Entrevista a José Luis Fernández

Repasamos con la mirada sus figuras pulidas en madera, la escultura de encargo en bronce, la de corte orgánico, el naturalismo social de sus primeros años para descubrir tras ella el rostro afacetado de este asturiano amable, de manos quebradas por la herramienta que es José Luis Fernández. Un creador de aire decimonónico que ha acercado a Torrejón, donde fabrica en su taller-fundición de la calle Cobre, todo ese imaginario de seres que pueblan su bosque particular.

En qué consiste esta exposición que has presentado, a la que al final has traído más obra de la que estaba previsto inicialmente…

Es una retrospectiva y como a mi edad ya hay mucha obra he tenido que suprimir muchísimas piezas. Hay una representación de distintas etapas mías, por ejemplo, están reflejadas mis formas orgánicas, encuentros, germinaciones, series de péndulos, series de figuraciones…

La estructuración no es cronológica… ¿Cuál es el criterio que has utilizado para estructurar exposición?

He cogido lo que tenía a mano, en el taller de Torrejón, lo más representativo de cada época que han sido expresiones en las que yo me he movido, porque además he tenido muchísimas etapas y no podía traer todo.

Hay desde formas humanas hasta otras que semejan formas de la Naturaleza…

Tengo unas 30 o 40 piezas de esta serie de formas arbóreas, orgánicas, figuraciones. Hago unos bocetos previos para que la gente vea que el escultor dibuja sus esculturas antes de hacerlas.

¿Cómo es el proceso de inspiración?

La inspiración viene ante el dibujo y de ahí vas al volumen. Si por ejemplo, vas a hacer la escultura en piedra, juegas con unos conceptos, distintos a los del bronce o la madera. La materia te impone unos conceptos también, porque con la madera tienes que ir a bloques, lo mismo pasa en el mármol. En cambio en el bronce es menos rígido.

¿Nunca partes de piezas previamente trabajadas en barro?

Normalmente suelo moldear todo en cera, aunque también hago barro. Otros escultores moldean todo en barro. Esa pella inicial la cojo de cera, porque cada uno tiene su manera de trabajar. 

¿Qué quieres contar con esta exposición que se presenta hoy?

Mostrar al pueblo de Torrejón, dado que vivo aquí, la obra de un escultor, su trabajo.

¿Cuando creas tu punto de partida es más comunicar un mensaje o mover a la emoción?

Primero está tu mensaje y luego llega el que percibe el espectador, porque habrá gente a la que le llegue lo que haces y gente a la que no. El artista cuando trabaja, lo hace para él, no piensa en los demás. Dependiendo de la etapa en la que te encuentres tienes unas inquietudes u otras. Por ejemplo, aquí hay un torso que es como un hada asturiana, una mujer el bosque, una mujer arbórea, donde uno compone un torso plásticamente a su gusto y el mensaje es el que te aporta en ese momento, sin preocuparte nunca de si va a gustar o no, porque es a ti a quien te tiene que gustar. El artista siente un placer al crear la obra.

Mucha gente tiene la tentación de tocar las esculturas…

Sí, son táctiles todas, incluso al no ser muy voluminosas se prestan para ello. Normalmente eso es algo que no ocurre con la pintura. Hay un museo en Madrid para personas ciegas en el que puede tocar las esculturas y la percepción que tienen es la misma que tú con los ojos abiertos. No me importa que toquen las esculturas, siempre que no las tiren de las peanas.

¿Cómo ha evolucionado tu temática?

La primera época, como la de todo el mundo es figurativa, grupos sociales o como ésa mujer que ves con una gallina en la mano, que es un Premio Nacional de cuando yo tenía 18 años. De esa época no he traído mucho.

¿Se puede cuantificar tu obra?

