Largo viaje hacia la noche

Basada en la vida del propio Eugene O’Neill, ganador de cuatro premios Pulitzer y del Nobel de Literatura, el “Largo viaje hacia la noche” cuenta el camino de una familia hacia la destrucción. El director del Teatre Lliure, Àlex Rigola, pone en escena en La Abadía un día en la vida de los Tyrone, donde la imposibilidad de olvidar y perdonar se convierte en el motor de sus miserias.

Mercè Arànega
– ¿Cómo es este Largo viaje hacia la noche de O’Neill?
Se ha intentado hacer de una manera mucho más intimista, concentrada, porque como producto de su época puede hacer que el actor se vaya hacia la exageración en ese sufrimiento, incluso aunque textualmente sea así.
– ¿Qué pautas os ha dado Álex Rigola?
Quiere un trabajo muy interno, muy suave y que se note el dolor que hay en cada personaje, pero que no salga por la voz.Le hemos dado mucha importancia a la comunicación entre nosotros. No nos quitamos los ojos de encima, nos estamos espiando los unos a los otros, haciendo salir la verdad por los ojos.
– ¿Cómo es esa jornada en casa de los Tyrone?
Es una metáfora, porque por un lado es un día real que comienza por la mañana y acaba de madrugada y también de un largo viaje de una época feliz que ella recuerda hacia la noche más absoluta.
– Descríbenos ese escenario claustrofóbico…
Es una casa giratoria con techo, al modo de Van der Rohe, todo acristalado y con nosotros dentro, porque es nuestra cárcel. Toda la obra se hace en el mismo salón.
– ¿Cómo es esa familia de la función?
Un entorno desestructurado con un padre alcohólico, uno de los hijos destrozado, una madre morfinómana… No es ella la que toma por primera vez la droga, sino que se la inyectan tras un parto con muchos dolores y luego no se desengancha culpando al ambiente de la casa, con ese marido siempre de gira.
– ¿Cuál ha sido tu punto de partida?
Mi personaje todo el rato dice que está muy bien, demasiado bien, pero por otro lado nadie tiene que notar que se droga y a medida que va avanzando la obra lo vamos viendo en su comportamiento, porque al hablar lo hace con lógica, pero chillando. 
– ¿Cómo se plasma esa evolución en escena?
A través de esos saltos de carácter y un estar cada vez más perdida en su mundo, flotando.
– ¿Con qué escena te quedarías de tu personaje?
En el tercer acto el hijo se va al descubrir que su madre es una drogadicta. Ahí me derrumbo con un ataque de llanto real que cobra una fuerza inusitada porque no me has visto nunca derramar una lágrima. 

Chete Lera
– ¿Hay una luz de esperanza en este viaje?

La sensación que da es que no hay mucha esperanza. Narra un periplo de 24 horas, incluso menos de una familia que vive atormentada por unos traumas que en la obra se van agudizando.
– Es la visión de la familia como una cárcel…
Aunque hay veces que los personajes tratan de negarlo, incluso se llegan a decir algo como “puedes hacer lo que quieras, esto no es una cárcel”. En el fondo lo que se está diciendo con lo que pasa en escena es que sí que lo es.
– ¿Cómo es ese padre?
Es un hombre ya en una época de decadencia. En su profesión ha tenido un gran éxito, ha sido un actor muy reconocido básicamente por un personaje y está en un momento en que querría recuperar su sitio, pero la gente sólo quiere verle en ese papel y él mismo ha perdido la habilidad para volver al teatro.
– Su personaje es casi valleinclanesco por su negrura…
Está un poco sojuzgado por todos los aconteciientos que le suceden a lo largo de su vida: una mujer enganchada a las drogas, él mismo medio alcoholizado, el hijo mayor también, el menor con una enfermedad prácticamente incurable. Le tengo cariño por el terrible trago que está pasando. 
– Dentro de un mundo menos mítico, más cotidiano…
En realidad la obra es un descenso al infierno familiar, donde según van pasando las horas el público ve que están metidos en una espiral que les lleva sólo a la tragedia.
– Un drama basado en la vida del autor…
Sí, realmente Eugene O’Neill se purgó porque es una pieza autobiográfica: mi personaje era su padre y uno de los hijos era él mismo.
– ¿Qué papel juega el lenguaje en esta incomunicación?
Al principio las frases quedan como a medias, son circunloquios, porque se prefiere el cinismo a la verdad, aunque en realidad todos lo saben y se va transformando en una relación caótica, donde el lenguaje les conduce a la ira, la furia, hasta llegar al silencio y al deseo de pasar a otra cosa. Es un trabajo hiperrealista en que los insultos van más por la ironía que por el grito, casi como si hiciéramos cine.
 
TEATRO ABADÍA Tel. 91 448 16 27.