Un retrato de Lolo Rico a la carrera

La directora de “La bola de cristal” se pregunta en sus memorias “¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me dé cuenta?” en medio de este mar de nostalgia que nos envuelve. Reconoce que nunca supo escoger el hombre que la llevara en brazos y purgó con trabajo la desafección de una sociedad temerosa de lo que pudieran aportar las mujeres intelectualmente laboriosas. Dice que los niños de ahora están castigados a divertirse y que la televisión es la que es porque la sociedad no quiere que los espectadores sean ciudadanos comprometidos… Se acuerda de las ovejas cuando piensa en aquello de “Si no quieres ser como éstos, lee”, porque no concibe la sensibilidad en los intolerantes y de su vida con ese “Sólo no puedo, con amigos, sí”… Todavía no ha encontrado el sitio donde todo puede ser para irse con la Niña del Tintero, pero sigue empeñada en aprender.

 Alicia González

Le ha salido un libro muy emotivo…

Con lo que más lloro es con los primeros capítulos. No sé qué esconden de mí que lloro… He sido una lectora infatigable -la lectura ha sido el recurso de mi vida- y a veces me dan ganas de leerlo como si fuera un libro extraño que me interesa mucho… No lo hago, por supuesto…

Le puede la honestidad al decir que como todo libro de memorias va a ser arbitrario y mentiroso ¿por eso se ampara en esa niña del tintero?

Nunca pensé que hacer unas memorias fuese tan complejo. Me costó mucho describir el paisaje que es la infancia, que pertenece casi al ámbito del inconsciente con ese primer recuerdo durante la guerra, porque se mezclan lo que tú recuerdas, con lo que te cuentan. No fue, al menos principio, un autoanálisis, pero descubrí que había sido una niña de posguerra y que esas discusiones feroces que había en mi casa se debían a esa penuria. Confesar mi edad en las primeras tres líneas me hizo enfrentarme con muchas cosas -siguiendo a Simone de Beauvoir- y descubrí el lado femenino profundo que había en mí.

En los ochenta representó una antítesis de la feminidad ¿Es un aceptarse también este libro?

La verdad es que es un aceptarme…, pero es curiosa la idea que tienen de mí los demás.  He tenido siete hijos y creo haber cumplido en ese aspecto de una manera generosa. Siempre fui femenina, pero tuve que endurecerme mucho, porque cuando quise hacer algo en una época en la que lo femenino era sinónimo de lo convencional, de lo sometido, me encontré con siete hijos, sin medios económicos y abandonada por un grupo social al que pertenecía. Durante grandes épocas de mi vida sufrí ese querer ser lo que los otros pedían de mí, porque pensaba que era la única manera de que me quisieran. Todavía cuando veo que la gente me quiere por haber hecho “La bola…”, porque forma parte de sus vidas y veo con qué afecto me miran, me da miedo defraudar.

En los pasajes sobre su separación hay bastante gente que queda al descubierto…

Todo eso que cuento es verdad… Yo he vivido mucho, muchos años y en muchos ambientes y con mucha gente conocida. Aquellos consejos de administración representan a una sociedad en la que también mi familia me rechazó cuando decidí dejar aquella vida.

No hace mención a la visión de sus hijos sobre su separación…

Lo que sé es que conté con su apoyo, aunque tuvimos bastantes conflictos al principio. Cambió todo, desde las comodidades, la manera de enfrentarnos al mundo y a la gente y cómo ese ambiente que había sido el nuestro hasta entonces empezó a mirarnos. Era como empezar de nuevo, incluso en la manera de querernos, de tratarnos. He procurado que se sintieran libres y volaran pronto. Siempre he pensado que educar era hacer a la gente capaz de gobernarse por sí misma, lo más pronto que fuera posible.

Huía de que me obligaran a tener en la cabeza sólo lo que quisiera esa sociedad cerrada. Estábamos viviendo una dictadura en un país retrógrado y abrirse camino para comer era tan difícil… Esa unidad familiar tenía que forjarla yo, pero no quería una unidad convencional, sino algo querido y vivido por todos y tampoco quería ser víctima, ni hacerlos a ellos víctimas. Todas las veces que nos han sucedido cosas ingratas, nos han engañado, pensaba “no pasa nada, sólo es dinero” (se emociona). Y es verdad, todo depende del alcance que quiera darle uno a lo que pasa.

