La derecha se hace feminista

Las ministras, en Vogue.De todo menos guapas es lo que estos días les han llamado a las ministras de Zapatero: María Antonia Trujillo, Carmen Calvo, Magdalena Álvarez, Elena Salgado, María Teresa Fernández, Elena Espinosa, Cristina Narbona y María Jesús Sansegundo. Una vez más la oposición se ha quedado en lo trivial, en la imagen de marca que exhiben en las páginas de “Vogue” y se han olvidado de leer la letra que acompaña al reportaje donde las ocho responsables de los Ministerios hablan de paridad, de esfuerzo y progresismo y sobre todo de las medidas que van a poner en marcha desde sus cargos.  Es hora de que las feministas dejen de poner en el punto de mira a las mujeres de izquierdas y se ocupen de los mensajes propalados por las señoras de la derecha contra el aborto, por ejemplo. Al final lo verdaderamente importante son las políticas de avance que se propongan, porque tanta preocupación por la estética puede conducir a desenfocar el objeto de nuestro interés, el cambio real en la política nacional, tan explícitamente reclamado el 14-M, perdiéndonos en lo secundario.

Quizá la idea sea ésa, la de ir dinamitando el Gobierno lentamente mediante cargas de profundidad inapreciables en superficie para volver a lo de siempre, a lo de antes. A ministras como Isabel Tocino sacadas de las revistas de la Obra, perfectamente maqueadas para un cóctel en el Casino, a Esperanza Aguirre con horrendo traje de Chanel y moralidad de El Viso y a ministras carentes del don de la palabra, capaces de justificar la guerra de Irak en pro de una bajada del precio del barril (Por cierto, esperemos que no haya abierto la querida Ana Palacio un locutorio para echar las cartas, vistos sus resultados como augur).

Se quejan los medios de comunicación de que las ministras lucían trajes de 5.000 euros, poco compatibles con una mentalidad de izquierdas. ¡O sea, que ahora ser de izquierdas hay que equipararlo con buscar ropa en tiendas de segunda mano de ONG! ¡Habría que oír los comentarios de los que denigran la actual indumentaria de nuestras mandatarias en el Gobierno! Para los que no hayan sabido o no hayan querido leer entre líneas podemos recordar algunas de las frases de las ministras: “En política una mujer es un blanco más fácil que un hombre”; el trabajo de las mujeres “no se juzga con severidad sino con falta de perspectiva. Son, en su mayoría, juicios de valor peyorativos y frívolos, pero ingenuos porque no alcanzan a entender a las mujeres en política”; la felicidad “no está en unas medidas corporales, sino en la armonía con uno mismo”… Ésas son las declaraciones que ilustran el reportaje, que se podrán juzgar de poco vindicativas, pero no de permisivas. Cierto es que no son opiniones de activista del movimiento feminista, pero porque seguramente éste ha periclitado, gracias a la inestimable ayuda de quienes consideraron la diferencia como una necesidad a imponer. La modernidad es más del igualitarismo entre hombres y mujeres y de entre éstas las más capaces, porque defenderse en un mundo donde aún las pautas las marcan ellos sigue siendo duro y obliga a muchas a prescindir de su faceta materna para poder estar a la altura de sus exigencias.

Probablemente la excusa de promocionar la moda de España en mitad de La Moncloa sea un burdo señuelo, porque si hacemos caso a los colores, nuestra imagen en el extranjero resultaría un tanto fúnebre, de no ser por la socorrida María Teresa, de blanco impoluto, porque dadas sus dimensiones lo contrario nos la haría desaparecer de cámara. Solamente una crítica, por la poca delicadeza con el ecologismo ante el rebozado en pieles que se dan en la sesión fotográfica, innecesario visualmente hablando y políticamente incorrecto.

Y dicho todo esto, recordemos qué se dijo cuando Zapatero y Llamazares posaron en una revista gay. Se cuestionó su sexualidad, pero no lo procedente o improcedente de sus peinados, atuendos o si eso les convertía en fetiches sexuales. Tampoco hubo tanta escandalera cuando Telva siguió a Ana Botella en un viaje de cinco agotadores días por Sudamérica o cuando Luisa Fernanda Rudí o Esperanza Aguirre aparecieron en la misma revista ahora vilipendiada. Y mejor que sus posados de señoras del ropero y la caridad bien entendida, echemos la vista atrás para no echar en saco roto sus inolvidables sentencias. Porque fue la mujer del expresidente la que dijo que “en la catástrofe del “Prestige” sólo hay un culpable: el barco” o “La Cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre”). Una exministra de Cultura, ahora presidenta de la Comunidad de Madrid calificó a “Sara Mago (de) excelente pintora” (refiriéndose al Premio Nobel de Literatura, José Saramago), y en otra ocasión consideró “nocivo hacer público mi patrimonio” ante las serias dudas sobre si en su casa se toma caldo de asilo como ella sugiere. Otra exministra de Cultura, Pilar del Castillo aseguraba que “en un determinado momento la lengua puede ser también un elemento que se trate de imponer”, sin perder de vista la intachable gestión de Teófila Martínez en Cádiz donde en 2000 se superaba en 107 millones el presupuesto previsto, por pequeñas minucias achacables a gastos de representación (gemelos de oro, plumas, grabados y relojes, o un estuche de vino oloroso de una bodega jerezana valorado en 340.000 pesetas). Y un clásico, Ignacia de Loyola, quien al referirse a la cooperación española manifestó que “las deudas de estos países las terminarán pagando los ciudadanos de a pie de los países que lo han prestado, con sus impuestos, a costa de prescindir de mejoras en carreteras o sanidad”. Ésa y no otra es la deriva que hay que controlar…, lo demás es papel couché.