Ahora mismo en mi museo y en mi casa a lo mejor tengo 600 o 1000 obras, no sé. En Torrejón tengo un taller museo, otro en Vallecas y en mi casa y en la de mi hermano tengo mucha obra. Tengo mucha obra repartida por ahí. Lo ideal sería hacer una fundación, si se interesase algún Ayuntamiento por ella como institución.

¿Cómo ha sido tu vivencia en Torrejón?

Me han acogido muy bien, de hecho llevo pocos años y he hecho tres o cuatro obras públicas que también muestro aquí, el monumento al 11-M, el homenaje a las Brigadas Internacionales, el Don Quijote y próximamente se va a inaugurar otro en la calle Budapest, del que hay en la muestra una maqueta. Tengo también alguna obra pública de Oviedo, el busto de los premios Goya…

¿Cómo puede el vecino identificar tu obra?

Muchas veces estás mediatizado por el tema que te encargan. Al final es una obra escultóricamente bien hecha, pero no refleja tu sello. La escultura del 11-M obedece, por ejemplo, a mi época de los grupos sociales.

¿Hay que hacer un trabajo más cercano al público para ser más accesible?

Esto es como el actor. Te mandan una obra y tienes que interpretar metiéndote en esa piel, pero sin pasarse para que sea tu obra. “La pensadora”, de unos tres metros, que está en Oviedo, en el entorno del teatro Campoamor es del año 65 y es lo que yo hacía en aquellos momentos.

En el caso de la estatua en homenaje a las Brigadas Internacionales parte de unas formas arbóreas, unas raíces, de donde brota un casco militar y se remata con unas manos que sostienen a la paloma de la Paz. Puedes hacer concesiones, pero siempre conservando algo tuyo. Cuando me la encargaron quise representar la guerra a mi gusto, con unas raíces quemadas y luego un torso arbóreo y al final la Libertad, que es por lo que se lucha siempre. Te dan el tema, pero luego plásticamente lo desarrollas tú.

El de la calle Budapest es como un homenaje a la ciudad. Áureo me dio el tema para representar que Torrejón era campesino, labrador, luego incorpora el elemento de la construcción y el torreón y luego se añade el agua por el arroyo.

¿En esta última etapa eres más estructural, más abstracto?

Es curioso, porque aunque estés en una línea determinada siempre sin querer vuelves atrás, mezclas. Tengo torsos del año pasado que son orgánicos, pero a la vez figurativos. Yo soy un escultor que no voy a la moda, obedezco mis impulsos. Sé que otros hacen instalaciones, algo en lo que nunca me he metido. Tengo esculturas zoomorfas del género animal que, en realidad son estructurales también.

¿Qué acogida has tenido por parte de los torrejoneros?

A mi edad ya está uno un poco seguro de lo que hace. Sé que hay otras corrientes, pero ni me interesan, ni me meteré. A torrejón he llegado hace seis o siete años y ya venía formado.

Mi escultura, aunque sean formas muy actuales, siguen siendo muy orgánicas, con vida propia.

¿Con qué material te sientes especialmente cómodo en este momento?

A mi me gustan todos los materiales, la madera, el bronce, el barro, pero el más difícil de trabajar y con el que más se identifica el escultor es la madera, porque ahí no intervienen ayudantes de ningún tipo, la madera es muy personal.

¿Cómo la trabajas?

Selecciono unos troncos, los vas encolando, porque no son bloques y requieren un trabajo previo de ebanistería -sin artesanía en la madera no puedes hacer nada-.

El hecho de ser una ciudad con una fuerte industria te ha servido para tener tu fundición…

Sí, porque en Torrejón tienes cualquier material que necesites.

¿José Luis trabaja desde la reclusión o acepta visitas?

En alguna ocasión he comentado que mi taller está a disposición de la gente curiosa, porque no es un taller-museo de escultor sólo, sino que es fundición y hacemos todos los procesos. Normalmente el escultor hace sólo su obra y la manda a una fundición, mientras que en mi taller es un poco como en la época del Renacimiento, una especie de fragua donde había una serie de oficios entorno. Tengo unos doce especialistas trabajando conmigo y entonces es interesante verlo.

