Crucero de otoño

LIBROS - CRUCERO DE OTOÑO Abrir una novela puede ser una experiencia tan gratificante como la de una mujer de edad al bailar con un gentleman of dance serbio o la de un sobrecargo de gesto adusto en la placidez y sosiego en la tormenta al toparse en esos diez minutos de suite con el solícito culo de su cuñada Juanita, la aficionada a los fotorromances.

Este Cosmopoly tiene algo de pequeño universo conservado en el formol de la navegación y de Monopoly, porque cada casilla, cada camarote nos reserva una sorpresa y una lección en ese arrumbar la ciudad que es el crucero. El jugador-lector se ve obligado como en el juego de mesa a conservar toda la información para seguir las andanzas de estos protagonistas que en cada tirada apuestan el todo por el todo a un ordenador portátil napolitano, pura ganga, si su espíritu es el del señor Fischer, o adquieren una nueva relación amatoria que nos les haga recordar las dos niñas que le esperan en El Pireo como Sotirios Tremonti.

Otros como Michael Osborne embarcan en misiones destinadas a hacer la mejor compra de la partida, el reencuentro con Patty, que invirtió en acciones seguras con su boda con Mr. Coldwood. Mientras la bostoniana Nancy Hotbush ve el arbusto de su femineidad reverdecer a la sombra de esta experta en seducción amante de De Kooning, su marido un demócrata de perversas proximidades al republicanismo no termina de convencerse de picar el señuelo de esa carrera política envenenada.

El aderezo son los jacuzzi, las excursiones a las murallas de Dubrovnik, las conversaciones de Dusan y Goran sobre la ecuación terrorismo-nacionalismo, los dry martini… en un espacio óptimo para ganar el black-jack de las mentiras maestras, empezando por los tres nombres del agua como los felinos de “La fuga de Logan”.

Crucero de otoño. Luis del Val. Espasa. Madrid, 2008. 294 páginas.

Anuncios