Monólogos de la vagina

Entrevista a Maite Merino

¿Cuál es el recorrido emocional de la obra, cómo se gesta el proyecto?

Son cinco años, no nos lo hemos inventado, es la quinta temporada. En el recorrido hay de todo: yo cogí este texto cuando no era un éxito, yo lo vi por la escritora Eva Ensler en una salita, en Londres. Me pareció muy interesante, le compré el libro allí mismo, lo tradujeron en Madrid. Me pareció muy chocante el sentido del humor; era la primera vez que se tocaban temas tan duros con ese sentido del humor. Ahora estamos ya un poco más acostumbrados, es un humor un poco del siglo XXI como yo lo llamo. Después apareció la película “American beauty” en la que tocaban temas duros como éste con humor y a mí me chocó esa forma tan inteligente de tocar un tema tan “feminista” de una forma muy femenina y muy tolerante y haciendo partícipes a los hombres y responsables tanto a mujeres como hombres de los tabúes sobre la sexualidad femenina. Fue un humor que me chocó muchísimo, lo vi muy difícil y hecho sólo por ella, por una actriz. A mí me pareció que sola no me atrevía a hacerlo entero –la Sardá o Carmen Maura claro que se lo hacen solas-, pero yo tengo que ir más apoyada y como nunca he producido. He producido otras obras, nunca basándome en nombres, ni en cabezas de cartel, porque no creo mucho en ello, conozco a muy buenos profesionales, a una generación que estamos repuntando, saliendo. Por eso hay ese vacío, porque no se ha invertido en los actores y se ponen famosos de la tele para poder vender un producto. Me iba a rodear de profesionales que igual no eran conocidos y dije “yo sola encima…”

¿Ejercer como productora te ha restado imparcialidad a la hora de interpretar?

Realmente yo siempre escojo los textos con un criterio muy artístico, de calidad. No busco el buen negocio, sino el teatro puro y duro. Es un desdoblamiento muy fuerte, porque es incompatible el actor con el productor. Yo esto lo vi con muchísimo ojo, porque vi que era un texto muy bueno, de calidad y que podía ser comercial o no, porque tenía su peligro de que se llevara al extremo y se hiciera en plan burdo. Compré los derechos y a los seis meses de tenerlos empezó a pegar un petardazo. Yo no compré un éxito, porque no lo hubiera podido comprar, lo habría hecho Flotats o Pentación gente que está dedicada a esto, que está mirando y comprando. Nadie lo quería programar en Madrid –“con la palabra vagina, ¡qué horror!”, me dijeron que la quitara del título-, encima decían que los monólogos eran un rollo y sólo los podían hacer la Sardá o Charo López, porque aburrían en España. Yo luché por esto y me fue muy difícil empezar hasta que conseguí meterlo en el Teatro Alfil y a la semana los críticos lo pusieron maravillosamente bien, sobre todo el trabajo de las actrices. Creo que aparte de la elección del texto fue muy acertada la de la directora, Antonia García, que ha hecho una dramaturgia del texto muy bonita, muy interesante y a partir de ahí ya todo vino rodado, pero hasta que pude entrar en Madrid, pasó casi un año. Luego apareció “El club de la comedia” y esto del monólogo se puso más de moda. Nadie se atrevía: o era El Brujo o Charo López o no podías hacerlo.

La versión catalana era más física…

Se estrenó antes y sacaron la historia en plan de expresión corporal en la que eliminaron casi todo el texto y la fuerza de este texto es la palabra. Se habla de sexo de una forma tan directa con lo puedes hacer con tu vecina o tu hermana, incluso hay una lesbiana que cuenta cómo lo hace con otra, nunca cayendo en –con todo mis respetos- en “Crónicas marcianas”. Hace cinco años no podías decir la palabra vagina y ahora ya no y se denomina al sexo de la mujer con esta palabra que Eva Ensler dice que es fea, con esa “g” castellana, pero si se llamara magnolia o jazmín hubiera sonado igual de mal, porque hay un tabú ahí, que ya no lo hay tanto como en el año 99, cuando empecé a ensayar. La versión catalana no tuvo el éxito que hemos tenido nosotras. Estuvo un par de meses de gira por Cataluña y ahí se quedó. Era un espectáculo muy interesante, pero coges otro texto y puedes hacerlo así, pero es como si tú coges “Arte” y haces unos bailes y te cargas toda la escena. En el poema de la violación no se leía, se veía un soldado que cogía a una niña de una forma muy física muy bonita, en un espectáculo casi danza. ¿Has ido modificando el texto en estos cinco años?

El texto es tan bueno que no lo hemos tocado. Tiene además unos premios de literatura en Inglaterra (Big Awards) y ha pasado unos filtros. Ella es una dramaturga, no una guionista de televisión, que se puede equiparar a un Antonio Gala o Mayorga, te guste o no y entonces no le metes mano a Jasmina Rheza o a Shakespeare. Pero sí que hay una parte en la que hablamos de las noticias del New York Times donde habla de las ablaciones del clítoris que las hemos actualizado, porque hay noticias que han salido posteriormente. Se han ido cambiando las actrices, porque mis compañeras se han ido cansando: Magdalena Broto estuvo tres años y ahora ha entrado Ione Irazabal, que es una vasca estupenda. Hemos sido nominadas las dos a los Premios del Público de Barcelona como mejores actrices y nos los hemos traído, la segunda actriz, Ione, y yo, en el segundo año. Llevamos cinco años, no porque hayamos hecho gira por toda España, porque hemos estado dos temporadas en Madrid y dos en Barcelona, donde entramos para un mes y hemos estado 18, todo el 2003 y la 2003-2004. Lo de Barcelona ha sido un éxito rotundo, siendo una compañía desconocida, madrileña y en castellano. Me han llamado un montón de actores que me han dicho que en Barcelona se fracasa… Y más que los cinco años es que de los dos que nos fuimos a hacer gira hemos hechos dos en Barcelona y nos queda todavía toda España por hacer la gira.

¿Ha ido variando la reacción del público?

Desde el primer día todo el mundo entró en la reivindicación del coño. En la versión inglesa la palabra sería “chocho pringoso asqueroso” y era como una provocación. Es un personaje que reivindica esa palabra y hay un juego muy divertido. La directora propuso que entrara el público y yo que soy muy clásica y como productora me daba mucho miedo que se me fuera de las manos, pero he respetado a la directora. Antonia me dijo “el texto es muy duro y la gente necesita relajarse un poco y lo van a agradecer”. Sobre todo a la gente mayor, que no van a salas alternativas, es a quien más les gusta. Lo bonito es que la gente se va diciendo que no se necesita escenografía, grandes cosas, cuando hay dos buenos actores y un buen texto.

¿La mezcla de drama y risas es premeditada?

El orden incluso está buscado por la autora, empieza con el vello púbico, hasta que llega al sonido de la vagina con la penetración y luego llega al parto, al origen de la vida. Hay partes poéticas, el drama de las violaciones y eso era lo difícil, porque les cuesta reaccionar.

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