Entrevista a Álex de la Iglesia

Productor de “Dos hombres sin destino”

Un director de cine (“Acción mutante”, “El día de la bestia” o “La
comunidad”), reconvertido momentáneamente en productor teatral para retratar una realidad cada vez más esperpéntica. El Arlequín acoge las tribulaciones de Manuel Tallafé (José Ángel) y Enrique Martínez (Juan Ignacio) en torno a un sofá, dibujado con sus churretones y todo en la pieza de Juan Maidagán y Pepón Montero que hizo exclamar a Álex “da miedo enseñarla. Es un disparate”.

Este montaje está a mitad de camino entre el cine, la televisión, el teatro, incluso con una escenografía como el comic de tu inicios…

No, que va, es teatro clásico. El decorado es un apartamento, una cosa muy normal, no tiene cosas extrañas. Lo que sí tiene son proyecciones porque los personajes sueñan con cosas que se ven proyectadas sobre las paredes o en la cocina, donde, de pronto hay vídeos y se ve lo que ocurre dentro como si fuera teatro chino. Tampoco son cosas tan extrañas, yo las he visto en teatro muchas veces… La televisión está presente en el sentido de que hablan de ella continuamente, pero no es que haya ningún elemento televisivo. Es una obra de teatro clásico, sobre todo, con unas ganas terribles de hacer reír. Sí que puede resultar extraño este tipo de humor que es entre Ionesco, Tono y Mel Brooks, pero nada más que eso.

Comentabas en alguna entrevista que el teatro te permite un dadaismo que no es posible en el cine…

Hombre, se pueden hacer más locuras que en cine. El estar en una sala, con menos gente llega más directamente y no estás pendiente del público en el sentido de que el presupuesto es más reducido, no es tan caro como una película, pues en una película tienes que llegar a más público y en una obra de teatro es más restringido y probablemente más culto, porque la propia decisión de ir a una obra de teatro ya exige un nivel mayor.

¿Ha sido complicada la coordinación de efectos de sonido e iluminación que se van insertando constantemente en la trama?

Efectos habrá unos 250 efectos sonoros que se pinchan conforme va avanzando la obra y sí, es complicado. Yo me pongo de los nervios a la hora de ver la función: si entran las cosas a tiempo…, pero últimamente va como la seda y las últimas representaciones que he visto están perfectas.

Se ha criticado el uso de micrófonos por minimizar la técnica actoral…

Me parece una tontería… También lo hacen Dagoll Dagom y lo he visto en muchas otras obras de teatro. Lo más importante me parece que es que se oiga bien y no forzar a los actores a que griten para que se oiga en la última fila. A mi lo que me desagrada en muchas obras es ver cómo los actores hacen un esfuerzo increíble por mantener ese respeto a la obra tradicional sin micrófonos y tienen que hacer un esfuerzo terrible y todos están gritando. Y como esto es un diálogo entre dos amigos viendo la tele yo quería que se mantuviera ese diálogo más tranquilo.

Y entre los golpes de suerte de Juan Ignacio o la depresión perpetua de José Ángel ¿por quién te decantas?

Los dos son muy graciosos, la verdad es que estoy muy contento de los dos. La obra en conjunto, los dos elementos la hacen tremendamente divertida. Las últimas representaciones que he visto han sido de carcajada continua, he disfrutado mucho.  Me gustaría recomendar a todo el mundo la obra porque se goza de más libertad.

Has dicho que querías que funcionara como repugnante teatro comercial…

Hombre está yendo bien, no sé qué tipo de público está yendo, tampoco tenemos la intención de convertirnos en “Enseñar a un sinvergüenza”, obra de teatro a la que tengo mucho respeto, pero no creo que sea ése el caso.

Algunos te consideran un intruso de la escena ¿Pánico escénico nace con idea de continuidad?

No, me gustaría seguir haciéndolo. Sí es cierto que he notado algunas caras como de “éste hombre qué hace aquí”, pero no es mi intención de entrometerme en el mundo de los demás, es sncillamente que me gusta abrir nuevas puertas y probar nuevas cosas. Lo mismo algún día hago una zarzuela o una ópera…

¿Hay algo de la metafísica de tus profesores de Deusto en esos filósofos de sofá?

Ja, ja, ja… Hay grandes momentos en la obra. Ciertamente son dos filósofos cínicos que observan pasar la vida delante suyo, pero hay uno que de repente se cansa y toma una actitud positiva que sorprende muchísimo a su compañero, y todo le empieza a ir asombrosamente bien y el otro está totalmente desarmado después de que han pasado años y años en el sofá. Desgraciadamente el amigo descubre que el dinero y la fama no dan la felicidad y te envuelve en una serie de actos sociales absurdos con los que pierdes tiempo y ganas de estar con tus amigos ya al final lo abandona todo y vuelve al sofá, que es lo suyo.

