Entrevista a Gabino Diego

¿Cómo es “Una noche con Gabino”?

El espectáculo es un poco el mismo que traje al Arlequín, “Una noche con Gabino”, sólo que al haber estado haciendo la gira lo he modificado un poquito. Gabino soy yo, pero también es un personaje que quiere montar un espectáculo y va buscando el hilo conductor y por ese camino empieza a contar cosas que le preocupan o cosas que tiene ganas de contar, que le han sucedido de pequeño o le hubiera gustado hacer, otras que luego se han hecho realidad como ir a Hollywood, aparece Elvis Presley que resucita… Muchas cosas durante hora y media y luego también hay un momento de participación popular.

Después de todos estos meses de gira ¿has encontrado ese hilo conductor?

Yo lo planteo porque tenía un montón de hojas, como quinientas, de cosas que había escrito, ya había probado en coloquios, donde me he dado cuenta que a la gente le divertían y le entretenían y que al final, de alguna manera son cosas que tienen que ver con Gabino. El problema es que no sabía cómo unirlas todas y en el espectáculo Gabino explica un poco la preocupación por querer contar esas cosas sin ese hilo conductor. Yo no soy escritor, pero de alguna manera tenía ganas de contar esas historias. El motor es la búsqueda de ese hilo conductor para poder contar estas cosas.

La crítica ha destacado tu sencillez…

Ha costado bastante trabajo, porque a veces que parezca que algo se está contando en el momento, cuesta mucho trabajo. A mí me costó mucho trabajo, sobre todo encontrar el personaje de Gabino, porque los demás eran personajes conocidos… Me acuerdo un día en un ensayo que David Trueba me dijo “está todo muy bien, pero falta el personaje de Gabino”, el que cuenta la historia. Hay momentos en que Gabino soy yo o cosas que me han sucedido a mí, pero momentos en que no, que son ficción. Es muy complicado explicar el espectáculo.

¿Y el público participa o es un espectáculo solitario?

Hay momentos en que participa y te das cuenta que en determinado momento es importante que el público participe, para llevar al espectador a otro terreno. Se trata de entretener al espectador durante hora y media con situaciones, con historias y una de ellas es que participe el público. Por ejemplo, El Brujo en una obra rifaba un jamón, otros hacen otras cosas y en este espectáculo también hay un momento de participación.

El personaje de Gabino también se burla de la participación, de ese momento que todo espectáculo necesita para que no sea un tostón. Hay cinco canciones que se cantan en directo. Es un espectáculo sencillo, pero en el que hay que llevar un buen equipo de sonido y luces. No es sólo Gabino con un micrófono que sale y se pone a hablar.

¿Tienes previsto seguir en gira?

Estoy muy feliz de este espectáculo. Ya llevo dos años con él y estoy muy contento, porque era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo y mientras lo sigan contratando yo quiero seguir, significa que a la gente le ha gustado.

Cincuenta personajes en hora y media resultará complicado…

 El otro día estaba mi hija que no quería irse a dormir y yo estaba viendo una entrevista a Jorge Luis Borges. Al día siguiente me decía “qué rollo” y de repente empezó a imitar a Borges. De alguna manera la imitación o recrear personajes es una necesidad para poder contar las historias que quieres. Es algo que me pasa desde que era pequeño y me gusta, porque mi hija lo ha heredado. Es como cuando vas al colegio y le quieres transmitir a la gente la película que te gustó tanto y los otros te escuchan, porque a lo mejor uno no ha visto la película y quiere ver en ti esa película que ha gustado tanto a los otros compañeros. En este espectáculo es un poco así. Dices, me encontré con esta persona y haces la persona y en ese momento la estás interpretando. No sé si es imitación interpretación, yo lo que hago es intentar parecerme a ese personaje. Si hablo de Fernán-Gómez trato de que sea Fernán-Gómez. Gabino va contando cosas, pero siempre ha sido una necesidad en mí moverme de un personaje a otro.

Siempre desde la ternura con gestualidad y texto a partes iguales…

Me hizo gracia una crítica que decía que dejaba todos los títeres con cabeza. Antonia SanJuan  me comentó que a ella le dicen lo contrario. Yo hago esto, creo que uno puede ser crítico con la ingenuidad y siendo muy tierno. A veces puedes criticar mucho más injusticias que siendo agresivo y enfrentándote directamente. De alguna manera lo que quiero con este espectáculo es entretener y divertir. Creo que hay cosas de las que hablo que me preocupan y lo importante es que el espectador se lleve algo a su casa, que le haga reflexionar, pero lo primero es que se entretenga y se divierta.

¿Imitas a algún político?

Sí, están Aznar, Bush, Fidel Castro, quería incluir a Zapatero, pero todavía no me acaba de salir bien. Son simplemente recreaciones de cosas que han dicho, pero prefiero que la gente lo vea. Creo que por debajo la gente puede ver crítica, pero si no lo que ve es algo divertido. Me decía un amigo que cuando tú ves “El apartamento” de Billy Wilder o “Con faldas y a lo loco” lo que ves es una película divertida que por debajo se habla de la soledad y de muchas cosas, pero lo importante es que la película sea divertida.

Este espectáculo está dentro de la Temporada del Humor del Amaya…

Cuando me contaron si quería ir al Amaya no me lo pensé dos veces. Me pareció maravilloso, primero porque es el teatro de Moncho Borrajo, que es del profesión, por otro lado, éste es el primer espectáculo unipersonal que hago, donde estoy yo solo, pero hay luces, música y en la Temporada actúa gente que me parece muy buena, que admiro mucho: Ángel Pavlosky, Moncho Borrajo, Antonia Sanjuán, VolRas, gente que lleva muchos años haciendo y esto. Para mi estar entre ellos es una suerte. Moncho Borrajo decía en la rueda de prensa que yo había dejado el cine para hacer esto y yo digo que esto lo hacía antes que el cine. Yo desde pequeño esto que hago en el escenario para 2.000 personas, está trabajado durante cuatro meses, pero de alguna manera es algo que yo hacía cuando tocaba en el Metro…

¿Es algo innato?

Es algo natural, como dirían en mi clase, hacer el payaso. Tiene que ver con eso, lo que pasa es que muy trabajado, más profesional, pero de  alguna manera es lo mismo que hacía cuando me sacaban a decir la lección y no me la sabía y se reían.

¿Tienes algún recuerdo para Agustín González?

Estoy en Alicante y no voy a poder estar. Lo he sentido mucho. Mi espectáculo habla mucho de mis comienzos en el cine con “Las bicicletas son para el verano”, donde hizo de mi padre con una interpretación magistral, y las malas críticas que tuve y mi primer contacto en el cine fue con él. Hizo también de mi padre en “Los peores años de nuestra vida” y en “Belle Epoque” hay una secuencia en que yo le gritaba “¡abajo el clero!” y él me decía “¡a que me bajo y te doy un par de hostias!” y el cine se caía abajo. Te estoy contando esto y me estoy emocionando. Es un tío fantástico, muy generoso. Coincidíamos y volvía hacer de mi padre. Era un gran actor y en España no le hemos valorado. De alguna manera siempre lo hemos sentido como alguien de aquí, de casa, un monstruo como actor que estaba compartiendo función con José Luis López Vázquez y Manuel Aleixandre que son el cine español. A veces en España no se les da la importancia que tiene esta gente, que se merecen estos artistas.

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