reflexión, de investigación fuerte sobre el autor, la época; una segunda de concepto, qué voy a trasladar al público de ahora conceptualmente, a nivel de reflexión son pensamientos, imágenes y es cuando lo asocio con el arte del sigloXX, con mis referencias pictóricas, fotográficas y cinematográficas, porque es un siglo absolutamente visual y la última etapa es con los actores o con los cantantes. En esa etapa también yo estoy muy permeable a sus ideas.

La exigencia no es sólo interpretativa sino física… ¿Has encontrado ya la compañía ideal?

Tengo unos cuantos actores que trabajan conmigo habitualmente, pero ahora mismo tengo cinco producciones en Europa y cambio muchísimo, porque tengo mucha curiosidad por conocer y enfrentarme a gente nueva. Estoy muy abierto y espero estarlo mucho tiempo, pero sí que tengo actores que me entienden perfectamente aquí en Barcelona, que saben lo que quiero. Un actor que trabaja conmigo sab que no tiene que tener miedo al ridículo, ser muy generoso, saber cantar, bailar, saber hacer casi todo…

¿Qué innovaciones incorpora este nuevo montaje? ¿Por qué escoger la figura de un dictador en este momento?

Me parecía que el contexto de la pieza difícilmente se puede entender si no es con una persona que tiene el poder absoluto. Hay gente que tiene muchísimo poder ahora mismo, no hace falta ir a un dictador, pero en este caso lo escogí porque quería hacer la producción a dos niveles, uno familiar y otro político. Y la familiar me resultaba muy importante dentro de Lear, una obra, por otra parte, casi experimental cuando Shakespeare la escribe. Durante muchísimos años la obra se representó con un final cambiado, Lear no moría y Cordelia se casaba con Edgar y no moría nadie porque para toda la tradición del siglo XVIII y XIX era imposible entender una pieza tan sumamente beckettiana, moderna. Yo quería trasladarlo a un contexto muy de ahora, que se pudiera entender, pero que la pieza funcionara también. Una pieza que habla sobre la Nada, en definitiva sobre el vacío, sobre el abismo se puedira entender bien…

¿Te es más fácil trasponer autores extranjeros ante la sacralización de los españoles?     

Me es igual. Los autores españoles son muy buenos, Valle-Inclán es absolutamente desconocido fuera de España y el Teatro del Siglo de Oro español es realmente un teatro nacional, pero hay que quitarle las toneladas de polvo.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Tengo una “Carmen” que es una reposición que la hago en Bélgica y luego empiezo a ensayar en Alemania el 3 de enero una obra muy española que es “Don Carlo”

Entre clásicos y vanguardia, ¿dónde te definirías?

Mi cultura es clásica totalmente, pero mis montajes son modernos, porque sólo puedo ser moderno. Hago teatro para la gente de ahora. Me es igual que me digan que es para epatar o me digan “enfant terrible”, son etiquetas más o menos aburridas.

A la hora de enfrentarte al montaje pesa más la textualidad o la plasticidad…

Las dos son muy importantes, pero es muy importante que el contenido, lo que voy a explicarle al público sea muy claro. Si eso no lo tengo claro soy incapaz de hacer lo otro. Es muy importante mi dirección de actores –y en eso creo que recojo una tradición- y cantantes. No soy un director que deja que salgan los actores y hagan lo que puedan, creo –es una palabra demasiado fuerte- con ellos, jugamos juntos, es lo más parecido a un partido de tenis.

Entre grandes montajes o espacios más íntimos…

Depende. Estoy acostumbrado a hacer grandes espectáculos, porque ahora hago muchísima ópera y hago una obra de teatro cada cierto tiempo. Si me ofrecen hacer “Cenicienta” y me veo capaz de hacerla no sería freudiana. Los musicales no me gustan especialmente –no tengo prejuicios-, pero podría llegar a hacerlo, depende del momento.

¿Has notado algún cambio en la política teatral?

Todavía no.

¿Cómo ves las obras que compiten con tus montajes?   

Desconozco la situación. Soy el director artístico del Teatro Romea que ha hecho una apuesta clarísima por el teatro contemporáneo y en él es una temporada de textos contemporáneos y no me siento en competencia, me siento bien. Creo que hay muchísimos colegas con muchísimo talento, pero estoy muy poco en España. He estado fuera siete meses. No sabría decir la cartelera de Madrid.

¿El teatro futuro será una mezcla multimedia?

Tiene que ser, lo que pasa es que no se puede olvidar es que siempre será un trabajo con los actores.

¿Qué carencias detectas?

A nivel europeo hay un cierto conservadurismo, confundir arte con business –no estoy en contra del business- que provoca una reacción fuerte por parte de algunos directores de escena que reivindican la imaginación, la fantasía y el desacralizar los grandes clásicos y volverlos a pintar.

¿Hay una recuperación de la afluencia del público al teatro?

Los teatros que tienen una dirección muy clara van renovando el público, son teatros que tienen un proyecto global, un concepto muy claro, no van cambiando de línea cada año.