El portero

Pinter retrata en una habitación las enigmáticas relaciones de poder que mueven al ser humano

Fue el primer éxito de público y crítica de Pinter, un autor que mantiene atento al espectador observando como un voyeur lo que pasa en una buhardilla donde llega un extraño personaje. El tercero en discordia, Davies, hará explotar las reglas no escritas de dominación y sometimiento entre los dos hermanos. Mick y Aston. Ésta es la trama de “El portero”, una obra de Harold Pinter, el premio Nobel de Literatura de 2005 que llega a La Abadía con sus silencios y ese modo sabio de leer la vida cotidiana.

José Luis Gómez ha escogido “El portero” de Pinter para abrir esta temporada de la mano del director, Carles Alfaro, ahora que renace el interés por Harold Pinter con la reciente concesión del Nobel al dramaturgo británico. El autor busca su referencia en la realidad, dosificando la información para que el espectador asista a cómo se va  desentrañando la historia. “Ves cómo un hombre lleva a otro a su casa -nos cuenta Ernesto Arias- y puedes imaginar muchas cosas . Poco a poco se va ordenando todo y el público va entendiendo por qué aparece ese vagabundo, quién es el otro personaje, que es un poco lo que pasa en la vida”. Pinter se reserva que sepamos lo que piensan los personajes, incluso mediante conversaciones incoherentes, porque lo importante no es lo que se dice sino lo que pasa.  “Sólo la presencia crea la acción, sin que haya que decir nada.  Pinter observa y escribe sin saber nada más”, añade Luis Bermejo, habitual de La Abadía, donde ya interpretara “Sobre Horacios y Curiáceos”. El actor, que encarna a Aston, considera que “el espectáculo destila un interés por las relaciones fraternales, porque la familia es un entramado de poder espectacular. Son todos muy mezquinos, pero al tiempo muy veraces y nobles. Se tocan muchos temas como el poder o la manipulación con múltiples niveles de lectura”.

Lo insólito de lo cotidiano

Un montaje que nos ofrece un Pinter  con “una historia en la que se saca lo insólito de lo cotidiano, con mucho humor”, dice Ernesto Arias. El actor da vida a Mick, el hermano de Aston, un personaje que al espectador le resulta inquietante desde el principio. “El público no entiende por qué se comporta así. A veces parece que es irónico, otras que está enfadado y poco a poco va entendiendo qué le pasa”, aclara el actor. Para Arias una de las mayores grandezas de Pinter consiste en que “a través del humor nos enseña las miserias del ser humano, porque aparte de pasar un momento divertido los espectadores pueden reflexionar sobre la condición humana”. Enric Benavent, que cierra el trío en escena lo corrobora: “Hay un tono realmente divertido, pero retratando relaciones de poder, crueldad, de suciedad vital, especialmente de mi personaje. Este pordiosero tiene que sobrevivir en la calle, está acostumbrado a luchar y está visto sin ninguna compasión, aunque él tampoco la tiene con nadie”.

Incomunicación, poder, tortura…
La riqueza del texto permite que los conflictos en torno a la convivencia en un piso sean fáciles de entender para el público, con un segundo nivel que nos explica Ernesto Arias: “la trama puede ser la metáfora de la convivencia en un país, el mundo, la pareja, los problemas que surgen y  cómo tratan los personajes de cambiarse unos a otros”.  Ese frío en las relaciones, esconde “mucha perversión, pero es como la vida”, concluye Luis Bermejo.
Aunque Enric Benavent es uno de los poco actores de nuestro país que ha representado en varias ocasiones a Harold Pinter con el MOMA Teatre sabe que “curtirse en Pinter es muy difícil, porque es un autor que te hace poner en duda todo”, asegura. Anteriormente se enfrentó a un Pinter de los setenta, “Estación Victoria”, más críptico y “Celebración”, más corrosivo y cree que “el no haberlos hechos cronológicamente me permite volver hacia atrás, un tema pinteriano, descubriendo el manantial del que vienen muchas cosas”. Para Benavent esta pieza “es transparente, en un tono ligero con un fondo muy dramático, que hace que la función muy atractiva. Hay un juego de inteligencia, no porque ellos sean realmente inteligentes, pero sí un juego ácido, de cinismos, con un ejercicio violento del poder físico a veces, pero sobre todo psíquico”.

Carles Alfaro
Más que director  el valenciano es un hombre de teatro polifacético de reconocido prestigio como iluminador, escenógrafo y director de escena. Como especialista en Pinter, autor con el que se diplomó en Londres ha hecho ya varias obras del premio Nobel con Espai MOMA, que creó en 1997, donde  programó una temporada completa dedicada a Pinter, con piezas como  “Estación Victoria”, “La penúltima copa”, “Una Alaska particular” y “Celebración”. Su vinculación con La Abadía se remonta a su participación como actor en la compañía de José Luis Gómez y a una sintonía con un teatro “donde prima la creación por encima de otros intereses”.