Habíamos ganado la guerra

Habíamos ganado la guerra

La Tusquets busca saborear de nuevo una “delicia”, ese bollo de hojaldre y mantequilla que no volvió a probar después de esas veladas en la cuarta planta del Liceo y en ese envolver recuerdos proustianos arranca con una mañana de banderitas rojigualdas y termina con la certeza de haber nacido en el bando equivocado. Con la honestidad que desprenden sus páginas quiere dar objetividad a un relato que contrasta con su hermano Óscar, aunque el retrato de familia no salga precisamente enfocado. No es la instantánea perfecta que hubiera deseado quizá esa madre despegada a la que la memoria le hizo olvidar esa falta de querencia, pero es la historia de la muchacha hipersensible que odiaba la caza del hombre por el hombre y sobre todo ese vestirse de “harapos” de las criadas para no desmerecer las distancias que separaban a esa Barcelona que no esperaba en las colas de la policía.

La relatora se sienta a la vera del lector y le cuenta esos amoríos adolescentes del señor Jiménez o cómo el Poe-Pla o viceversa agitaba la imaginación de la niña que se pegaba a las paredes de esa casa oscura vencida por temores no confesados. Y esas carreteras del Masnou que escucharon los gritos de rebeldía de las que tenían que servir frente a un mundo en el que ni Genoveva de Brabante ni su tío Víctor, el coleccionista de reliquias nazis, desentonaban. Echamos de menos con ella esos paseos en la Tururut que comparte con nosotros, porque su costa mellada es la nuestra, aunque no hayamos tenido la suerte de conocer a Jorge Herralde o dar clases con Vicens Vives, porque todos hemos amado alguna vez a un mestizo de perra y lobo.

Habíamos ganado la guerra.Esther Tusquets.Bruguera. Barcelona, 2007.276 páginas.

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