Entrevista a Rodrigo García

El controvertido director argentino trae “Versus” al Festival de Otoño

 Alicia González

 

– ¿Es usted tan invasor en el teatro con su estilo transgresor como José Bonaparte para nuestros antepasados?

– No se trata en mi caso de una invasión ideológica, ni de un virus. Lo acertado sería llamar a lo que hacemos un intercambio de ideas, nosotros queremos cambiar con el público pareceres sobre tantas cosas… y tratamos siempre de generar el desacuerdo, porque pensamos que se avanza si no hay consenso.

– ¿Cómo lleva un autor rupturista hacer una obra por encargo?

No hay muchos artistas que lo reconocen: necesitamos el dinero para hacer nuestro trabajo, necesitamos el marco, las posibilidades de producir y de exhibir. Por eso un encargo se lleva con entusiasmo: quiere decir que confían en nuestra forma de ver el teatro, de hacer arte. Lo importante es no traicionarnos ni traicionar a nuestros productores. En este caso fue fácil: mis productores, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, sabían lo que yo iba a ofrecerles, sabían que no sería algo cómodo y que no contaría la historia, sino que tomaría algunas cosas de la historia como puntos de partida para iniciar otro camino.

¿Qué va a encontrar el espectador que vaya a ver Versus al Matadero?

Una pieza de teatro que comienza con una mujer embarazada y termina con un tipo metido amortajado en una caja para muertos. En medio, la vida. Nosotros intentamos reflejar la vida en un escenario, no como un espejo de la realidad. Queremos crear una realidad paralela al cotidiano, entregar al público momentos poéticos y si es posible provocar en las personas cierta envidia. Envidia por tomarnos libertades extremas, por no tener pudor.

Más que una conmemoración parece usted celebrar una derrota más del ser humano…

Al señalar los puntos oscuros de los seres humanos, abrimos la puerta a la esperanza. Si uno celebra los momentos de dicha, creo que no construye. Puede ser como una venda sobre los ojos. Si uno habla de los problemas, tal vez esté ayudando a tomar conciencia y promoviendo la esperanza… dar con soluciones.

¿Se ha basado en los aguafuertes de Goya para recrear los ambientes?

Esta vez, no. Hace años hice un Rey Lear, escrito por mí, donde estaban presentes los grabados de los desastres de la guerra. Aquí hay alguna referencia al cuadro “duelo a garrotazos”. No es la primera vez que trabajo sobre ese cuadro. Habla de la dificultad de habitar juntos la misma tierra, del animal que hay en el hombre, del miedo al dolor, de la supervivencia. Y están esas nubes, ese paisaje con nubarrones detrás… Una pieza de teatro debe ser un paisaje nublado, con pocas certezas y muchas preguntas.

¿Cómo viste Rodrigo García a ese ejército intemporal que es el de 1808, pero sigue en activo en 2008?

Lo viste Belén, que se encarga del vestuario. Parecen gente normal, de la calle. Lo importante son las almas, lo que no se percibe así a primera vista.

Su obra transita hacia la poesía según ha declarado recientemente. ¿Cómo se plasma en escena esa evolución intimista en sus montajes, qué ha cambiado en su escenografía, el vestuario o en los temas que aborda?

Los temas son los mismos, pero la forma tal vez va cambiando. Creemos, los artistas que tenemos una caligrafía reconocible, que cambiamos bastante cada vez, que la evolucionamos. Y por lo general, de fuera, nos dicen que nos repetimos. No sé cuánto le cuesta a Jackson Pollock hacer una nueva tela. La gente dirá que es un Pollock igual a los demás, pero el artista sabe que no es tan simple el camino.

¿Es una obra de un Rodrigo viejo, más abstracto y reflexivo o persiste en su afición por despertar al espectador bruscamente como en “Conocer gente, comer mierda”?

Si miro atrás, si miro la obra que usted menciona, creo que reconozco la misma mano. Tal vez esta obra, se parezca algo a Conocer gente… por ser íntima y un poco oscura y se despegue de mis creaciones últimas, donde celebraba el exceso, obras como Ronald el payaso de Mc Donald por ejemplo. Pero no quiere decir que hago una obra parecida a otra que ya tiene diez años. Ahora tengo más recursos teatrales y el esfuerzo está en saber depurar, poder comunicar con gran impacto pero sin gritar, sin un lenguaje excesivo. No sé si lo consigo, le hablo de mis intenciones.

(Publicado en ACTIVA)

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