Entrevista con Lauro Olmo Enciso, director de las excavaciones en Recópolis

“Queremos saber cómo vivía ese 80% de la población que son esas gentes sin historia” 

Alicia González

 ¿Cuáles son los valores de Recópolis?

Es la única ciudad que se construye de nueva planta en lo que hoy es Europa occidental entre los siglos VI y principios del IX. Ésta es una decisión del rey Leovigildo que cuando consigue consolidar el Estado que va a crear la monarquía del reino visigodo de Toledo tras una serie de conflictos contra una nobleza terrateniente que no estaba dispuesta a participar en la estructura impositiva de un Estado, que era lo que quería crear Leovigildo. Establece la frontera con los bizantinos que se habían asentado en la zona de la costa, vence rebeliones campesinas que tampoco querían participar dentro de esa estructura estatal, también fija a los pueblos del norte y consigue controlar territorialmente gran parte de la península ibérica y una parte de lo que sería el sur de Francia. Consolida el Estado y al igual que los emperadores bizantinos funda una ciudad para demostrar el poder del nuevo Estado y homologarse a ellos. 

¿Por qué en ese emplazamiento que incluso hoy sigue estando fuera de las vías principales de comunicación?

Porque alrededor, entre 30 y 40 km2, había en época romana tres ciudades, Complutum, la actual Alcalá de Henares, Ercávica y Segóbriga, que han desaparecido. Estas ciudades que habían entrado en un proceso de crisis, además tenían obispo. Leovigildo intenta consolidar ideológicamente el Estado visigodo reconociendo como religión oficial a la iglesia arriana, que era la menos potente, diluyendo el poder de la jerarquía eclesiástica. Por eso, justo en una zona equidistante crea esta ciudad, fundada por iniciativa estatal, en la que además, no hay obispo, para frenar el poder de estas ciudades vecinas, algo que además consigue.

¿De dónde viene el nombre de Recópolis?

Leovigildo le da el nombre de su hijo Recaredo, el futuro rey, siguiendo una práctica de los emperadores bizantinos que fundaban ciudades dándole el nombre del emperador, de su mujer o de los hijos. Y de hecho, aunque los dirigentes peninsulares hablaban latín, el nombre de Recópolis, presenta una terminación en griego. Con ello demuestra que había conseguido controlar un Estado y sobre todo, organizar un sistema de recaudación fiscal y de tributación, lo que significa que había logrado controlar a la nobleza y a toda la población. Y por último, es la prueba de que las arcas del Estado tenían dinero en ese momento, porque para fundar una ciudad como Recópolis hacía falta dinero.

¿Qué tiene de novedosa esta ciudad?

Los emperadores bizantinos cuando fundaban ciudades no hacían ninguna de nueva planta, sino que lo que hacían era refundar o reformar la ciudad donde habían nacido u otra ciudad, haciendo algunos edificios significativos. Lo sorprendente de Recópolis en ese momento de la Alta Edad Media europea y en mitad de la fragmentación que se está produciendo es que es absolutamente de nueva planta, lo cual todavía le da más valor.

“Recópolis demuestra que el Estado visigodo es el más potente de la época, porque es el único que puede hacer una fundación de estas características”

Luego era un enclave relevante…

Es un sitio muy importante, una gran fundación, pero dentro del poder económico del Estado visigodo, sólo presente en la península ibérica. Lo que sí demuestra es que es el Estado más potente de la época frente a los merovingios, a los lombardos en Italia, a los vándalos en el norte de África, porque es el único que puede hacer una fundación de estas características, el único que tiene el poder económico de hacerlo.

¿Por qué se pierde entonces en el olvido?

Recópolis se abandona algo más de un siglo después de que los árabes lleguen a la Península, así que su vida como ciudad va del año 578 hasta alrededor del 800 y luego se utiliza  como cantera para construir la nueva medina islámica que es Zorita y de hecho los geógrafos árabes dicen que “con las piedras de Recópolis se construye Zorita”, una de las tres grandes fundaciones urbanas en esta zona de la península, y ahí es cuando Recópolis comienza a sumirse en el olvido. Después, con la llegada cristiana a la zona en el siglo XII, la presión que se ejerce sobre la gente musulmana, lo que hoy llamamos limpieza étnica, les obliga a irse del territorio, así que hay que repoblarlo y se hace con campesinos procedentes de Aragón. Las fuentes cristianas al hablar del lugar lo designan como “la meseta de Santa María de Racopal, un cuarto de legua al sur de Zorita“. Esto es muy interesante porque Racopal es una palabra cristiana de origen árabe que indica que se había mantenido el topónimo, aunque allí ya no había nada.

Con la llegada de Alfonso VIII que le da la carta de puebla a un grupo de campesinos, éstos ocupan los alrededores de lo que habían sido los edificios más significativos, las ruinas del palacio y la iglesia; en el crucero de la iglesia palatina visigoda hacen una parroquia y aprovechan los muros de la parte superior del palacio para hacer una pequeña aldea de campesinos que dependían de los señores feudales de Zorita, que va a ser la Orden de Calatrava. Esa aldea tiene cien años de historia y allí ya se abandona, quedando la iglesia como una ermita de romería que llega hasta el siglo XVII cuando se pierde y con ella la memoria de Recópolis.

