El Any Rodoreda, retrato de una desconocida muy leída

¿Quién fue Mercè Rodoreda? La abuelita encantadora que escribe sobre las flores y se deja querer toda coqueta por la cámara, la periodista de guerra, la mujer que escapa con Obiols fuera de España, la joven casada con su tío y madre demasiado temprana. Una escritora consagrada -Premio Sant Jordi, de la Crítica y Premio de Honor de las Letras Catalanas- que contaba las vidas de seres anónimos en esos jardines de una aterradora quietud y que en 2008, con motivo de su centenario ha conseguido sacar a sus entusiastas a la calle.

“Desde que empezamos el Any Rodoreda, una iniciativa de la Fundaciò Mercè Rodoreda, marmesora de su legado, el Institut Ramón Llull y la Instituciò de les Lletres Catalanes, constatamos que Rodoreda despierta pasiones porque puede hablar de mundos que ya no existen, pero el drama que recoge en sus palabras sigue siendo nuestro drama”. El centenario se ha plasmado en un encuentro de traductores, una muestra bibliográfica de la obra en otros idiomas, una exposición que planteaba una aproximación sensorial a su universo y más de un centenar de conferencias en las que la afluencia de público es a veces desbordante, entre otros. “Hay cierta sed por conocer su biografía y su obra”, explica Oriol Izquierdo, director de la Instituciò. Desde la organización entendieron que Rodoreda merecía una celebración lo más abierta posible con la presentación de los últimos estudios de universidades de EEUU, Italia, Suiza o Alemania, pero también popular. “Eventos como la fiesta mayor de Gràcia nos reafirman que fue un acierto dejar que nuestra sociedad se encontrase con Rodoreda. Hemos trabajado intentando no tanto hacer unos grandes festejos, sino poner hitos como la puesta en escena en el Teatro Nacional de Catalunya de “La plaça del diamant” o el musical con Dagoll Dagom de “Aloma”, a los que se pudieran ir sumando todo tipo de iniciativas”, asegura Izquierdo. Marta Nadal, comisaria junto con Joaquim Molas y Carme Arnau de la exposición “Una poética de la memoria” que se hizo en 2002, afirma que la autora “este centenario ha servido para detectar la necesidad de nuevos estudios sobre una novela inacabada como “La mort i la primavera”, de una simbología muy primitiva. Veremos qué aportaciones nos ofrece el Congreso internacional; a partir de ahí cada estudioso dirá qué va a hacer con su Rodoreda”. Rodoreda para no iniciados Mercè Rodoreda es víctima de una sociedad que ve en ella una madame Bovary rebelde… “En su vida hay material para unos cuantos melodramas…. Sin duda al lector común le cuesta no ver en Colometa una trasposición literaria de ella, aunque hemos procurado no alimentar ese morbo, ya que nuestro interés es que Rodoreda sea un referente popular, literario, incluso cívico”, dice Izquierdo. Neus Real, profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona que actualmente prepara una edición para Secundaria de “Aloma” opina que “su riqueza está en ese genio literario que trasciende la anécdota alimentándose de la vida en todas sus dimensiones. Precisamente en noviembre voy a Canterbury a la Anglocatalan Society para convencer con los mismos argumentos de Rodoreda, con su obra, de por qué tenemos que dejar de leerla desde su vida, porque lo que sigue viva es su literatura”. Para la experta en ‘Aloma’ “en Rodoreda hay que leer también esa mirada irónica y vital. Yo diría que era de todo menos una abuelita… Cuando acaba la casa en Romanyà dice ‘¡estoy tan feliz que si las piernas me aguantaran saldría por la noche a saltar y a bailar como una salvaje con la luna llena!’, una mujer cerca ya de los 70 años”. Rodoreda es un personaje total y hasta contradictorio. “Visionar la entrevista de Soler Serrano teniendo presentes las cartas que Rodoreda cruza con su editor Joan Salas nos descubre hasta qué punto ensaya un personaje que le permite protegerse de un entorno muy hostil”, dice Izquierdo. Pero ¿con qué Rodoreda empezar? Marta Nadal se muestra partidaria de iniciarse a través de “Espejo roto”, porque “merece más de dos lecturas y engancha muchísimo. ‘La plaça del diamant’, aparentemente muy fácil, ciertamente como ella dijo, es muy kafkiana”. “No puedes entrar en Rodoreda con sus últimas obras. A partir de que publica “La meva Cristina i altres contes” empieza una escritura más simbólica que desarrolla simultáneamente en ‘La mort i la primavera’ y ‘La plaça del diamant’”, dice Neus Real, que consiguió emocionar al público de La Mina, uno de los barrios de Barcelona donde la literatura catalana tiene una presencia nula, con la poesía amorosa de Rodoreda. Para aproximarse a la autora seguramente ‘La plaça del diamant’ sea el camino más directo, porque “entusiasma a personas no-lectoras –añade Neus Real, autora de “Mercè Rodoreda, la obra de preguerra”- y los académicos estamos fascinados con ella. Es una literatura que tiene un doble plano simbólico que opera en una historia más accesible por la vía argumental y de los personajes a través de procesos de reconocimiento, identificación, etc. Hay muchas claves literarias y culturales en Rodoreda y de hecho investigaciones como la de Margarida Casacuberta dan una perspectiva de la ciudad desde un universo que enlaza con el simbolismo y el modernismo y abre nuevas vías de lectura a ‘Quanta, quanta guerra’ o ‘Viatges y flors’”.

