Entrevista a Víctor Olmos

Alicia González

A primeros de marzo verá la luz “Un día en la vida de El Mundo”, una introspección de ombligo para adentro, de un periodista observando a otros para eviscerar delante del lector a las aves de rapiña de la prensa. Aplicando las técnicas de la arqueología de materiales esta vez le ha tocado a El Mundo ser objeto de la lupa. Reconoce no haberse autocensurado, sino contar todo lo que era necesario para hilvanar la trayectoria de un diario joven, porque para Víctor Olmos lo importante es contar historias. 

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de El Mundo?

Este libro una crónica y al mismo tiempo es una historia. Es la crónica de un día, el jueves 27 de marzo de 2003 y al mismo tiempo es la historia del periódico, porque al hilo de lo que ocurre ese día, se cuentan también los hitos periodísticos de un diario que celebra en octubre de este año su quince aniversario y del que no sabía nada sobre sus interioridades más que como lector. Durante cuatro meses fui al periódico todos los días y todos colaboraron –incluso el director, a quien sugerí este libro en las Navidades de 2002-, sin pretender nada a cambio.

¿El desarrollo es tan vertiginoso como uno se imagina la rutina de un periódico?

Exactamente, porque es la crónica de una jornada, empezando a las siete de la mañana y terminando a las siete de la mañana del día siguiente, con la intención de contar qué ocurre en esas veinticuatro horas. No es ciencia-ficción, sino la realidad que viví estando en la redacción. Cuento prácticamente hora a hora todo lo que ha ocurrido ese día desde la primera reunión para planificar el periódico del día siguiente, hasta cómo los columnistas están escribiendo en sus casas sus columnas. Estamos en plena guerra de Irak, que había empezado hace siete días y vemos cómo trabajan los corresponsales Alfonso Rojo, Javier Espinosa, Mónica García Prieto, o Julio Anguita Parrado -que unos días después moriría alcanzado por un obús- y cómo se está cubriendo la noticia desde donde se produce, Irak, Jordania, Israel… Al mismo tiempo se cuenta cómo trabajan los informadores de la sección de Cultura, porque ese mismo día se produjo una manifestación de los actores en Madrid contra la guerra.

Más que una investigación desde el punto de vista de un teórico de la comunicación es el relato minucioso de una persona que ha estado al otro lado como periodista…

Lo que se pretende es contar cómo funciona un periódico, observando. Todo el mundo tiene mucha curiosidad por saber cómo funciona un periódico, pero muy poca gente ha leído cómo funciona verdaderamente y el interés de la gente se ve por el éxito que han tenido películas como “Ciudadano Kane”, “Todos los hombres del presidente”, “Al filo de la noticia” y series como “Lou Grant” o “Periodistas”. Yo elegí El Mundo por dos razones principales, primero porque es el segundo periódico más importante de España por su circulación -más de 300.000 ejemplares-, su influencia y credibilidad y segundo, porque a mi juicio era el líder en investigación, tanto política como económica o social. En esta jornada que reconstruimos, por ejemplo, los dos grandes periodistas de investigación, Antonio Rubio y Manuel Cerdán están continuamente entrevistando a fuentes de Miami y Bruselas para hacer un reportaje sobre narcotráfico.

Y el hecho de rescatar la historia de un periódico relativamente reciente significa que la prensa española ha dejado de ser un negocio familiar… ¿Merece un diario tan nuevo una revisión de una historia tan corta?

Yo creo que sí. Durante muchos años los principales periódicos fueron un negocio familiar como es el caso de ABC, La Vanguardia, El Faro de Vigo o el Heraldo de Aragón, pero es evidente que medios como El País o El Mundo se han convertido en los dos más importantes en los últimos años y a mi juicio tienen una historia muy interesante. Aparte de la trayectoria del periódico mismo el libro explica cómo se tratan las historias, cómo se investigan, cómo se producen. En cierto modo mis libros anteriores eran la historia de unos medios, pero ahora no he hecho la historia de El Mundo, sino que he contado un día concreto, insertando los hitos de su trayectoria, que es mucho más fácil en esta caso al ser quince años, frente a los cien de ABC.

Esa misma brevedad ¿ha supuesto algún problema a la hora de seleccionar los personajes más destacados?

No, porque en este caso los protagonistas son los propios reporteros que hacen El Mundo, pero también lo son columnistas tan famosos como Francisco Umbral, Manuel Hidalgo o Raúl del Pozo. Naturalmente revelo quién se esconde tras el seudónimo de Erasmo (José Luis Gutiérrez), porque mucha gente no sabe quién es y cuento la columna que escribe ese día, “Locuras”, muy divertida y que da la casualidad que es la única que reproduzco completa en el libro, por ser muy corta y porque hay que leerla toda para darse cuenta de su significado.

¿Es un buen momento para figuras como ésta que denuncian la hipocresía, aunque sea en tono críptico? ¿No es un poco difícil de desentrañar para un lector no habituado?

A mí me parece estupendo. El Mundo es uno de los periódicos donde más se cultiva el columnismo de todas las ideas, desde el liberal-progre al liberal-conservador. Yo siempre digo que Erasmo es para gente informada y culta. Él cumple su objetivo y estoy seguro que la gente para la que él escribe, entiende lo que quiere decir.

¿El Mundo es ahora el estandarte de la protesta periodística?

