Entrevista a José Manuel Blecua

El ocupante del sillón h minúscula de la Real Academia de la Lengua Española, José Manuel Blecua Perdices, preside el Comité Ejecutivo de la Comisión del IV centenario del Quijote. Este zaragozano y catedrático en la Universidad Autónoma de Barcelona tiene la oportunidad de aprovechar la conmemoración para lograr que los eventos programados se traduzcan en un cambio en la sociedad y no queden en fugaces encantamientos del mago Frestón. Difícil encomienda.

¿Cómo se organiza este centenario que tanto confunde a los profanos?
Surge por un Real Decreto del 11 de junio de 2004 que crea una estructura un poquito compleja. Hay un Comité de Honor formado por todos los ministros de Cultura de los países americanos que presiden los Reyes y el presidente del Gobierno. Luego hay un pleno formado por los presidentes de las Comunidades Autónomas, los Rectores, escritores, artistas, como Gutiérrez-Aragón o Paco Nieva… Yo presido la Comisión Ejecutiva, que es la que pone en marcha todas las actividades, de acuerdo con las directrices que establece el Pleno.
La complejidad de la estructura ¿está creando tensiones?
Al contrario, porque empezamos a trabajar para organizar todos los aspectos administrativos mucho antes de que comenzara la Comisión de Honor. Ha habido unos trabajos previos como las normas del logotipo, su unificación y todo este tipo de cosas que parecen una tontería y llevan muchas horas. En la Ley de Presupuestos del Estado, con el Gobierno anterior, por ejemplo, estaba prevista la creación de un consorcio de beneficios fiscales.
¿Lo más conflictivo ha sido quizá el reparto de las subvenciones?
No. Dentro de la Sociedad Estatal hay una Comisión compuesta por los directores generales de Asuntos Exteriores, del Libro, de Cooperación Cultural y está García Velasco, el responsable de la Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales, el Ministerio de Educación, el Instituto Cervantes, el director de la Real Academia, el director de Educación, la directora de la Biblioteca Nacional… Es una Comisión realmente técnica. Está Hacienda para tratar los problemas del consorcio, los presupuestos, la justificación que hay que hacer el año que viene cuando acabe todo… Todas estas labores oscuras, que no tienen resonancia, son fundamentales para que funcione. Y ahora estamos con los análisis de los proyectos que todavía se están recibiendo.
¿La sustitución de Rico ha sido más necesaria que dolorosa?
No. Francisco Rico y yo compartimos pared treinta y tantos años, tenemos los despachos juntos, nos llevamos bien desde chiquillos, aunque yo soy mayor que él, y tenemos muy buena amistad. Él me pasó toda la documentación, incluso las cartas particulares. Y la verdad es que no se había puesto en marcha nada cuando renunció por problemas de incompatibilidades jurídicas.
Se ha hablado mucho del riesgo de saturación…
Sí, porque además todo el mundo quiere hacer sus actividades. Es muy emocionante que un ayuntamiento de un pueblecito quiera tener también sus actos de homenaje a “El Quijote”, ya sea porque Cervantes pasó o vivió por allí, su mujer fuera de allí o simplemente porque como El Toboso sea una población conocida en todo el mundo.
¿Cuáles son las que se pueden rescatar?
Fastos va a haber pocos. Queremos que sólo haya un gran acto oficial en todo el año, la entrega del Premio Cervantes como todos los años, que ya es bastante homenaje a Cervantes. No queremos cosas efímeras, sino duraderas.
El tercer centenario como recordó Martín de Riquer dejó un poso de obras de Unamuno o Azorín ¿quedará algo de ese mismo empaque?
Han empezado ya a escribirse obras sobre Cervantes y “El Quijote”. Los cervantistas, sobre todo los hispanistas, han organizado congresos de gran calidad, pero claro, lo que queda, queda para especialistas. Hay unas generaciones de hispanistas, tanto jubilados como jóvenes, como no ha habido nunca. Todo el mundo académico ha sido consciente de que tenía que arrimar el hombro.
Pretendemos crear unas estructuras de investigación sobre cómo se hace accesible hoy un clásico a un muchacho de habla española, cosas que pueden mejorar la situación de la comprensión lectora; el libro como fuente de conocimiento; el diálogo como fuente de relación, de solidaridad; el carácter simbólico de las obras; la relación entre la oralidad y la escritura y luego que los chicos conozcan la dimensión histórica de la época, la historia, el arte, los vestidos… Hay exposiciones magníficas como “Don Quijote y Barcelona”, pero son pocas las ciudades que tienen tanta cantidad de elementos cervantinos. Nuestra idea es que quede una dimensión internacional en los Institutos Cervantes, en los consulados, embajadas, que sea un poco la propaganda de hoy de la cultura española.
El presidente del Gobierno ha dicho que es una oportunidad histórica para atraerse el afecto de la comunidad internacional hacia el español…
