Nuria Espert es la Celestina de Lepage

 El director canadiense Robert Lepage desembarca en el Español dentro del Festival de Otoño con su personal versión de “La Celestina”, adaptada por Michel Garneau. Con una Nuria Espert cargada de energía, que aún no se siente ahíta de teatro y quiere más. Una obra de pasajes eróticos, oscuros, pero también de descubrimientos con un reparto que completan Marta Fernández, Carmen del Valle, Pep Molina, David Selvas y Carmen Arévalo.  

Lepage te ha definido como una mujer con coraje de explorar, de jugar, de buscar…
Robert eligió esta Celestina para nuestro primer trabajo, porque estamos pensando en hacer un segundo. No era una obra que yo hubiera pensado hacer, pero su dirección llenaba todas mis expectativas, con la ilusión que he puesto en ese proyecto que hemos tardado casi tres años en levantar. El texto me daba unas enormes posibilidades que, habiendo visto representaciones con actrices magníficas nunca había visto. Esa capacidad de juego que Robert pide a sus actores nos ha llenado a todos de una energía extraordinaria. El reparto le hemos seguido devotamente y los resultados son una representación fresca y de una belleza extraordinaria. Es un director mágico, las imágenes son bellísimas -algunas quedarán en la retina de los espectadores para siempre-  acompañando a un trabajo muy minucioso. Ha unido la visualidad con la profundización de los textos, algo bastante difícil.
 

Actor, director y experimentador multidisciplinar con Ex-Machina, la compañía de teatro que creó en 1993 donde ha reunido actores, escritores, escenógrafos, diseñadores, cantantes de ópera marionetistas, contorsionistas y un largo etcétera de profesionales de las artes. El quebequés ha dirigido montajes que exploran nuevas formas artísticas de expresión como “The Dragons’ Trilogy”, “Geometry of Miracles”, “Zulu time”, “The far side of the moon”,  “The seven streams  of the River Ota” y “Les Aiguilles et l’opium”.  En la actualidad dirige esta nueva adaptación del francés Michel Garneau de “La Celestina” sobre el texto de Fernando de Rojas.  

Estéticamente rompe la austeridad de otros montajes…
Un grandísimo vestuarista ha creado todo un mundo de colores muy de acuerdo con el decorado y la Salamanca que Robert y yo exploramos juntos cuando el proyecto empezaba a perfilarse. Es distinto al que estamos acostumbrados, lleno del perfume de la época y del autor.
Ésta es una Celestina sexuada…
Ella dice que todavía puede hacer el amor, y lo hace y lo disfruta. Siempre se la presenta como una bruja avara, traidora y mentirosa, pero tuvo una gran amiga que fue su maestra, a la que quiso y la muerte se llevó demasiado pronto. Vivían como hermanas y dice que era más y mejor puta que ella y de quien aprendió todo.
¿Qué es esa humedad de la que habla el director?
La frescura, la alegría con la que recibe el negocio que se le ofrece,  los amores de Calixto y Melibea, un gran negocio para una mujer vieja, que apenas tiene para comer y vive cerca de las tenerías, el barrio más miserable. En su vida, bastante oscura: comer, beber y esperar la muerte acepta este negocio con una pasión que la rejuvenece y la manera que tiene de acercarse a sus marrullerías no es la maldad, sino el convencimiento. Está el acto de invocación al demonio, pero ella también remienda virgos, hace tintes para la cabeza, abortos, es comadrona… Es una mujer sabia medieval y como tal tachada de bruja, llena de vida, de energía. Y la humedece que el hecho de que el amor la sigue enterneciendo cuando consigue juntar a dos jovencitos. Su dicha es pensar cómo están disfrutando en ese momento, el placer que le produce la felicidad del sexo.     
El texto está más fragmentado que en versiones anteriores…
El texto de Rojas está sumamente fragmentado y es más un guión de cine que una obra de teatro o una novela. Es imposible hacer una escena larga en “La Celestina” porque no existen. Cada capítulo y los hay de media página, sucede en un sitio diferente, los personajes son distintos, se entremezclan sus historias y van y vienen  las vidas, las pasiones hasta ir montando ese negocio que acaba como todos sabemos, llevándosela por delante.
Dijiste que te sentías incapaz de poner en pie “La Celestina” en el National londinense y lo has reconvertido en una hazaña interpretativa…
Hice muy bien. Ahora que estoy haciendo la de Lepage creo que fue una de las cosas más sabias que he hecho en mi vida.
En Sagunto habéis arrastrado a 6.500 espectadores… ¿Esta versión ha conseguido sobreponerse al anquilosamiento que sufren los clásicos?
Definitivamente y desde el primer día, aunque el trabajo de Robert es un trabajo que evoluciona. Esto cuesta comprenderlo, porque no tengo conocimiento de que ninguno de nuestros directores, magníficos, trabajen de ese modo. Para él, el espectáculo no está nunca terminado. Estrenamos en el Lliure, hemos estado en Valencia y ahora estaremos un mes en Madrid y después haremos una gira por España y la obra apetece ser vista en otros lugares de Europa. Y el placer que da es que Robert va a hacer cambios y esto puede no entrar en tu manera de actuar, pero a mí por mi biografía, por la gente con la que he trabajado, me apetece muchísimo.
La alteración de la trama ¿desconcierta al público?
No, es una versión absolutamente clara, nítida, radiante de la historia. Yo no he visto ninguna Celestina en la que sea tan fácil seguir la evoluciones y el devenir de los personajes y la trama.
¿Cuál ha sido el punto de partida  en tu trabajo actoral?
He trabajado a solas como trabajo todos mis papeles. Mi proceso como actriz es el texto, la comprensión de la almendra de las escenas, como decía Layton. Después he ido con el cuaderno de mi profesionalidad en blanco a los ensayos, porque no había trabajado nunca con Robert, así que fui esperando ver lo que ha decidido que sea “La Celestina” y cuando lo comprendí me tiré de cabeza.

Quedan ya lejos “Gigi” y “Anna Christie”, y seguramente los ojos se nos llenan del recuerdo de su “Yerma”, “Medea”, “Un’altra Fedra”, “Divinas palabras”, “Doña Rosita la soltera”, “Maquillaje”, “El cerco de Leningrado”, teatro de grandes heroínas donde sólo la inflexión de trabajos templados como el suyo tienen cabida. Un peso escénico que su posterior salto a la dirección de montajes como “Madame Butterfly”, “La Traviata”, “Carmen”, “La casa de Bernarda Alba” o más recientemente “Tosca” en el Teatro Real han confirmado, haciendo de la Espert un referente en la interpretación, trayectoria reconocida hace veinte años con el Premio Nacional de Teatro. La actriz catalana, sosegada en el color de la voz, ha decidido prescindir de la pátina de gran diva que muchos le achacan para ponerse a las órdenes de uno de los innovadores escénicos internacionales, el director canadiense Robert Lepage. Con él, hace dos años, durante la fase preparatoria de este montaje que ahora llega a Madrid, compartió los “lugares secretos” de Salamanca para bucear y aprehender la obra de Rojas, un texto multiforme y proteico que Nuria define “como la madre de todos los textos”.