Antología del cuento grotesco

 

grotescoComo los corredores del castillo al que llega la Muerte Roja con su máscara de sangre y destrucción esta antología abre un abanico de tonalidades en esta recopilación de cuentos cavernosos y llenos de arborescencias vegetales y psicológicas. Porque ¿acaso dan más pavor las flores de tinieblas de Villiers con ese verdor muerto que regalan a las damiselas o ese renguear en la miseria de Akaki Akakievich con ese cuello de lustroso gato en el abrigo? Aunque habrán de reconocer una vez lo lean que nada más angustioso que el trastoque que debate a la madre primeriza en su fermentar disparates en torno al papel de pared o la desopilante historia galdosiana del fulano que se levanta de buena mañana sin cabeza después de una velada migrañosa.

No hay perdón para el disímil y la muerte será la encargada de dar caza al estrambote Elfo Patata, que guarda la pasión de una mañana con peces, ni tregua para Erik el Rojo que se desfoga a la manera de los chimpancés con esa hembra de mirada perdida a la que visita en la penumbra para no recordar los días en que entendió que “se aprende cuando se trata de encontrar una salida”. Al  pillastre Pipá le dura poco ese lapso entre frufrús y  otras como Clytie, prefieren quitarse del medio, con las calzas al aire como si fueran la bruja de Oz de Baum.

En otro registro, tenemos a los autómatas de Hoffmann con ese aliento tenebroso que concita al público desde el temor a lo maquinal y al no tan distante peligro otomano y ya en la escatología gore esa imposible caída. Dejamos a la marchita Emily y al surreal Lezama Lima, junto al resto para no queden ayunos en la lectura.

Alicia González

Antología del cuento grotesco

Varios

Espasa Calpe. Madrid, 2007.

318 páginas.

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