Entrevista a Francisco Bobillo

“Sorprende la crueldad lingüística de la retórica franquista”

En el 74 fue considerado uno de los hombres del futuro y desde entonces ha sido el artífice de los cursos de verano en la UIMP, asesor de Tierno Galván, director general del Libro, profesor de Ciencias Políticas… Ahora Francisco Bobillo, colaborador de LEER, nos descubre en “El BOE hace historia”, su último libro, los avatares de la historia española a través de una publicación que guarda tesoros dignos del calendario zaragozano…, de cuando ser redactor de la asepsia podía ser una profesión de riesgo.

¿Estás de acuerdo con que la sección se llame “No ficción”, porque a veces alguno de los libros que reseñas en LEER hablan más bien de malas ensoñaciones?

Siendo exigentes con la lengua quizá sería así…, pero es la denominación anglosajona. No creo que fuera yo quien lo eligiera, sería Aurelio o José Luis.

Has sido certero en muchas de tus predicciones como cuando dijiste que los libros electrónicos no sustituirían al papel, aunque no viste que el BOE llegaría a la web…

En ese momento no calculaba que el BOE desaparecería en papel… Sigo pensando que los libros de consulta desaparecerán, pero no los libros para leer, porque es muy incómodo.

Para quienes piensan que el BOE es algo aburrido mencionas datos como esos 5.500 niños sin bautizar, la celebración de día de la Circuncisión del Señor o los concursantes de la letra de la “Marcha Real”, un anecdotario al estilo de Carandell…

Le he dedicado a esto dos años de trabajo y me he divertido mucho, sobre todo con la Gaceta, cuando era un periódico de información general, con las noticias, los comentarios, las crónicas y los anuncios, todo ello con un lenguaje delicioso.

Ahora que está de moda la Ley de la Memoria Histórica, la depuración de los maestros de la República también se puede seguir en el BOE…

Sí, sí, claro. ¡Eso es terrible! Tienen interés los BOE de la guerra civil y de los primeros años de posguerra porque son impresionantes. Al principio, sin norma derogatoria alguna se ponen a legislar, sin legitimidad alguna para ello y sin embargo, lo dicen.

¿Has encontrado algo que no pensabas que estuviera documentado?

Anécdotas muchísimas, incluso en épocas más recientes. Me sorprendió, por ejemplo, la dureza léxica y retórica de la normativa franquista. La crueldad lingüística incluso. Todos sabemos que el franquismo fue muy cruel, pero que hiciera pública esa crueldad a través de las normas me llamó la atención, porque lo podían haber hecho de una forma más ambigua, más equívoca o más sibilina.

¿Se sigue sin estudiar la prensa en España?

He procurado combinar la historia del BOE y sus antecedentes y la de España, porque para ver el significado del contenido del BOE hay que referirse a la realidad política y social. Pero en un periódico general como era la Gaceta se encuentran cosas bien curiosas sobre las máquinas que utilizaban para imprimir, sus directores, sus redactores, la cabecera, su diseño… Es algo que estaba estudiado relativamente hasta principios del siglo veinte y yo he retomado esos análisis ampliándolos hasta la actualidad. 

¿El BOE ha sido un arma ideológica?

El BOE como tal no, la Gaceta sí. Cuando era un periódico de información general estaba al servicio del partido del Gobierno y antes, de la monarquía. Y los redactores no cambiaban a veces; escribían a favor de las tesis de un partido, cambiaba el Gobierno y escribían a favor del otro. En esto crearon los antecedentes de los actuales; tenían una capacidad camaleónica de adaptación al que manda, ¡pero no se despeinaban!

Comentas que en el precursor del BOE se pueden encontrar firmas como Montesquieu, Locke, Bentham…

La Gaceta tuvo firmas muy destacadas, escritores, académicos y autores políticos, pero era cuando se firmaba, porque las leyes no se firman, aunque hay algunas con mucha enjundia y muy bien escritas, cosa rara. 

¿Esa traducción que te encargaron para que salieras de la cárcel se publicó?

¿Y eso de dónde lo has sacado? Ésa fue una historia divertida. Era una traducción del alemán que hice y entregué, pero que no llegó a publicarse, porque pasó el tiempo y el editor luego cambió de idea.

¿Todavía la conservas?

¡De eso hace cuarenta años! ¡Qué la voy a conservar! ¡En cuarenta años no se conserva nada, ni los dientes, ni el pelo… a veces un poco de memoria! Yo sé que la hice y la entregué. Lo divertido para mí –eso era con la editorial Tecnos- con el paso de los años yo fui director de la editorial, ¡es curioso!

