La bella Dorotea: entrevista con Victoria Vera

En un mundo de hombres, Mihura nos presenta a una mujer valiente y lista que se sobrepone a la envidia y la hipocresía

¿Cómo vive la entrada en Madrid?

El día anterior a un estreno es un día de desconcierto absoluto y total en que piensas que todo es un desastre.

La gira ha ido muy bien…

La gira ha ido estupendamente. Además, hemos tenido muy buena acogida de público y de crítica y la función sabemos que gusta, porque eso se nota cuando la haces por la respuesta del público. Estamos contentos de hacer un texto tan importante como éste. Yo creo que es la mejor obra, sin duda, de Miguel Mihura, en la que, aparte de divertir y de conmover en algunos momentos, lo que está criticando es muy importante.

 Tú además eres una asidua de Mihura…

Me encontré con Mihura por primera vez cuando hice “Ninette y un señor  de Murcia” para televisión y “Ninette, modas de París”, en el 86. La verdad es que aquello fue un gran éxito y siempre que he hecho Mihura -hice también “La canasta” hace tres años- me he encontrado muy cómoda, muy identificada. Me parece un grandísimo autor.

¿Crees que en su centenario se ha hecho justicia a Miguel Mihura?

Yo espero que la Dorotea le haga justicia. Es uno de los motivos por los que se pone en pie.

 ¿Dorotea es una de esas guapas de Mihura con trasfondo melancólico?

Está mucho más dentro de las heroínas, de las mujeres que quieren ser independientes y libres, que se enfrentan a un medio convencional y que son muy valientes. Yo creo que está un poco inspirada en todas las heroínas de final de siglo de Ibsen.

Dános alguna pincelada de la obra…

Es una obra muy atípica. Primero ,está ambientada en 1910, de modo que es la única obra de Mihura que no recrea su época. Tiene cosas de gran teatro: es una función donde la crítica social está presente, incluso política. Es una función muy, muy curiosa. 

¿Sigue siendo necesario que las mujeres vayamos por delante como las de Mihura?

(Sonríe). Las mujeres que retrata están en una época en que la hipocresía era moneda de cambio y donde ellas, para sobrevivir, tenían que decir a todo prácticamente que sí o callarse. Dentro de ese mundo, Mihura por lo menos les da la listeza y ese sentido común con el que se dan cuentan de que no son nada tontas y que lo que hacen, lo hacen para subsistir, que es interesante dentro de la época que les ha tocado. En este caso es muy distinto, Dorotea no tiene nada que ver con eso.

Se ha dicho que es la historia romántica de una mujer decente…

Lo de decente supongo que se refieren a que tiene dignidad, sentido del honor y porque es orgullosa y todos su valores.

Dorotea tiene los suficientes redaños para seguir buscando marido después de que la abandonen el día de su boda…

Sí, pero vestida de novia. Se queda así, cerca de un año, paseando todos los días por la misma calle por donde pasean las señoritas del pueblo. Tiene un punto bastante transgresor.

¿Perdura esa hipocresía cursi?

Yo creo que eso existe siempre. Hay gentes cursis, gentes hipócritas. Seguramente hay un sector, incluso femenino, que todavía piense que ésa es la mejor estrategia. No creo que las mujeres seamos tan solidarias como se dice, es una pena, pero es así y tenemos que admitirlo para conseguir cosas.

¿Somos tan envidiosos de la felicidad ajena como dice el autor?

Tiene muchísima razón. Además, pone en primera línea el gran defecto del carácter español, la envidia, y en este caso él aplica mucho la teoría de Unamuno cuando decía que el español tenía envidia no de lo que tenía el otro, sino que lo que quería es que el otro no lo tuviera. Ahí hay una diferencia grande y creo que eso está también muy reflejado en esta función.

¿Qué hay en este texto para incitar a ir a ver la función?

El castellano que se maneja es estupendo. La composición es extraordinaria. La historia es muy bonita, muy conmovedora y muy divertida y al mismo tiempo está llena de momentos de gran diversión y de momentos que te conmueven. No hay tragedia por ningún lado, porque ella huye de la tragedia todo el tiempo. Tenemos una escenografía espléndida de Gerardo Trotti, un vestuario todo de época de 1910 de Tony Benítez y yo creo que el director ha hecho un muy buen trabajo y que toda la compañía está espléndida. Hay un elenco de nueve actores, con seis mujeres –aquí no hay paridad- y tres hombres. Somos una compañía toda de gente de teatro, aquí no hay ningún invento, y yo estoy muy orgullosa de la obra.

¿Cómo se organiza el espacio de la acción?

Tenemos tres cambios de decorado. El telón me parece una de las cosas más bonitas que existe en el teatro. No me gustan los oscuros, porque me gusta mucho la sensación de que se baje esa cortina y que de repente vuelva a subir y haya otro mundo. No me gusta enseñarles a los espectadores el mundo que se va a construir sobre la marcha. A mí, lo oscuro me pone muy nerviosa.

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