¿Impartes clases?

No, he cooperado con el municipio, con algún colegio de Formación Profesional que nos ha visitado o de la Escuela Superior de Bellas Artes, que también vienen a vernos…, de muchísimos sitios.

¿Son complicados los inicios  de un escultor?

Los inicios son muy duros, pero yo no me puedo quejar. Me vine con 18 años de Asturias, soy como un inmigrante en Madrid y empecé de cero. Siendo de familia humilde hoy no me puedo quejar. El arte, sobre todo, la escultura es caro.

No, realmente vivo en Madrid. Tengo mujer y tres hijos. Gracias a Dios he dado con una familia comprensiva y además todos mis hijos me han salido artistas también, tengo un escultor, otro que va para director de cine y una arqueóloga, que en cierto modo también es un artista.

La escultura no es un arte demasiado entendido, ni apoyado…

Realmente pintar puede pintar cualquiera, pero la escultura necesita unos medios, un taller, unas inversiones…, es el problema que tiene.

¿Cómo se toca una de tus esculturas?

La escultura ha ido tallada, lijada, mimada e influye mucho la mano, claro, a la hora de trabajar, no solamente la vista. Realmente cuando acabas una obra has pasado por todos tus recovecos, son horas de trabajo.

¿Si tuvieras que describir tu obra con los ojos cerrados?

Depende de la etapa a la que se dirija. Yo soy muy conocido por las osamentas, por las formas óseas de las que hay alguna representación. Esta obra es como un encuentro de formas e incluso hay espectadores que dicen que parece un beso.

¿A quién podemos buscar como referente?

En mis comienzos me fijaba en el gran maestro Henry Moore.

Por esa sinuosidad…

Sí.

¿Qué te ocupa ahora?

Estoy haciendo muchísimas cosas. Para poder hacerlas sólo necesitas tranquilidad y bienestar. Hay que tener tranquilidad económica para poder hacer escultura. Un pintor en un cuadro se puede gastar 120.000 pesetas, pero un escultor 200.000.

¿Qué podemos destacar de tu trayectoria?

Soy escultor. En el mundo del arte soy conocido, incluso internacionalmente y he hecho muchísimas exposiciones. He expuesto dos o tres veces en Londres, en Canadá, en Suiza y en España por muchísimos sitios.

¿Has obtenido reconocimiento en forma de premios?

Tampoco lo he buscado nunca. He hecho lo que he hecho y quiero disfrutar de lo que pueda hacer.

¿Trabajas en este momento en alguna pieza?

Siempre tengo dos o tres entre manos. Lo último que he hecho es esto, es como un diálogo entre un hombre y una mujer, una forma orgánica de otra época, pero que he hecho ahora, porque lo siento.

¿Si tuvieras que incluirte en alguna tendencia?

En un momento determinado reflejé mi generación, las figuraciones de contenido social, luego tuve nuevas figuraciones. Cuando el escultor se sienta a trabajar tiene el sello del momento político. Siempre que haces sinceramente escultura, sin querer reflejas el instante en el que la has hecho, bien por las texturas, el tema o la formas, incluso sin querer.

¿Qué opina de ti la crítica?

 Soy bastante estimado en este mundo por otros compañeros y por los críticos de arte. No siempre acierto, porque a los críticos no hay que hacerles demasiado caso…

¿Cómo veían tus hijos ese mundo de figuras?

Han vivido el mundo del arte y hacían sus cositas.

¿Te interesa inculcar el concepto del arte a los niños?

Esta muestra sería interesante que la vieran los niños, porque va dirigido a mayores y pequeños.

¿Torrejón es un buen sitio para exponer?

Realmente está muy cerca de Madrid y tendrían que hacer un esfuerzo mayor porque vinieran pintores de Madrid. Éste es un buen sitio y la sala es estupenda.

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