Pepe Sancho en “Memorias de Adriano”

Por primera vez la obra de Marguerite Yourcenar se interpreta en Madrid en castellano tras su exitoso paso por los festivales más reputados de nuestra geografía. Con la muerte pisándole los talones el emperador Adriano, al que da vida José Sancho, reflexiona en voz alta. Un monólogo acerca del hombre detrás del político, de su pasión por la belleza,  su amor  por el joven Antínoo  y la necesidad de jugar con la violencia para no morir a manos de ella. Un montaje dirigido por Maurizio Scaparro para Teatres.

– ¿Qué bagaje trae la obra a su llegada a Madrid?
Después del éxito en el Grec de Barcelona, en el Festival de Mérida o Sagunto llega a Madrid, donde se hizo en italiano hace más de veinte años. Me parece muy razonable que la Generalitat Valenciana haya decidido que se vea en Madrid el montaje de Maurizio Scaparro. Es bueno para el teatro en general que se vean producciones de ese nivel en castellano.
– ¿Qué orientación le ha dado al montaje el director?
La dirección de Maurizio Scaparro quizá ha agudizado un poco más el momento que se vive en el mundo: se habla durante la representación del libro, de cuando los bárbaros pretenden aniquilar el Imperio romano, mientras él va aniquilando culturas como la griega. Ahora hay otros bárbaros que también van destruyendo culturas y quizá ahora hay puntos de semejanza, pero evidentemente sigue siendo la novela de la Yourcenar, una adaptación situada en la época y en el palacio de Adriano en Tívoli, donde murió.
– ¿Qué pinceladas podemos dar de este emperador?
Aparte de haber nacido en Itálica, en Hispania, y luego ser emperador de Roma, realmente lo atractivo de esta vida, de la vida de Adriano es que fue el padre de la utopía, enamorado de muchísimas cosas, de la belleza esencialmente. No era un buen guerrero, no le gustaba la violencia, aunque como todos los emperadores supongo que tuvo que usarla para sobrevivir.

“Adriano fue el padre de la utopía y el más atípico de los poderosos del mundo”, afirma el actor valenciano.

– ¿Esa mezcla de asesinato, pasiones con la “pax romana” buscada por el emperador hace que la obra cobre más actualidad?
Lamentablemente esta obra nunca va a dejar de ser actualidad, porque para la consecución del poder se llega a casi cualquier cosa. Adriano es un hombre que persigue que las ciudades sean más hermosas, y que las Universidades estén llenas de jóvenes conocedores de las artes y de los juegos. Nunca habla de un ejército capaz de aplastar a lo que llamaban la barbarie. Adriano es el más atípico de los poderosos del mundo.
– ¿Cómo es el lenguaje, especialmente en ese soliloquio? 
Es un lenguaje muy rico y fácil de entender, pero culto, respetando en todo momento el texto de Marguerite Yourcenar. Lo que se hace es canalizarlo para que el espectador no tenga que trabajar mucho para seguir el proceso de narración de la vida de Adriano, desde su infancia en España. Luego la decoración, las luces y los otros diez actores del reparto ilustran el monólogo y eso hace el lenguaje accesible en pasajes como el que dice que “si alguna vez los bárbaros se adueñaran del Imperio del mundo tendrían que adoptar muchos de nuestros métodos, con lo que acabarán pareciéndosenos”. Eso es muy significativo, porque la gente que quiere usurpar el poder o cambia como tú y acaba pareciéndose o si no, al final no tiene hueco.
– ¿Qué otros personajes aparecen en escena?
Aparece Plotina, la mujer de Trajano, también el instructor de Adriano que le enseñó las artes del teatro que a él le encantaban. Está Antínoo, el gran amor de Adriano, que interpreta un magnífico bailarín catalán, Joan Bosch…
w ¿Qué papel cumplen estas digresiones?
De los actores que salen en escena, muchos de ellos son malabaristas, juegan con instrumentos, con fuego. Cada vez que Adriano recuerda el campo de batalla o bien su España natal, o a su madre, que era española, el director ha puesto ilustraciones con actores. Sale una chica, Estela, que canta una especie de flamenco inventado, de la época. Y ahí hay unos toques de “flamenco a la romana”. Todos estos momentos son toques atractivos para el espectador y que permiten que, mientras sigue el monólogo, haya unos parones intelectuales para seguir de una forma más plástica las imágenes.   

TEATRO ALBÉNIZ
Tel. 91 531 83 11.

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