¿Cómo se recupera entonces esa ciudad desaparecida?

En el siglo XVI algunos la sitúan en la zona, cerca de Almonacid de Zorita, otros incluso la sitúan en Ricla, en Ripoll…, porque se había perdido la referencia. Y es a finales del XIX que un historiador, Juan Catalina García López, el primer catedrático de arqueología de universidad que hubo en España, haciendo una reedición de un censo que hizo Felipe II con relaciones topográficas, recorre todos los pueblos de Guadalajara y le llama la atención cómo en el XVI los vecinos de Zorita hablaban de un cerro, el de Rochafrida, donde estaba la ermita de la virgen de la Oliva y que era el asiento de una antigua ciudad fundada por el rey Pipino. Juan Catalina García López va allí y es el que descubre Recópolis en 1944.

¿Cuándo se inician las excavaciones?

Eso tiene que ver con la historiografía de la construcción histórica del nacionalismo español, y concretamente de los sectores más tradicionales que van a dar cobertura histórica a la extrema derecha del golpe militar y la dictadura. De hecho, los visigodos van a ser un referente en la investigación de los años 30, porque en esa época en la investigación se asociaban a los germanos. La Alemania nazi va a utilizar esos estudios sobre el solar de los germanos para justificar sus ambiciones anexionísticas y con la victoria del franquismo en la guerra, se ponen a excavar necrópolis visigodas para demostrar la tradicional ligazón de España y Alemania.

Pero en 1944 este tipo de investigación deja de interesar cuando se produce precisamente el cambio de Gobierno desde los sectores más vinculados a Falange a los conectados a la Acción Católica. La historiografía burguesa española une a conservadores y a progresistas en la creencia de que los visigodos, y concretamente Leovigildo, son los creadores de la nación. A unos les interesaba más la regulación jurídica, porque era una forma de defender un Estado, mientras que los más tradicionales se vuelcan en la vinculación de la Iglesia y la monarquía visigoda, con la conversión de Recaredo al catolicismo, entendiendo la asociación del catolicismo y el Estado como elemento dinamizador.

¿Cuál es el eje del actual proyecto de investigación?

Estamos excavando los temas relativos a las estructuras de poder y de comercio: queremos saber cómo vivía ese 80% de la población que en cualquier sociedad preindustrial son esas gentes sin historia, que nunca aparecen en las fuentes escritas. Había una base mayoritaria de campesinos y artesanos a los que hay que darles su voz, a la gente sin historia, en un sitio donde están las estructuras de poder del Estado puro. El palacio era el lugar de residencia del rey y de los altos dignatarios, pero también desde donde estaban todos los organismos de la ciudad y la provincia, se dirige toda la administración, porque Recópolis tuvo ceca, acuñó moneda en oro, la única junto con Toledo del centro de la península. La moneda de oro servía para pagar los impuestos, mientras que los productos que venían del Mediterráneo se pagaban con moneda romana de bronce reciclada; el resto de la economía se basaba en el trueque. Estamos en ese final de la época visigoda en que Barcelona, Valencia, Mérida, que eran centros fiscales del reino visigodo empiezan a desintegrarse urbanísticamente, porque la nobleza terrateniente con la jerarquía eclesiástica ya está inmersos en un modelo de sociedad feudal. La ciudad existe cuando hay un Estado que la mantiene y por eso al final de la época visigoda cuando llegan los árabes se sorprenden de cómo están las ciudades en Al-Ándalus, derruidas. Y gracias a la formación de la sociedad andalusí España se vincula más al primer mundo, frente a Europa que en esta época era un lugar oscuro, de señores feudales.

¿Tiene pensado retirarse en Recópolis?

Yo me retiraré el día que las fuerzas no me aguanten, pero aun así quedará mucho Recópolis, porque en estos momentos sólo tenemos el 10% excavado, así que el final de la excavación no lo veremos, lo cual es bueno, porque siempre es importante que queden zonas de reserva para que con las tecnologías del futuro se pueda afinar más. Excavar es destruir, por eso los arqueólogos tenemos una enorme responsabilidad, porque cada nivel sobre el que excavamos, lo vamos “arrasando”; esa tierra que retiramos tiene muchísima información, además de cerámica y metales si se analiza con el apoyo de biólogos, palinólogos, de geomorfólogos te va dando datos acerca de la riqueza del terreno, de la estructura, de la vegetación… La arqueología tiene que ser absolutamente minuciosa, porque según como tú registres, así se interpreta. Lo que tengo que intentar es que otro compañero sin ver lo que yo haya visto, vea a través de las memorias y decida si está o no de acuerdo con mis interpretaciones.

(Publicado en ACTIVA)