Los normales

Billy es un espectador melodramático de los acontecimientos en su vida, un ser que disfruta con dejar se hacer, en lugar de ser él mismo actuante. Hasta que Ragnar aparece en su rutina amenazándole con hacerle un Tutankhamon… Es entonces cuando decide refugiarse en un experimento que pondría los pelos de punta a cualquiera con Allevatrox, un antipsicótico atípico, en un estudio de biodisponibilidad de carga que le mantendrá alejado de esa existencia que tanto le aterra y libre de su responsabilidad con Sally, su amiga asiática y sus padres, con los que relación es la de el permanente entrometido que crea abruptas pausas en la complicidad de ambos en su Edén de Cincinnati. En HAM Billy coincidirá con otros normales que como él tienen curiosas unidades de medida de la realidad –él avanza en el tiempo gracias a las revistas periódicas que le hacen consciente de ser un Vogue mayor-. Descubre a la caucásica Gretchen y su insatisfecha maternidad, al bronceado actor de tres al cuarto Lannigan, obcecado en torpedear la autoestima del retraído Rami, convencido de la sincronía entre el tiempo que marcan los relojes y el Evangelio de Lucas, las impertinencias de Yul, la camaradería intimidatoria de Ossap y Val Dullick, el extravagante Rodney y su indeleble mancha de la nariz, la mitomanía de Sameer a la que Schine añadiría un retrato de madre con alzheimer y una serie de no enfermos sin salvación dispuestos a sellar su destino con una camiseta verde y el talud de pastillas que toque. Pese a su elevado SAT o quizá debido al inconfesable vínculo con su pediatra hasta los 21, Billy actúa de relator, tomando pocas veces la iniciativa, dejándonos sentir su percepción a través del impacto que en él tienen los medios de comunicación de masas como en la historia del tumor antropomórfico de Savitch. Sutileza en la ironía al rebufo de Salinger, retazos de reclusión que tintinean como en Kesey, investigación desoladora a lo Burgess, despojos humanos con sabor a Mailer…, una novela para bucear en uno con la crisis aparejada al otoño. 

Los normales. David Gilbert. Mondadori. Barcelona, 2006. 458 páginas.   

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