Cuando ves esas series nostálgicas sobre la transición ¿las ves ajustadas a la realidad o los hechos están edulcorados?

Los transforman para hacerlas más entretenidas. Aquello no era nada entretenido.

Pertenecías a algo muy curioso, al menos desde la terminología moderna como era el Partido Socialista Popular. Ahora parecería un matrimonio de conveniencia…

En aquel entonces, nosotros, el grupo Tierno nos llamábamos Partido Socialista del Interior para diferenciarnos del PSOE que estaba en el exilio, pero luego hubo que cambiar de nombre. Partido Socialista Popular era un nombre que tenían otros partidos en el mundo -a Tierno le gustó y a los demás no nos parecía mal-. Lo de Socialista tenía que estar lógicamente y lo de Popular no tenía el contenido que hoy ha llegado a tener. Pero visto desde hoy resulta pintoresco.

¿En ese momento habrías  presagiado un bipartidismo tan estático?

Y cada vez más. La tendencia en estos treinta años de democracia ha sido que los dos grandes partidos han ido acumulando porcentajes mayores de votos. Hoy por hoy no hay nada que permita pensar que esto será modificado. Y aunque cada vez hay más gente que cree que no hay diferencias entre derecha e izquierda, a mí quizá por sentimentalismo, me gusta creer que todavía existen y sigo sintiéndome de izquierdas.

¿Sigue quedando espacio para el idealismo de izquierdas?

Para lo que el socialismo ha significado durante 150 años yo creo que no hay espacio. Las palabras cambian su significado a lo largo del tiempo; los griegos no entendían por democracia lo mismo que entendemos hoy y Pablo Iglesias no entendía por socialismo lo que entiende Rodríguez Zapatero, ni sus electores.

¿Y Tierno, del que fuiste su mano derecha, se sentiría reconocido en él?

No lo sé. Tierno tenía un componente utópico grande, pero también otro de realismo. Sin renunciar a un horizonte utópico supongo que compartiría muchas de las ideas de este partido. Eso no significa que renunciase a la utopía, simplemente lo posponía.

¿Todavía falta una biografía sincera sobre él?

Sí falta, sí y no creo que nunca llegue a hacerse.

¿Es uno de los libros que tienes pendientes?

No, no.

¿Por demasiada vecindad en este caso?

Sí, por demasiada vecindad.

No podrías ser lo suficientemente sincero con lo que sabes…

No necesariamente por eso, pero creo que no sería yo la persona adecuada para hacerlo. Personas con más distancias quizá pudieran hacerlo mejor. Yo he tenido la suerte de tener un trato muy directo, muy estrecho con él y muy prolongado, pero quizá eso no sea lo mejor para hacer una buena biografía.

¿En tu salida de la cárcel él fue tu defensor? ¿Cuáles fueron los argumentos decisivos de tu defensa?

Sí, y también en el Tribunal de Orden Público. ¡Uf, un desastre! Aquello no contribuyó a la defensa, porque fue un juicio político y entonces Tierno hizo una alusión sibilina a los juicios de Nüremberg. Con ese tipo de intervenciones poco podía contribuir a que resultara absuelto (ríe), pero no se trataba de eso.

No te veo especialmente nostálgico…

¡Ah, no, de eso nada! Nostalgia ninguna, aquella era una época espantosa. Es mentira que contra Franco vivíamos mejor, eso fue una boutade de Vázquez Montalbán, que como tal puede tener su gracia, pero aquella era una época llena de carencias y de represiones de toda índole a la que no desearía ni volver yo, ni que volviera nadie.

¿Tomaremos distancia suficiente para rehacer la transición con objetividad?

Una cosa es estudiarla y otra cosa añorarla. En realidad la evocación, la nostalgia es una huida del presente; unas veces se huye al futuro por la utopía y otras al pasado por la añoranza, pero son todas huidas del presente.

¿Eres de los de Thomas Münster, del aquí y ahora?

Prefiero el aquí y ahora, pero puesto a huir, mejor hacerlo mirando hacia el futuro; no estar instalado permanentemente en el presente, aceptando que no merece la pena emprender ningún cambio para mejorarlo. La aceptación del presente es una cuestión conservadora y la huida hacia el pasado no es sólo conservadora, sino reaccionaria y mirar hacia el futuro, es ser revolucionario.

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