Las máscaras de la fama

El Any ha potenciado que mucha gente hable de Rodoreda. “Cuando una tiene dos grandes novelas a veces baja en las estadísticas porque se dividen los votos entre ambas; hay quien prefiere “Mirall trencat” y quien como yo prefiere “La plaça…”, que debería estar entre las mejores novelas del siglo que no es poco”, asegura Miralles. “Los relatos son fulgurantes, de una mayor elaboración y más sintéticos, pero en “La plaça”, uno puede leer una historia que va muy a favor de las mujeres, muy inteligente que atrapa a lectores poco dados a filigranas literarias y a la Rodoreda le sirve para explicar el oprobio de la guerra. A la gente no ha dejado de interesarle Rodoreda hasta ahora mismo. En una cultura como la catalana que no promociona las traducciones es un mérito ser traducido, pese a que sufrió una especie de censura por ser mujer. De su escritura, vinculada a la ternura y a la tradición femenina, verdadero nervio de su calidad literaria, gente como Plà opinaba –cosa que le hace poco honor como lector- que la Colometa era una bleda, una “acelga”, recuerda Miralles. ¿Está el centenario visibilizando esta Rodoreda múltiple? Neus Real cree que sí. “A Rodoreda te la vienes encontrando por todas partes. Al margen de los fastos, sus libros se siguen leyendo -si repasas el número de ediciones “tomba d’esquena”-. Cuando pase el año podremos analizar con perspectiva qué ha quedado, pero realmente es una autora que funciona sola. Hay gente muy crítica, pero si gracias a esto una sola persona ha cogido un libro de Rodoreda, ya vale la pena, porque las aportaciones académicas se van produciendo regularmente sin necesidad de centenarios”. Rodoreda dijo en una entrevista que “una persona feliz no tiene historia”, por eso ella glosaba tantas vidas, porque hay tanta gente infeliz… que con el tiempo se han transformado en voraces lectores de esta madreselva de Sant Gervasi. “Ha ganado muchísimo –comenta Marta Nadal- entre la crítica y los lectores. Sus obras son muy ricas en referencias culturales, porque aparte de toda una riqueza lingüística extraordinaria, la tensión lingüística de Rodoreda es la de un poema. Todas las palabras y frases son extraídas del lenguaje más cotidiano, pero elevadas a la categoría máxima”.

La difícil aventura de ser humanos

La Rodoreda poeta -en la que según Carles Miralles, miembro de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans, está todo por hacer, empezando por una ordenación más neutra, cronológica de su obra- nos lleva al Quartier Latin, después de siete años de exilio. “Allí tiene una situación relativamente estable con quien fue su hombre hasta que él murió, Armand Obiols, y está muy desanimada. No sabemos que haya escrito ni una línea de poesía y de golpe, empieza a componer sonetos. Su contacto epistolar con Josep Carner la motiva más aún y se dedica cuatro años al menos a un ejercicio de estilo que le da un poco de sentido a su vida, a la derrota de la República y a la ocupación alemana que vivió en primera persona. Es lo que llama en uno de estos sonetos “l’aventura difícil d’ésser humans”. Esta poesía según el profesor Miralles “es una profundización en la lengua y en el simbolismo a través del ciclo “Mon d’Ulisses”, un Ulises en medio de la odisea contemporánea donde Circe es la maldad de los tiempos presentes que convierte a los hombres en bestias. La historia de Europa ha llegado al final -parece que no se puede ir adelante después de tanta muerte-, como Ulises, pero la Rodoreda a través de él nos exhorta a seguir siempre más allá”. La escritora opta por una poesía un poco fuera de tiempo. “Escoge el rigor del soneto, porque a la modernidad de su poesía y la intensidad de lo que quiere comunicar, se suma un proceso de purificación que se puede comparar a Celan en ese renacer por la palabra después de una experiencia traumática, violenta y excesiva”. Esa nueva faceta la realimenta con el poeta que tiene al lado. “Obiols que ha dejado una obra todavía dispersa y a gran distancia de Rodoreda, en esa época volvió a escribir una poesía en la que se pueden establecer conexiones de temas, incluso de palabras, de exigencias, de manías métricas…, ‘curiosidades’ de ciertas parejas”, concluye Carles Miralles i Solà.

