Mi misterio del Interior

Ronlalá regresan por segunda temporada al Alfil,
porque 5.000 espectadores no pueden equivocarse

Les han comparado con los Monty Python y Les Luthier, pero los Ronlalá -Álvaro Tato, Miguel Magdalena, Juan Cañas, Daniel Rovalher,  e Íñigo Echevarría- son algo más. Un inteligente cóctel teatral con música y mucha guasa para reírse de todo y de todos, hasta de ellos y en la que el público aprende incluso a bailar en polaco…   ¿Alguien da más?

Daniel Rovalher llegó a Ronlalá al coincidir con Yayo Cáceres, el director de este espectáculo y el que pone la cordura, que un día le propuso ser el quinto ronlalero, sustituyendo a Juan Cañas en “Si dentro de un limón metes un gorrión el limón vuela”. Luego Juan Cañas se volvió a reincorporar para componer el quinteto que ahora está en escena. Hasta aquí la historia de cómo se conocieron, ahora nos queda saber qué es un ronlalero. Según Rovalher, “es un costalero del limón, porque es echarse encima algo muy bonito, las inmensas ganas de trabajar juntos, el buen rollo que tenemos, el estar un poco locos para intentar contar algo con humor, poniéndole música”. El ronlalero reconoce que “el montaje está abierto a que cualquier cosa que pase se pueda incluir en la función, pero sin el afán de cambiarlo cada día”.

Un frontón con el público
El espectáculo fusiona “todas las disciplinas que conocemos: la música, el teatro, la poesía, por momentos y un humor un poco filosófico, con un rollo cabaretero canalla. Nos lo pasamos muy bien y ésa es otra de las claves de que funcione”, asegura Íñigo Echevarría. El actor define Ronlalá como “un viaje a través de diferentes estilos y disciplinas, por otra realidad con nuestros códigos a través de la realidad que vivimos todos. La función se convierte en un delirio, un cohete en el que se mete el espectador y que acaba con una explosión”. Hablan de las microviviendas, las creencias o tradiciones de este país como la tuna, dándole la vuelta como en el botellón al revés, “un botellón sano en el que unos chicos se cogen un pedo tremendo con zumo de naranja o unos sugus. Es el absurdo de las situaciones que se pueden poner en evidencia con el humor”, aclara íñigo, que dice ser serio “de primeras”. Leyendo el programa de mano nos quedan más dudas… Porque ¿qué es eso de flamenco pequinés? Juan Cañas, al que pudimos ver en “Los mejores sketches de Monty Python” se presta a resolvérnoslas: “Casi la mejor manera de explicar qué significa es ir al teatro a vernos. En la función hay unos tangos del Polo Norte y unas alegrías de la China, pero ni nosotros sabemos qué es eso muy bien. Sobre todo, mucha guasa”.
Apología de la chorrada

Juan Cañas nos garantiza que se amortiza la entrada y que “te vas con ganas de volver“ y nos cuenta que “lo que más sorprende a la gente que no nos ha visto nunca es que cuando van al espectáculo tardan un par de números en situarse, porque de repente nos ponemos a cantar, luego hay teatro…, pero lo original y lo bonito es esa mezcla donde todo vale”. Según el actor -que comparte su pasión por el teatro con la de la guitarra- al crear la función “buscábamos el contraste el humor para dar solidez al mensaje hablando de cosas importantes, pese a que hay números en los que hacemos “apología de la chorrada”. Es un montaje sobre todo sobre la identidad, haciendo parodia de esta pregunta sobre quién soy yo y qué hago aquí, dejando otras pregunta abiertas”.
Álvaro Tato nos atiende mientras escucha jazz y nos dice que Ronlalá “es una mezcla de distintos registros en lo teatral y lo musical, porque la música para nosotros es un vehículo más. Te encuentras desde el canto a capella hasta una chirigota de Cádiz, pasando por el flamenco, el chotis, el pasodoble, el rock”. En cuanto al teatro abarcan desde el sketch cómico, hasta el monólogo, escenas de parodia, danza o “concursos televisivos psicodélicos en que el presentador habla en frases capicúa. La esencia es transmitir, hablar de la realidad que ocurre con humor negro, sin olvidar la autoironía”, afirma Tato. Sobre si es un espectáculo participativo o no, Tato aclara que “de la mitad del público hacia el fondo pueden estar tranquilos. Hay mucho juego de participación, dentro de unas claves inteligentes y sin ánimo de hacer sufrir a nadie. A veces nos sorprenden ellos con reacciones que no esperamos” -y añade- “Todo el mundo que viene a vernos sale con una coreografía aprendida, con un himno polaco surrealista “¡Roman Polanski, Krystof Kievslovski, Karol Wojtyla y Frederic Chopin son todos polacos, mira tú qué bien!”, un número que va después de una escena  que está muy cargadita”. Si siguen sin tenerlo claro…, ¡vayan a verlos!

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