Liquidación

Amargura en el nombre y una misión de oficio, la de perseguir a un muerto en vida que pertenece a la laya de los intelectuales desde la dimisión de su existencia. Bé peregrina a la consulta de su exmujer por su dosis diaria de atención, de un analgésico para ese dolor que tiene malquistado, con ese hilo de desolación por la mutua pertenencia a la destrucción y en el caso de B al campo del desastre, Oswiecim, léase Auschwitz. El infierno indefinido e inaprensible donde los carteristas se lucran del estupor y la conmoción. Kertész abre las fosas de la Hungría si no cómplice, cautiva del silencio que complació las necesidades antropofágicas del régimen nazi y estatalista desde una estructura policíaca en la que la resistencia es la única salida honesta pero imposible a figuras como este Keserü editor. El doblez de vidas confunde a editor y novelista con Judit, en lucha por la normalidad como delgada línea con la cordura, huida de este infecto agujero de B para abrazar a un turista inesperado y persistente, Ádám, triunfador y convencional. Pero todas las historias sólo pueden acabar con la revelación que anuda la angustia del conocimiento. Frente al suicidio como derrota se ensalza la vida, obligada tarea del que quiere sobreponerse a la deserción y desobedecer el texto de una trayectoria que parece dramáticamente escrita, la de los hombres y mujeres marcados con letras en su cuerpo. El cansancio de la llamada realidad en la que la incertidumbre del soy o no soy oprime desde el individuo y culmina en unos personajes a los que vemos fraguarse en despachos de luz insomne o caminar por calles grises, reino de mendigos que podemos ser cualquiera, provistos de sus uniformes militares ceñidos con lazo de bata de ama de casa. La rutinización del afán belicoso se mezcla con el café del desayuno. Para evitarlo, nada mejor que pronunciar un “buenas noches” que Keserü y Sára remojarán con champán y la pulsión del sexo desde el recuerdo.

Liquidación. Imre Kertész. Santillana. Madrid, 2005. 164 páginas.

Y por si buscando Kertész encontráis a André, un avance, porque la confusión merece la pena…, y que además, a mi me recuerda personalmente a uno de los cuadros de la colección del Banco de España, “Huyendo de la crítica” de Pere Borrell. Una lástima el desconocimiento general de esta obra, perdida entre los lienzos del BE.

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