“El hombre de Central Park”: entrevista a Carlos Larrañaga

¿Cómo es Carlos Larrañaga desde la silla de dirección?

Llevo mucho tiempo dirigiendo mis funciones, pero Carlos Larrañaga desde la silla de dirección no deja de ser actor, porque siempre me pongo a favor, del actor, apoyándole. Nunca dejo de ser actor y menos cuando dirijo y creo que un actor-director entiende mejor a los actores que una persona que solamente dirige.  

¿Cómo ha ido creciendo la obra desde los ensayos?

Esta obra que escribió Santiago Moncada con una carpintería estupenda en mes y medio y que se ha montado con muchísima ilusión por parte de Enrique Cornejo, mi socio, y con las actrices que nos gustaban. Es un gran divertimento. Se habla siempre de alta comedia, algo que me parece un poco rimbombante. Digamos que es una función con una carpintería muy inteligente como toda la obra de Santiago Moncada y que es un divertimento que juega a veces a ir un poco más allá y con esa forma de escribir de Santiago y sobre todo, conociendo mi forma de interpretar tiene algunas sorpresas sentimentales y un final que yo creo es muy sorprendente.

¿Se ha hablado de que la función tiene un toque amargo?

Más que amargo, yo diría que patético, porque habla de un hombre que va cumpliendo años y que no quiere envejecer, no que no sabe, si no que no quiere y lo digo yo que he sabido.

Ernesto, ante la evidencia adopta la amnesia como solución…

Claro, es un malabarista de los sentimientos y adopta cualquier actitud que le pueda favorecer. Es un caradura muy simpático.

Más que derrotado, está desorientado…

Si estuviera derrotado no inventaría todo lo que inventa. Es un hombre que está profundamente indignado con el hecho de la madurez, esa madurez que ya roza la vejez y por eso no la quiere aceptar.

Su donjuanismo es un no saber relacionarse con las mujeres…

No hablemos ya de Marañón que sostenía que don Juan era homosexual. Creo que todo hombre que tiene la suerte de enamorarse a los sesenta y ocho años de alguna forma ha fracasado hasta entonces, pero si tiene el espíritu joven y la suerte de encontrar una mujer maravillosa y reconocer sus errores y encuentra el amor, no quiere tirar la toalla.

¿Qué puede convencer al público a ver la obra?

La historia de un personaje dentro de una trama muy divertida con la que pasar unas horas muy entretenidas y reírse. Hasta ahora lo hemos conseguido en todas partes y no pretendemos nada más y nada menos que disfruten dos horas agradables.

¿Cuántas mujeres le dan réplica en escena?

Cuatro bellísimas mujeres. Marisa Lahoz que ha sido mi primera actriz en muchas ocasiones y es una amiga entrañable y a la que llamo por su calidad, Marina Oladiz que aparte de ser un monumento es una colaboradora estupenda, Marta Gutiérrez con  la que he trabajado en varias ocasiones y a la que siempre que puedo llamo y Ana Escribano con la que me voy a casar dentro de un mes.  

¿Han sido complicados los ensayos con tanta expectativa fuera de lo teatral?

Siempre es complicado, pero por lo visto es la historia de mi vida.

¿Hay alguna escena en la que se sienta especialmente cómodo?

Yo me siento cómodo en todas las escenas porque estoy arropado por unas actrices maravillosas y por un director que no ha sido excesivamente exigente conmigo, pero indudablemente hay escenas que tienen para mí un contenido sentimental muy fuerte que no puedo evitar.

Ha llegado a decir que para las lágrimas de Ernesto ha recuperado algunos momentos personales tristes…

Yo creo que todos tiramos de recuerdos para que asomen esas lágrimas que requiere una escena.

Su última incursión en teatro fue “Sin rencor”…

Fue una equivocación mía, pero la vida de un actor está llena de altibajos y no hay nada peor que creerse el éxito. La humildad de vez en cuando está muy bien.

¿Cuál ha sido la acogida?

Debutamos hace casi cuatro meses en Valencia, fuimos a Murcia con teatros llenos y lo último ha sido Huelva donde se quedaron sin localidades una semana antes. Estamos profundamente contentos y agradecidos a la acogida del público.

Ha dicho que le gustaría que este trío con Cornejo y Moncada fuese duradero…

Hay ideas ya, pero ante la reacción con esta función se han quedado en el cajón, pero me gustaría contar con ellos, porque Cornejo es un hombre que ama profundamente el teatro y se está dejando la piel en él. Estamos muy de acuerdo y pensamos muy igual y es una relación amistad-sociedad que quisiera que durara muchos años.

¿Cómo lleva la comparación con Arturo Fernández?

Siento una enorme amistad y admiración por él. Para mí es un honor que me comparen con él.

¿Cómo es su madurez escénica?

Llega un momento que no necesitas ciertos recursos que sí te hacen falta cuando eres joven. Yo me siento muy a gusto como se decía antiguamente a cara lavada.

¿Sigue teniendo ganas de seguir sobre las tablas?

Ahora lo que me apetece fundamentalmente es hacer teatro.

¿Cómo resumiría su trayectoria?

Muchos años de trabajo, la suerte de haber tenido grandes maestros y directores y aprender todos los días, porque aunque dicen que hacer teatro es hacer siempre lo mismo, pero es mentira, porque el público es siempre distinto. Yo creo que es una descarga de adrenalina que es lo que me mantiene joven a mis noventa años.