Ana y Alejandro o de todo menos inocencia

000_0531Un salón de bodas, cuatro iniciales de las que uno quisiera para bordar en el juego de toallas y un texto, el retrato que hace Juan Mayorga de la derecha española, reunida en  la boda de la infanta Anita. Ésta no es la boda de un pequeño burgués, sino el evento del año, donde lo más rancio de la política –incluso especies que podrían parecer en peligro de extinción- retroalimenta sus ambiciones de ascenso, posición económica en pleno monasterio de El Escorial. En un entorno serrano propio de reyes y con la misma percepción a vista de pájaro que desde otro mausoleo granítico las aves de rapiña del régimen se reparten el botín como urracas. El público, dispuesto en el salón como si fuera un convidado más, descubre que allí todo es brillo, glamour, peluquín y pelucón y más impostura que apostura.

Todo esto dentro de un festival como Escena Contemporánea, pero para no comprometer a la Comunidad de Madrid más de lo necesario, poniendo todo tipo de trabas para buscar la obra en el programa de actividades y obligando a dulcificar el reclamo de Animalario, eliminando el subtítulo de “Lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente”.