Los ojos de Davidson

 

wells Podemos estar a la deriva en una realidad que nos hace esponjosos a lo distante y opacos a los presentes. Es lo que siente o termina por reconocer por sentido Davidson, vadeando esa curva espacio-temporal en la que puede palpar el embromado del Fulmar. También podemos tener conciencia de la inminencia de la muerte y traspasarla y anticiparnos a ella y regresar del tránsito, después de fundirnos con cuerpos celestes y leer el pensamiento de los otros sin más noción de recorrido que de casa de Haddon y un residuo de resurrección con el que nos abandona la melancolía. O podríamos saber que ese problema matemático quedará irresoluto por el movimiento de astros que quizá la mente del profesor sea capaz de controlar como él asegura. Una ecuación que nos recuerda demasiado a las predicciones de deshielo y catástrofe que auguran los meteorólogos.

Tal vez dispongan para sus avances climáticos más de la curiosidad de Cave que de su puerta astral, ese huevo de cristal, mástil de un lugar que no logra reconocer, pero que se empeña en observar, cautivado por la geografía de ese Marte en el que también caen seducidos por la intriga de inspeccionar al anticuario.

Y por último, tenemos a Bogotá o a Núñez, como prefiramos con esa fábula de una sociedad en la que el diferente no es el de siempre, aunque la validez la marca siga siendo la de no pisar los senderos de hierba y no apostatar de la tapa celeste que nos limita cualquier sueño de disidencia.

Alicia González

Los ojos de Davidson

H.G.Wells

Atalanta. Girona, 2006

176 páginas