Prohibido el cante

En el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

La exaltación del XIX convirtió el sur de España en cobijo de bandoleros, cuna de hembras gitanas y tablao permanente para los viajeros románticos que, impenitentes debían recalar en nuestro país para sentirse completos. De aquellos barros surgieron lodos como la perversión franquista de asociar flamenco y mala gente, plasmada en un cartel que pendía de la puerta de muchas tabernas en las que se podía leer “Prohibido el cante”. Lo marginal desde luego siempre ha sido atrayente para los artistas y más en este caso, cuando reunía toda la mitología iconográfica de los mundos que la sociedad de la normalidad había desterrado, salvo para venderlos a los turistas. Como ellos, retratistas profesionales hurgaron cámara en ristre en la idiosincrasia de este ambiente de baile, música y mucho duende para enseñar el envés de la foto oficial.

Esta muestra por eso recobra un universo perdido y maltratado que adquiere autoridad ante el espectador, a través de las instantáneas de 70 autores que, en más de 200 fotografías dicen del flamenco, pero dicen mucho más aún de la extracción social de sus figuras, de los espacios que se les reservaba en la escena pública o del tipismo exótico que se realimentaba en el afán de lograr dos duros. La exposición, Prohibido el cante. Flamenco y fotografía, que estará abierta hasta el próximo 30 de agosto en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, acumula desde las fotos espontáneas fruto del azar, hasta las imágenes captadas por quienes han puesto el foco en la cultura popular del flamenco. Nombres de siglo y medio de fotógrafos como Ortiz Echagüe, Isabel Muñoz, Giller Larrain, Duzart, Català-Roca, Pierre Verger, Robert Capa, Carlos Saura, Colita, Isabel Muñoz, Paco Sánchez… que el visitante podrá saborear en el catálogo que se editará con motivo de la exhibición. Estéticas retratadas en este amplio muestrario de fotografía documental, comisariado por José Lebrero, que ofrece al espectador estampas antropológicas ya clásicas de bailaoras descalzas y niños con churretes en la cara y su elevación a los altares de la moda de alto diseño en los últimos tiempos, consagrando como Genet a los parias en modelos de nuestra realidad visiva.

(Publicado en Revista ACTIVA)

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