Es un periódico muy bien concebido con una línea editorial muy clara y tal vez sea uno de los más norteamericanos de la prensa española y ése para mí es uno de los mejores elogios que se le pueden hacer. En un periódico como éste se nota que su director conoce muy bien la prensa estadounidense, la más elaborada del mundo y ha estudiado muy a fondo diarios como el Washington Post o The New York Times, dándole esta vitola a su periódico, algo que era muy necesario en el periodismo español y que todos intentan imitar.

¿Es fácil dejar en buen lugar a alguien tan controvertido como Pedro J. Ramírez?

Todas las personas que han hecho cosas nuevas y descollantes son controvertidas, no hay nadie que sea importante que haya sido aplaudido por todo el mundo. El objetivo de mi libro no era dejarlo bien o mal, sino contar qué es lo que hacía su periódico.

Hace poco se publicaban los datos del Libro Blanco de la Prensa donde se recogía la caída brutal de los índices de lectura de periódicos. ¿Esta factura periodística de su libro es una receta para recuperar el gusto por la lectura al modo de Sofía Casanova cuando contaba en directo para ABC la Revolución rusa…?

No lo sé, pero me encantaría. Creo que puede tener interés y si sirve para que la lectura de diarios crezca mucho mejor. Mi objetivo es familiarizar a la gente con los periódicos que leen y si además sirve para que los que no leen periódicos lean, mucho mejor.

Este tipo de libro es nuevo en España, pero ya en 1971 se publicó en EEUU “A day in the life of The New York Times” que reconstruía un día del periódico más importante del mundo. Yo además he aprovechado para contar mediante flash-backs los hitos periodísticos del diario.

¿Cree que los medios de digestión audiovisual están contribuyendo a este declive?

En absoluto. Cuando surgieron la radio y la televisión se dijo que acabarían también con los periódicos, pero yo creo que siguen pujantes. En España nunca se han vendido el número de ejemplares que se venden ahora, que supera con mucho las cifras de ventas tradicionales. La gente sigue comprando los periódicos, porque  son más analíticos que la televisión e informan con más lujo de detalles para que el lector pueda extraer su propio juicio de lo que está ocurriendo y además gozan de una línea editorial que ni la radio ni la televisión tienen de forma tan acusada, algo en lo que El Mundo también destaca.

Un editorialismo que ha definido como transideología ¿Ésa es la tendencia del futuro?

Es evidente que cuanta mayor objetividad tenga, mayor será su credibilidad y en ese sentido la jornada que analizo en el libro da una muestra infalible de que no sigue las consignas de un partido. El Mundo durante los últimos seis o siete años se consideraba que era una especie de defensor del PP: le había ayudado a ganar las últimas elecciones, había colaborado en exponer más claramente la política del Partido Popular y parecía que era una especie de brazo más del partido. Pues bien, cuando está a punto de desencadenarse la guerra el periódico que siempre había defendido al PP es el que más se enfrenta con la política belicosa del PP.

¿Y no cree que eso era quizá lo que esperaban los lectores del diario?

No sé si era de esperar o no, lo que sí es cierto es que ha comulgado con sus ideas. Había defendido la mayoría de las posiciones del PP y cuando el periódico consideró que el PP estaba a favor de algo con lo que no estaba de acuerdo lo denunció. Así ha demostrado que defendía las tesis del PP porque creía que eran buenas y cuando no coincidieron con las que creía adecuadas se enfrentó, dando una prueba de que no es un periódico que defiende a un único partido como ocurre con otros medios.

¿La introducción del grafismo ha influido de forma muy directa en el éxito del periódico, contando lo complejo en imágenes sencillas como si fueran capiteles románicos?

Desde el punto de vista gráfico es realmente espeluznante cómo un periódico con sólo 15 años se ha convertido en líder de diseño a escala mundial como lo ha reconocido la Asociación Internacional. Ése es uno de sus mayores logros, e indudablemente Pedro J. está detrás de ese éxito, ayudado por un genio del periodismo gráfico como es Carmelo Caderot. El grafismo tan bien utilizado ha sido una de las armas para ascender tan rápido dentro de la prensa española y no hablamos sólo de fotografías o mapas infográficos, sino de un diseño atractivo, claro y sugerente. Por otro lado, el periodismo de investigación que ha desarrollado desde el principio y donde también es líder le ha conseguido un buen cupo de lectores.

¿Qué pretende conseguir de sus lectores de libros que no haya logrado de sus lectores de prensa?

La verdad es que no creo que como periodista tuviera muchos lectores, porque actué muy poco como reportero. Empecé haciendo prácticas en ABC y luego estuve en EFE, haciendo una labor muy anónima, para luego pasar al Reader’s Digest donde era más editor que director. Así que creo que mi influencia como periodista en activo fue prácticamente nula.

¿Pretende paliar las carencias existentes en historia de los medios de la comunicación social?

Estoy poniendo las técnicas del reporterismo al servicio de la historia, porque hay pocas historias de medios de comunicación en España y las que hay son institucionales. Las mías son para leer, no para aprender, y eso es lo que yo persigo, que la gente se entretenga leyendo el libro y al mismo tiempo se sorprenda con cosas que no sabía antes. Mis libros jamás se convertirán en best-sellers, pero tienen buenas críticas, resultan cómodos de leer y pueden hacer los medios más asequibles a la gente. Mi trabajo ha sido el de buscar cosas aquí y allá para luego ponerlas en una secuencia que resulte amena. He conseguido documentación en las hemerotecas, en entrevistas personales y en las publicaciones sobre el tema -porque se han escrito con cuentagotas verdaderas joyas que no ha leído nadie- para escribir no uno, sino cinco libros, pero tan importante como encontrar es saber desechar.

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