En un momento en que además el español está de moda en el mundo…
¿Y está siendo más difícil hacer partícipe al mundo hispanoamericano de esta conmemoración o a los españoles?
En los dos casos ha sido muy fácil, en primer lugar porque este año es el Año Iberoamericano de la Lectura. Luego están los problemas que destacaba el informe PISA, ese mal nivel en comprensión lectora y de escritura… Si consideramos que el libro es la fuente de conocimiento para un muchacho que está estudiando, éste es el problema vital, aquí nos jugamos el futuro. En América no ha habido ninguna dificultad y en España ha sido muy bien recibido y creo que han tenido ustedes mucha culpa de esto, porque en general han dado un tratamiento al centenario muy gentil.
Mencionaba que el fin último es mejorar la formación de la juventud ¿Treinta millones de euros para un proyecto de Estado dan abasto ?
Eso es el gasto oficial, exclusivamente del Ministerio de Cultura…, después está el patrocinio de las empresas, el de ayuntamientos, diputaciones, Comunidades Autónomas…, Castilla-La Mancha, por ejemplo, tiene un presupuesto inmenso para esto. Lo que va a suponer es un cambio de mentalidad y creo que no podemos aspirar a más. Sí que se puede con la ayuda de las empresas y las instituciones, porque hasta de los pueblecitos más chicos están preparando cosas realmente encantadoras.
Carme Riera comentaba que los nacionalistas en el tercer centenario consideraron “El Quijote” un obstáculo para su proyecto de descastellanizar Cataluña…
Pero este año ha sido lo contrario, porque en un programa sobre el Libro y la Lectura que dura todo el año del Ayuntamiento de Barcelona, la parte de “El Quijote” y Cervantes ocupa un lugar fundamental. En eso hay un cambio muy grande.
¿Se está intentando patrimonializar el centenario por parte de algunas comunidades autónomas?
Como “Hamlet”, Homero, son obras clásicas de la humanidad, que no pertenecen a un país, ni a una comunidad autónoma.
Ha defendido que “El Quijote” es una reivindicación del humanismo anterior a Erasmo, un espejo de los problemas intelectuales… ¿Es una forma de vida?
Sí, muy compleja, porque son problemas de pensamiento. “El Quijote” está en una encrucijada del fin del Renacimiento y el comienzo del Barroco, en que cambia además el destino de España, con una decadencia histórica. Al mismo tiempo es el fin de un pensamiento de tipo humanista y la presión de uno mucho más complejo que nos va a llevar al “Discurso del Método”, por ejemplo.
Como estudioso de la lengua de Cervantes ¿cree que necesita una actualización?
Esa última edición, que me ha ocupado todo el verano, ha quedado muy bonita y está modernizada completamente, un Quijote con la lengua exactamente igual a la de hoy. Aunque era muy poco espacio, he recogido experiencias de mucho tiempo, sin notas, de una manera no erudita para que lo pueda leer todo el mundo y que sirva como clave.
En muchas obras Cervantes permite una lectura normal y otras requieren una sumamente delicada, porque son muy complejas, pero que a lo mejor no afectan a la comprensión total, al ser problemas de la erudición y la filología, que los lectores normalmente no saben y tampoco les preocupan. En Pekín o Tokio se ha leído “El Quijote” y se han enamorado de él, sin saber ni gorda de la filología.
Y en este debate de las ediciones críticas, ¿dónde está el punto medio?
In media virtus… Toda edición de los clásicos aporta algo y además, cada época lleva a las ediciones los problemas que considera fundamentales, por ejemplo, ahora esa síntesis entre escritura y oralidad o la relación entre el manuscrito y el impreso, los distintos soportes en “El Quijote” -todo ese sistema como de cajas chinas que dice Mario Vargas- la lectura en voz alta o silenciosa, que forman parte de la complejidad de la obra.
Rico proponía repensar “El Quijote” y ponerlo a la altura de los tiempos…
Es un momento muy bueno para utilizar “El Quijote” frente a los jóvenes, en la educación, para enseñar que la vida es un camino, que el diálogo es una fuente de conocimiento, que es necesario conocer perfectamente las técnicas orales y sobre todo las escritas, que la literatura es un gozo, que el humor también cabe en la lectura…
¿Qué es lo más emotivo?
A mí el capítulo que me sigue impresionando, por su novedad, es el sexto, cuando aparece el conjunto de libros que le han hecho soñar, que han hecho a Don Quijote, un hombre hecho por los libros. En cuanto a los actos, Correos está preparando una serie bellísima de sellos, demostrando que se puede llegar a “El Quijote” a través de las cosas más chicas y cotidianas, como los Quijotes para niños de seis años.
¿Se nos olvida que “El Quijote” es una novela más que un centenario?
Es más que una novela, es un mito y nuestro mejor bien. Nos enseña la utopía para modificar la realidad y que nosotros también podemos modificarla.

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