¿Se arrepentiría Rosa Chacel al leerlo del bloqueo que le produjeron sus críticas?

Rosa fue tan importante para mí y creo que yo también para ella. No hay un solo reproche a Rosa, porque lo que cuento es más bien para explicar cómo era, sus complejos. En una mujer que era capaz de escribir “La sinrazón” uno no se imagina lo que sufría por un traje o por cinco kilos más. Es tan difícil que alguien te quiera y te acepte como eres que Rosa quería que fuera como ella escribiendo. Por ejemplo, me decía, “tienes que dejar las cosas más en el aire” algo que Rosa sabía hacer perfectamente porque conocía su oficio, pero que no tenía nada que ver conmigo. Yo necesito decir las cosas o callármelas, pero no sé dejar esos puntos suspensivos.

Contrariamente a lo que se pueda pensar la transición no fue fácil para usted…

Fue un momento duro. Era esperanzador, porque no existía ya el dictador y había esperanzas de futuro, pero también mucha duda y riesgos reales. Muchas cosas no se las contaba a mis hijos: las presiones por teléfono, la amenaza de bomba… Todos teníamos bastante sentido del humor y mis hijos decían “¡Ten cuidado no abras esa sopera que igual tiene una bomba!”. La noche del 23-F recuerdo que nos tumbamos todos a lo largo en la cama como si fuéramos almohadas a ver la televisión y luego nos fuimos como locos a la Puerta del Sol. Hasta qué punto medían los riesgos, no lo sé, pero el otro día una de mis hijas bromeaba diciéndome “¡tú te arriesgas mucho, pero pensabas poco en nosotros!”… (se ríe).

En 2003 decía que la Bruja Avería tenía muchos aliados…

Aparte de la amenaza de contiendas, la idea de que estén muriendo millones de personas me hace sufrir. Mientras estemos viviendo un sistema único, multipartidista, en el que el capitalismo es la tónica y todo es derecha, mientras no se pueda vivir en paz con otras escalas de valores, con otro sistema como sería el socialista, las cosas no podrán ir bien, porque los intereses económicos son tan brutales que no importan las gentes, sólo el bienestar propio. El capitalismo despierta una codicia terrible, quizá porque la única forma de ser respetado, de existir para los demás, es tener dinero.

Según comenta el primer mandato del PSOE fue un oasis en ese desierto que era España. ¿Tendría ahora la oportunidad de repetir el éxito de “La bola de cristal”?

No me gusta la televisión que se hace, nunca me he privado de decirlo y a los responsables de la programación de las distintas cadenas no les gusto yo. Está claro que no les interesa “La bola de cristal”, ni hacer otra cosa de ese género. Me parece que políticamente estaría hoy igual de vigente, pero no sé si una sociedad tan pendiente de lo políticamente correcto querría un elemento transgresor en sus pantallas, en sus vidas, aunque marcó dos generaciones. Cuando la Universidad de Alcalá hizo un monográfico sobre “La bola…” en el Festival de la palabra, ningún miembro del equipo, una gente tan valiosa, -que yo sepa- tuvo ni una sola oferta. En cuanto a mí, no aceptaría nada que no abriera caminos al pensamiento e hiciera a la gente más lúcida, sólo si me dieran libertad, lo haría, aunque las diferencias creo que son irreconciliables.

Algunos de los actuales ministros fueron niños de “La bola de cristal”…

Ninguno de los miembros del Gobierno produce la impresión de haber visto “La bola de cristal”. El gran mensaje de los Electroduendes fue “¡Viva el mal, viva el capital!” y vivimos dentro de él sin duda. Yo veo que hay muchas mujeres en el Gobierno y me alegra, pero me preocupa que sigan muriendo tantas otras mujeres, que quizá también la vieron y que no se haga lo suficiente por evitarlo. La igualdad de salarios, de bienestar…, no se está teniendo en cuenta y son prioritarias.

¿Cree que la crisis puede ser el freno definitivo a las reformas sociales?

Creo que nuestro presidente tiene buena voluntad y con él nuestro Gobierno. Esta crisis económica está provocada por el capitalismo. El que muera gente por lograr beneficios, el que se manipulen los alimentos, se especule con ellos y que durmamos tranquilamente mientras los niños mueren de hambre habla de un mundo oscuro… Mientras no se de un reparto equitativo y exista ese miedo salvaje al más mínimo cambio, no digamos a la revolución, la gente seguirá muriendo mientras nosotros vivimos muy bien. Eso se llama insolidaridad y carencia absoluta de moral. Me doy cuenta de que hablo desde una izquierda que prácticamente no está y contra un capitalismo que es el enemigo y que ha triunfado incluso condicionando a la opinión pública privándole de esa lucidez que se echa en falta. Lo ha conseguido porque es más fuerte y han colaborado los Gobiernos y muchos medios de comunicación.

