Con olor a naftalina

LIBROS - CON OLOR A NAFTALINAYaiza se jacta de ser sabia, pero no conoce a sus hijos, más que a nadie a Sharba a la que intenta transmitir que los sufrimientos se pueden padecer, pero nunca hay que hacer de ellos materia de reflexión, aunque sepa que el conocimiento va envuelto en el dolor. Los Martínez Salazar son una estirpe extraña donde la abuela es “un montón informe de tiempo”, mientras Hugo “vive de lado” y la hija presagia su ausencia convertida en parte de la naturaleza, haciéndose una con los sueños.

Juana Vázquez no intenta contarnos un relato en progresión, sino los tiempos pequeños de una adolescente con una madre que besa los narcisos y no está en una casa habitada por la soledad múltiple vestida en sedas. Sharba es “la virgen de la lujuria” que vive una existencia energizante para Yaiza, la perversa, a la que “le gusta poner alfileres a su angustia”. Dos dualidades contrapuestas desde la locura oracular de una y la indolencia de la joven que empieza. Hay una muerta guardada en una habitación, o al menos eso cree Eugenia, pero a Hugo no le importa, pues es a él a quien corresponde descubrirla  siempre del otro lado.

Y en esa oscuridad vivida en ese cristal opaco, dentro de las coordenadas de una ciudad, Sharba y Yaiza conversan sobre su rivalidad ante un padre embrujado, Eduardo, cuando ya la vida huye con su peso de piedra. Habrá que revolver en los papeles de las tinieblas para desenredar esta realidad opresiva que se “obceca contra el tiempo”.

Con olor a naftalina. Juana Vázquez Marín. Huerga Fierro. Madrid. 2008. 232 páginas.

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