Es una especie de canto a la pasividad, la filosofía de no hay futuro del punk…

Sí, de hecho acaba con la canción de Sid Vicious y sí que hay un fondo amargo de saber que no hay solución, no hay actividad que no resulte decepcionante y que lo único que queda es la amistad y las risas entre amigos, lo único que salva la vida.

En la habitación de los asesinos de José Ángel ¿a quién meterías de la política española?

No metería a nadie, porque al final te caen bien. Lo estropearía todo…, estropearía la fiesta.

Has dicho que trabajas desde la ignorancia ¿has recurrido a un equipo más preparado que tú o has buscado a gente más inexperta?

Tanto en cine como en teatro lo que pretendo es aprender de los demás. Lo que sí te da valentía es esa ignorancia de no saber, que te da mucha energía para seguir adelante, porque no conoces los problemas y cuando surgen hemos hecho lo que hemos podido y creo que sí hemos sabido solucionarlos. Pero es cierto que me muevo desde la ignorancia porque es la única manera de sobrevivir. Si supiéramos todo lo que iba a ocurrir, probablemente no haríamos nada.

¿Qué hay de tus obsesiones estéticas en la obra, aparte de los lamparones?

La obra no la he escrito ni la he dirigido yo, pero sí que creo que respira un espíritu, una forma de ver el mundo que encaja conmigo, Yo firmaría ahora mismo la dirección de la obra que me parece excelente. Es uno de los libretos má divertidos que he leído hace mucho.

Se ha criticado la falta de profundidad del texto como una sucesión de sketches y has dicho que “el entretenimiento es un objetivo moral”…

Yo no creo que sea cierto, creo que hay una serie de gags, pero lo interesante de la obra es que tiene una estructura narrativa sólida y los espectadores pueden seguir cómo van evolucionando y se van encontrando consigo mismos hasta el tercer acto demente con el Fin del Mundo. Evidentemente no es “El origen de la tragedia” pero es una obra que cuenta una historia y la historia que cuenta la cuenta bien. O sea que, el espectador sabe lo que le estamos contando, entiende lo que le estamos contando y puede estar de acuerdo o no con ello. Evidentemente no hay una fábula, una solución final que ofrecer al espectador. Es el espectador el que tiene que sacar su propia conclusión. La misma no opción de los personajes es una respuesta a las cosas que se platean en la obra, pero no tiene una intención evangelizante y como la gente últimamente sobre todo, en teatro quieren que les expliques mucho las cosas y se las des bastante machacadas, pues quizá alguno ha dicho “me gustaría que me explicasen cómo se salva uno del Fin del Mundo”.

En “Crimen ferpecto” recuperas “Macbeth” ¿te basas aquí en algún clásico?

No puedo hablar de elementos shakespearianos en “Dos hombres sin destino”. Sí que los hay desde un punto de vista muy lejano en Crimen porque de hecho parte de un guión que era una representación de “Macbeth”, puede que algún día la rodemos. Era una idea primigenia, una especie de versión alternativa a “Macbeth”. El personaje tiene ese mundo interior de celos y locura de Shakespeare, pero en “Dos hombres…” no hay esa tradición shakespeariana, ja, ja, ja, habría que bucear demasiado. Nosotros que abogamos por la falta de contenidos, por la locura, el humor nos encanta que haya unas lecturas con un interés casi arqueológico, de encontrar orígenes oscuros en cada texto, eos siempre es maravilloso y de hecho los hay. Cuanto más intentas avanzar en el humor, más necesitas de elementos y herramientas que te ayuden a ese avance.

El concepto lúdico que ya aparece en “Acción mutante” y los frikis se repiten  en tu obra…

Yo no creo que la gente se corresponda con la realidad de perdedores y marginales, que no freaks, porque odio la palabra, porque no hay intención de reflejar que somos así. Sin duda es una visión grotesca y distorsionada de cómo veo yo las cosas, aunque desgraciadamente la realidad cada vez se va pareciendo más al esperpento y en ese sentido sí que creo que hay muchísima gente que se parece a los personajes que dibujo, de hecho hay algunos personajes reales que harían sentirse héroes de leyenda a los protagonistas. Si sigues las actuaciones de un par de políticos que todos conocemos descubrirías que nuestros personajes actúan como catedráticos o doctores honoris causa.

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