El Lazarillo de El Brujo

Sigue el éxito, no podía ser de otra forma. El Brujo apostó por celebrar 25 años en escena con un reto, el San Francisco de Dario Fo y cierra ahora triunfal con el “Lazarillo de Tomes”, adaptada por Fernán Gómez. No lo decimos nosotros, las cifras del Infanta Isabel cantan y la melodía es la de un caluroso aplauso.

Dice que cuando empezó a hacer el espectáculo -dentro de un par de meses hará quince años- se envejecía para hacer el personaje y ahora he tenido que retocar el maquillaje, porque ya no le hace falta. Rafael Álvarez, el Brujo, para éste, su Lazarillo, ha tenido que encontrar el equilibrio entre el toque teatral para ir a tono con la luz y el efecto de teatro de farsa, donde los actores jóvenes para hacer de viejos se pintan, y que ha ido amoldando, creciendo con él por todo el mundo. Por lo pronto, ha dejado atrás una peluca gris plateada que le acompañó cuando aún no pintaba canas y le servía para remedar al pícaro. “Ésos son los efectos de una obra que ha visto un millón de espectadores, unas cifras verdaderamente impactantes para el teatro, para un actor en solitario y con un texto netamente español del Siglo de Oro”.

Una obra viajada

Dos mil representaciones en unos quince países, Venezuela, Colombia, Costa Risa, Uruguay, Paraguay, Bélgica, Francia…, aunque recuerda con especial cariño la Jerusalén árabe donde actuó en el Centro Dramático de Palestina, en el teatro Hakawati, “una especie de sala, un garaje donde pueden caber dos, tres coches como mucho, con unas cuarenta o cincuenta sillas, con un improvisado escenario sobre bidones”, cuenta plásticamente el Brujo. Allí, se encontró con los judíos de la diáspora, huidos de Sefarad que se reconocían en ese castellano antiguo del “Lazarillo”.

Entre las cosas que dice agradecer al pícaro del Tormes está el haber coincidido con las “grandes estrellas mediáticas de la política internacional”, en alusión a su participación en el Festival de El Paso, Texas hace ocho años cuando Bush estuvo allí de gobernador, no sin cierta sorna.

La restauración de un clásico

Fernando Fernán-Gómez ha logrado que el Brujo se calce el personaje a la medida, manteniendo el lenguaje rotundo y rítmico de la obra origina, el “castellano recién cortado”, como dice el intérprete cordobés. El actor sólo habla parabienes del responsable de la versión, “es un gran maestro dramáticamente hablando, un gran actor y un gran hombre de letras”  que ha ahormado el texto a la medida del juglar que es Rafael Álvarez. Y nos explica cómo ha logrado que ese lenguaje, esos episodios y esas aventuras del Lazarillo sean próximas al público de hoy: “Ha hecho un tratamiento de restauración del lenguaje como de restauración de una antigua catedral con la palabra”. Prosa con solera.    

Según el Brujo la temporada ha sido fantástica, “yo no me la esperaba, uno cuando va a estrenar tiene siempre cierta incertidumbre que es lo que crea cierta tensión radiante, de emoción, de “vendrán, no vendrán”, que es en cierta manera estimulante”. Incluso para los que como él han disfrutado las mieles del “no hay billetes” siempre está ese miedo. “En esta ocasión mi equipo me decía, “va a ir muy bien, es una temporada estupenda”, pero creo que ninguno esperaba que fuera tan bien, porque sino quizá hubiéramos hecho el primer espectáculo todo el tiempo, porque la gente se quedaba en la calle cada día y era una afluencia de público superior a la esperada”, afirma el Brujo. Y añade, “hemos hecho el “San Francisco” seis semanas como estaba previsto y hemos prorrogado una semana más por ese éxito. Luego hemos hecho “El contrabajo”, que pensábamos todos que era minoritario, para una cierta elite muy puesta en música sinfónica, lleno de referencias a Wagner, a Beethoven, de un autor contemporáneo, durante sóloo una semana, pensando que era importante tenerla en esa trilogía como representativa de una evolución artística y nos ha sorprendido gratamente que la hemos levantado con el público también arriba”. Ahora el Brujo regresa con su espectáculo emblema, el más visto, el más reclamado, con un único deseo, “espero que funcione”.

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