Ahora es entonces más necesaria que nunca…

…la Bruja Avería… Necesitamos hacer una revolución rápida con un general como ella.

¿Lolo Rico es más fuerte que un programa o ha sido engullida por el mito?

La verdad es que mi vida me ha gustado (bromea), al menos la profesional. Me he divertido. He sido la primera mujer que he dirigido un programa de televisiónen España, tengo el Ondas de radio y televisión y disfruté mucho como editora creando la colección Todolibro que fue para mí un regalo y como colofón he recibido el premio Talento.

¿El trabajo en Bruguera fue como encontrar una sortija en el pastel de la tía Amelia?

Yo nunca llevo joyas, pero creo que me he pasado la vida metiendo las manos en el horno caliente para sacar una sortija que todavía no he encontrado. Me encantó Cortázar…, no tanto a Borges, aunque lo valoro mucho como escritor. Ernesto Sábato conmigo fue entrañable, en cambio, Onetti no…

¿Hubo alguien que la cautivase especialmente en esa intelectualidad libre?

Rosa Chacel, Ernesto Sábato y la Gauche Divine –Ana María Moix, Juan Marsé, Carlos Barral, Jaime Gil-, es gente a la que quise mucho y con la que conecté muy bien. Esa dedicatoria a Barcelona se la debía. Me sentí sabia con ellos, aceptada y querida. Tuve una gran amistad con Ana María Moix, me impactó mucho en el aspecto literario y quien de verdad me impresionó mucho fue Juan Marsé, en todos los aspectos.

¿Qué caminos encuentra en la literatura que se está vendiendo en estos instantes?

Se está editando mucho: se está haciendo más ensayo y hay cosas buenas, y muy poca novela de calidad, si exceptuamos esos híbridos raros que tienen que ver con los realities, con los programas del corazón y a que la gente le gusta leer, los hace suyos y los demanda lamentablemente.

¿Y respecto a la literatura infantil?

Yo creo más en los libros para niños que en la literatura infantil. Me parece que aún se mantiene esa idea ñoña de los niños; que tienes que enseñarles cosas, qué hacer cuando tiene celos o cuando se separan los papas, como si el niño tuviera que ser siempre un receptor de conductas uniformes cuando cada uno es diferente. Tampoco se les da una televisión que les haga pensar, claro que tampoco a los adultos. Y eso que hacer buena televisión es muy fácil, ni siquiera hace falta más dinero y lo curioso es que se considera un genio al que la hace. Se quiere mantener a los niños en la infancia el mayor tiempo posible, como cuando en la playa metes la arena húmeda en el cubo y la aprietas bien. Mientras más tiempo la tengas así, mejor sale el molde.

Deja abierta esa fijación intelectual por Walter Benjamín…

Secundé inmediatamente a Montserrat Galcerán, porque supe ver enseguida su idea de poner imagen a la filosofía. Siento una especie de enamoramiento platónico por Walter Benjamín y me pareció ambas que podíamos aportar muchas cosas, pero nos pusieron tantas trabas que al final lo hemos dejado por imposible. Pero como es algo que nos emociona al menos yo no he perdido las esperanzas de que un día podamos hacerlo.

¿Entre sus proyectos está hacer una película del 20 aniversario de “La bola…”?

Ya tuve en la cabeza ese proyecto. ¿Te puedes creer que no ha sido posible? Pero no importa, a veces pienso que aunque no hiciera nada más, “La bola…” ya fue mucho. El que exista esa gente que me quiere, que hizo tanto por mí como espectadores me compensa de haber trabajado, incluso de haber vivido.

Qué le viene a la cabeza si le digo “Sólo no puedo, con amigos, sí”…

Mi vida, porque sin ellos no habría podido hacer nada. Lo más hermoso que he tenido ha sido la amistad.

¿Se ha reconciliado ya con su nombre?

No, pero mucho más que con Dolores. Si ahora me llamaran doña Dolores, me desmayaría del susto, claro que si me dijeran doña Lolo también.

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