“En clave flamenca”, recupera clásicos españoles sin miedo al mal fario

3.000 personas en Japón y más de 5.000 en México han disfrutado con la propuesta escénica de Suite Española que ahora se marcha a San Petesburgo para participar en la Gala Internacional 2006. Antes han querido contarnos las claves de este estreno absoluto con el que defienden los grandes nombres de nuestra música,  Albéniz, Tárrega y Sarasate desde la fusión consiguiendo una acertada mezcla con los distintos palos del flamenco intensa y emocional.

Lo suyo podría catalogarse de flamenco de alto riesgo, porque en el montaje que ahora presentarán como riguroso estreno en Madrid incorporan un palo desterrado de los escenarios, la petenera en la segunda parte del espectáculo, Garnata. “Se trata de un baile muy elegante que por supersticiones se quitó de escena porque decían que traía mala suerte. Entre los flamencos es un cante maldito. La historia habla de una mujer judía desdeñosa con los hombres”. La que nos lo cuenta es Rosario Castro, primera bailarina de la compañía e intérprete de este número  intenso y emocional en el que se entrega vestida con un enorme mantón blanco. “La composición es más estilizada y sobria, con momentos muy sentimentales que hacen emocionar al público con esa mezcla de dureza y ternura”, añade Rosario. “Ningún flamenco se atreve a hacerla, pero a mí me parece el palo más profundo por los ritmos y las cadencias”, indica Ricardo Castro, responsable de la coreografía y primer bailarín con José Romero.
Basándose en música de Sarasate, Albéniz y Tárrega los integrantes de Suite Española han hecho una adaptación al flamenco, llevándolos por tientos, bulerías o tangos, para que sin dejar de ser flamenco evolucione hacia otro tipo de sonidos, para lo que cuentan con siete músicos en directo. “Como el flamenco está teniendo tanto auge el clásico español se está dejando apartado y por eso queremos que la gente conozca que tenemos músicos maravillosos a los que conocen más fuera que en España”, aclara Ricardo.

Tradición, evolución y tablas

Todo lo que han aprendido en festivales por Asia y países del Este lo han incorporado a su concepción del baile, con un  vestuario muy actual y estilizado, en la línea de lo que se llama flamenco escénico. Lejos de ceñirse a la sobriedad del negro o a la alegría de los faralaes acompañan cada pieza con el registro emocional que se plasma en los colores de su indumentaria para hacer del cuadro flamenco una experiencia más plástica si cabe. “Para los tientos del “Capricho árabe” hemos elegido los marrones por esa cadencia pesada, muy de tierra, en la adaptación que hemos hecho de “Recuerdos de la Alhambra”  hemos hecho una composición sobre un hombre que se enamora de esa tierra y de la eternidad y lo hemos querido marcar con los tonos de la arcilla. En el “Zapateado” jugamos con gris y blanco roto y por último, en el “Asturias”  de Albéniz que lelvamos por tientos  hemos buscado un azul verdoso muy especial”, dice Rosario. Para el bailarín “mientras que en el Capricho las chicas recrean esa sensualidad de la mujer árabe, con movimientos más estilizados, el segundo número es una especie de sueño amoroso que te envuelve con su pasión, pero en el que llega la melancolía”.

En escena las bailarinas recrean la sensualidad y los movimientos de la mujer árabe

Ricardo Castro nos relata el bagaje de la compañía: “Hemos estado invitados en Japón por el ballet del Kirov, en Japón nos vieron unas 3.000 personas, en Guanajuato la prensa ha hablado de más de 5.000 espectadores…”. Un éxito que radica en esta propuesta que aúna tradición y evolución en sabia mixtura. “Mucha gente relaciona el flamenco con la pena y se sorprende al ver un montaje como éste, que también gusta a  a críticos que saben de esto como Manuel Ríos Ruiz”, dice Rosario y apostilla Ricardo “hemos estado muchos años en tablaos haciendo flamenco puro, que hemos disfrutado mucho, pero con una estructura que a veces te encorseta y que hemos querido romper a favor de otras propuestas con la musicalidad de autores  como Albéniz”.
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