El peso de la vida tras una sonrisa

Nadal, a quien la Fundaciò Rodoreda le encargó un álbum biográfico, ha reunido en el libro “De foc i de seda”, aspectos objetos, cartas o imágenes que cuentan “cómo era su barrio natal, su abuelo, las poses que hace cuando se fotografía…”, y permiten seguir a la autora a través de las instantáneas. “Tuvo una tenacidad extraordinaria frente a un mundo terrible, su mundo íntimo y un doble exilio, del fascismo y del nazismo, huyendo en trenes que no funcionaban y andando horas y horas, porque si los cogían los mataban como ratas. En los años treinta se impuso como mujer de letras moderna que no se achicaba delante del mundo masculino y que vio en la literatura su escapatoria de una realidad absurda”, opina la profesora Nadal. Justamente ese sujetarse a lo establecido en personal hizo más evidente su valentía literaria… “Se pasa la vida recordando el jardín –con el monumento a Verdaguer, a la lengua, que ha hecho su abuelo- en el que está todo lo que la sigue uniendo a la vida cuando escribe “Viatges”. Sus “Bestioles”, poemas cargados de juego y amarga risa, nos descubren que esa señora que posa tan bien capta con gran intensidad la crueldad humana que se ve en sus acuarelas muy parecidas a las de Klee”, sugiere Miralles. Una apreciación en la que coincide con Marta Nadal que ha participado en el centenario con una ponencia titulada “Espejo roto”: “Pensé que era suficientemente descriptivo, pero hubiera podido utilizar un título de Eugenio Trias, ‘Lo bello y lo siniestro’, puesto que tras ese mundo externamente apacible de Rodoreda corren unas aguas subterráneas de lo más opacas. En “Espejo roto” esto se pone de relieve en el mundo de los niños donde reina la crueldad. El inocente, el pequeño Jaume, es el que muere, quizá porque Rodoreda quiso evidenciar la culpabilidad que la humanidad adulta encierra en esta escenografía vegetal que tanto quería”, dice Nadal. Con la distancia Rodoreda ha dejado de ser la simple cronista de una España tenebrosa para revelar a una compositora de escenarios repletos de trastiendas. “No es difícil leerla, incluso por el público menos formado que busca la novela romántica, pero también logra interesar con sus artefactos literarios al estudioso que descubre tras ese juego una realidad literaria magistral. Eso explica que haya sido traducida a más de 30 lenguas-, pese a las circunstancias institucionales en las que se movía la cultura catalana. Dejó escrito que su vocación servía a la literatura y por eso tenía mucho interés en truncar las conexiones entre su biografía y su obra, pues sabía que su potencia literaria ayudaría a la cultura catalana a sobrevivir”, comenta Oriol Izquierdo. Un éxito fraguado sin duda por ediciones como la de “Espejo roto” en la que Pere Gimferrer y Mercè Rodoreda estuvieron muy en contacto. No obstante, Neus Real, responsable de un dossier sobre los itinerarios literarios de Rodoreda en el exilio francés, una propuesta para pasear por París con sus textos, considera que “lo ideal es leerla en la lengua original. Hay buenas traducciones y de lo que se trata es de encontrar no tanto la literalidad del significado como del estilo y la construcción. La prueba de que funciona es que siendo la autora más traducida de la literatura catalana, resulta muy universal, porque “La plaça del diamant” y lo que vive aquella mujer, las emociones, el dolor, la alegría, el descubrimiento, lo comparte cualquier persona. Estaba contentísima de que gracias a esa novela en unos confines que nunca hubiera podido imaginar se supiera qué era Gràcia. Desde el principio entiende que si escribe en catalán está trabajando para su país, sobre todo si escribe bien”. Un alarde patrio en mala hora… “En los años treinta era más fácil, pero después significó el exilio y “esos años de ‘lecturas bárbaras’ que dice ella, de irse cada día al Louvre, fundamentales para su obra”, según Neus Real. “En algún momento de su vida sobrevivió –apunta- cosiendo camisas, sin renunciar a su compromiso”.

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