¡Si nos dejan y no dejamos de intentarlo!

Hace unos días leía en un libro de Sylvia Brownrigg, “The Delivery Room” una encendida defensa de la obligación que todo ciudadano tiene de estar informado para poder ser plenamente partícipe de la sociedad en la que vive y que atribuían a Churchill.
Esta misma mañana en el avión que me devolvía a mi ciudad, Madrid, una noticia del diario explicaba que según un reciente estudio de la Universidad Complutense la interrupción de embarazos no deseados cada vez era más frecuente entre mujeres inmigrantes que entre las españolas, víctimas de la precariedad laboral y de la temporalidad en el empleo, es decir, que para unos la crisis parece estar haciendo mella en ellas y para otros, la explicación es que, paulatinamente se van incorporando a las pautas de planificación familiar de las sociedades avanzadas, decidiendo sobre su cuerpo –quizá presionadas por un marido asfixiado por las dificultades económicas, eso sí-, lo que tal vez sea un síntoma de que estas mujeres inmigrantes son un poco más libres, porque eligen por ellas y por sus hijos/as, abandonando ese tremendismo moralizante de lo irremediable que ha hecho de ellas prisioneras de la falta de información y permanentes deudoras de una estructura patriarcal a la que esos hijos no deseados las vinculaban más y más hasta atenazarlas.