Aires familiares

Se habla de daños irreparables para la institución familiar, se habla de normalidad y de preservar la situación de siempre, de sentirse atacados, de frenesí laicista, de la dignidad del ser humano, de ecología humana… De ahí a la eugenesia sólo hay un paso.
“Ya pondrán otros las cifras” es la consigna desde Telemadrid, quizá porque las previsiones eran más halagüeñas y no queda tanto de rancio en nuestra sociedad como los organizadores esperaban. La Policía Nacional les ha hecho el trabajo sucio eliminando las pancartas ofensivas para que no veamos el veneno de estos padres y madres tan preocupados por los valores cristianos, pero dispuestos a la ghetificación, una vez más del diferente desde el nacionalcatolicismo que equipara lo “normal” con la exclusión. Están asustados porque “la institución más consistente que conocemos” como afirmó la Schlichting corre peligro: a ver si cuando se abra la puerta al matrimonio gay van a salir todos de estampida como los toros por Estafeta y nos volvemos todos maricones y machorras obligados a “irrumare” al modo latino. La pregunta que nos surge con tanto retorno al clasicismo de estas gentes es ¿cuál es el modelo de familia que propugnan?, porque para la etimología vuelve la vista al derecho romano por aquello del devenir de la mujer en madre, sin acordarse como bien cita en su libro Pascal Quignard del espanto que soportaban las mujeres derivado de su rango, con esponsales que se fraguaban ante las cunas de mujeres infantilizadas o de las aficiones del emperador Tiberio “de boca obscena” al que agradaban las escenas de bebés mamándosela a viejos pudientes o a la tradición del bestialismo. ¿Dónde encuentran la zona de luz entre tanta tiniebla en la historia del hombre muestra innegable de que nunca ha habido barreras suficientes al deseo lascivo y menos en las jerarquías eclesiales?
Pensemos de forma edificante y recordemos los nombres de los anunciantes que apoyaron con su dinero la retransmisión de la cadena de todos los madrileños, apuntemos en nuestra memoria a los intelectuales y artistas que no han dudado en secundar a la feligresía que no ha superado, no sólo la victoria del 14-M, si no la transición y siguen coreando eslóganes que ahora pueden refrescar viendo por la tele “Cuéntame”. La COPE nos traslada en directo a los tiempos de entonces, poniendo el micro a una niña de dos años para que, desde su inocencia ponga el punto tierno a la transmisión. Canciones y espectáculos ñoños de gentes que gritan “No a la guerra contra la familia” pero a los que no repugnó en su momento el asalto de las calles de Bagdad en fósforo verde retransmitido durante la invasión de Irak, consentida y auspiciada por el apoyo humanitario del que criticara a los pancartistas (el mismo que dijera “La política no es cosa de agitación, sino de ideas. No es cosa de pancartas, sino de proyectos” y “Se ha intentado sobrepasar al Gobierno no por las urnas sino por la presión de la calle”) que tanto le molestaron entonces en la omnipotencia de su despacho anecoico.
Por eso nos suena, nos es familiar todo esto, porque si se nos había olvidado, Fraga se ha encargado de decir al término de la campaña gallega que ellos lo que dan es “más de lo mismo”. Nada de cambios, ¿para qué? Ahora, lo que sí parecen haber aprendido es a usar el poder de la calle, convocando manifestaciones para crispar los ánimos, para generar una sensación de descontento permanente en la que acusan al Gobierno de querer provocar un suicidio colectivo de la sociedad. Lamentablemente estos ciudadanos de la intolerancia tan en desacuerdo con el statu quo no toman decisiones serias como los fieles de la secta Moo o los seguidores de Wacko, en lugar de recomendar las terapias de shock para exterminar las aberrantes conductas de los homosexuales como sugería la presidenta de United Families International, Sharon Slater. Esperemos que los homosexuales y lesbianas del PP sean los que pidan día y hora para la próxima manifestación con el lema ”Basta ya”. Pensemos en que se han fletado cinco aviones y treinta y cinco autocares para transportar a todos estos amantes de la vida y sordos ante la muerte de una mujer cada minuto en África por su obcecación en la abstinencia como medida de contención frente al SIDA. No será por falta de recursos que todos estos defensores de las leyes de la sangre se queden en casa, habría que pasarles una encuesta de ingresos para ver de qué estamos hablando en realidad, si de la defensa de la familia o del mantenimiento de los privilegios de casta. Si la anacoresis era la huida de los insolidarios con las cargas del fisco ¡Váyanse de nuevo al biotopo si tanto asco les damos los anormales!