La cabra o ¿quién es Sylvia?

Es cabra como podía ser persona…, no nos quedemos en la anécdota, porque Edward Albee lo que nos está tratando de contar es la hipocresía social en la que naufragan hasta los más selectos. Sea comedia, tragedia o historia de amor, como dice Pou el triángulo no lo forman él, ella y el artiodáctilo, sino, las incomprensiones de él, las ambiciones conformistas de ella y la inocencia de esta tercera en discordia que es Sylvia. Porque ella, tan sensual con su clavel en la boca, actúa de líquido revelador en la habitación del fotógrafo que es Albee, autor de “¿Quién teme a Virginia Woolf?” para retratar la intolerancia en un ambiente de presunta modernidad -él es unreputado arquitecto galardonado con el Pritzker y junto a su mujer ha aceptado con aparente normalidad la homosexualidad de su hijo-.

El deseo de Martin transforma al idolatrado personaje del principio en un ser abyecto. Quizá en su insolente perfección resida la vulnerabilidad del edificio moral que se desmorona delante del espectador.

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