La crónica de una civilización musical por Tomás Marco

En la imagen, José Luis García del Busto, Tomás Marco y José Luis BorauDurante los cinco años en que laboriosamente elaboraba sus fichas para esta “Historia Cultural de la Música”, editada por la Fundación Autor, Tomás Marco, uno de nuestros autores contemporáneos más prestigiosos ha seguido componiendo. Más de mil páginas recogen el resultado de una investigación que permite al lector ponerle sonido a la pintura rupestre, avanzar por la armonía de los cuerpos celestes y acercarse a la partitura de esta era global de la mano de un denso volumen con el que cauterizar la herida tradicionalmente abierta entre la música y el resto de las artes.

–         Habla de la música como el sistema operativo del hombre…

–         Es como cualquier aproximación estética, una forma de conocimiento tan legítima como otra, lo que pasa es que parte de una realidad sensorial para aprender y entender el mundo y espero que para mejorarlo.

–         Maneja una cierta ironía en esta “Historia cultural de la música”…

–         Los que me conocen ya saben de su existencia y los demás la tendrán que ir aprendiendo. He procurado, dado que el libro es un tocho de 1.150 páginas, que encima no sea un ladrillo, y yo me hago la ilusión de que es un libro que se puede leer con facilidad, capítulo a capítulo.

–         ¿Esta obra surge de esa curiosidad que ha definido como una de sus rasgos más personales?

–         Sí, porque yo creo que a la gente aparte de contarle la historia seria hay que explicarle la intrahistoria que es divertida e ilustra sobre ella, porque ayuda a entenderla y humanizarla. En ese sentido están hechas las notas a pie de página, con referencias más ligeras y humorísticas sobre la seriedad del texto.

–         ¿Es el libro que le hubiera gustado tener de joven para aprender de música?

–         La verdad es que me hubiera venido muy bien. Éste libro nace de una preocupación mía de hace mucho tiempo, pues aunque le haya dedicado los últimos cinco años, su preparación implica prácticamente toda mi vida musical. La idea de escribirlo viene de que sobre todo en España la división entre lo que es música y todo lo demás está explicitada en las historias de la música, pero también en las historias del arte, de la cultura, etc. Y yo creo que hay que luchar contra ello, porque todo de alguna manera está relacionado e intento relacionarlo de alguna manera, porque Newton y Leibniz tienen mucho que ver con Bach, independientemente de que se conocieran o no, porque el pensamiento global de una época se manifiesta musicalmente, científicamente, literariamente… y no se puede entender el romanticismo sin saber qué pensaba de la música y muchas otras cosas Schopenhauer o Hegel y desde luego Goya es un absoluto paralelo de Beethoven, Stravinsky de Picasso, como Kant tiene mucho que ver con Haydn, independientemente de que hubiera oído o no una obra suya. Todo esto que parece obvio no se vive nunca como tal y se cuenta la historia de la música como si no existiera nada alrededor.

–         ¿Tiene algo de Quijote y de Odiseo, por la utopía y la búsqueda? 

–         Casi todos mis libros son un periplo por un mar desconocido como la Odisea y al mismo tiempo de partida ya son utópicos, porque sé que no voy a realizar más que el 10% de lo que quiero, pero lo que se consigue está bien que se consiga.

–         ¿Cuáles han sido sus modelos al escribir este volumen?

–         Realmente me he fijado en los intentos parciales de determinada gente por hacer historias parciales como Hauser que por cierto, carece de una parte musical, los libros de Trías, especialmente el último que ha publicado, que resulta muy estimulante. Uno siempre tiene modelos que le han entretenido y que son más grandes que uno y por eso podemos subirnos a los hombros de esa gente para entender un poco más.

–         ¿El libro viene a cubrir una necesidad en el campo de la historia de la música?

–         Sí, viene a llenar un hueco en la bibliografía en español en este tema y por otra parte, ayudará a los que quieran superar esa barrera de desconocimiento de la música que se pueda tener en España.

–         ¿La ignorancia está más difundida entre los profanos o entre los compositores que, según ha dicho, apenas hablan de música?

–         Por lo visto eso es de antiguo. Rubinstein decía que él sólo hablaba con banqueros que era los únicos que hablaban de música, porque los músicos sólo hablaban de dinero.

–         ¿Va a ayudar al espectador musical de a pie a sentir mejor la música?

–         No espero que sea la panacea, pero sí que permita entender que la música puede ser un entretenimiento, pero que también es una manifestación cultural que está relacionada con el resto de su tiempo y que no es malo saberlo.

–         Muchos autores al recibir el ejemplar se buscaban afanosamente en el índice… ¿Hay muchas ausencias?

–         Supongo que siempre hay, pero el libro es bastante completo, porque pretende llegar hasta el 2007 y muchos se encontrarán en él -lo que no sé (bromea) es si se reconocerán-. Lógicamente ha habido descartes, porque no podía hacer una historia completa de la literatura, del arte y de la ciencia.

–         En la presentación del libro se recibió con aplausos un comentario suyo la inclusión de las compositoras en este volumen sin hacer los habituales distingos…

–         Las mujeres compositoras, hayan sido famosas o no están recogidas en el libro, pero no por tales, pues tampoco tengo un capítulo dedicado a compositores gays- que hay muchísimos- o a los autores calvos. Están tratadas sin segregarlas, porque se han dedicado a la música como lo han hecho con la literatura u otras artes y por eso figuran en pie de igualdad con el resto, porque creo que hacer un apartado con las mujeres sería minimizarlas.

–         ¿Después de cinco años recopilando fichas, Tomás Marco es más escritor que músico?

–         No había pensado jamás en compararme con Pitágoras –si bien me considero un músico tanto cuando escribo como música como cualquier otra cosa- como asegura José Luis García, aunque es verdad que todo lo que he hecho, lo he hecho como una sola persona, sino sería un completo esquizofrénico.

–         ¿Las salidas de la música en España siguen siendo Hendaya y Barajas?

–         No, la música ha mejorado muchísimo en los últimos años. En este momento hay más de veinte orquestas de primera categoría, otra cosa es que la sociedad se haya enterado de eso, porque en el ámbito mediático sigue pareciendo que interesa a cuatro locos, y no es verdad. El panorama es muchísimo mejor. Cuando yo era joven si le hubieras dicho a tu padre que querías estudiar viola te la hubiera roto en la cabeza y además hubiera hecho bien. En estos momentos lo que tendría que hacer es quitarte de la cabeza ser médico o ingeniero, porque su hijo se va a ganar la vida muy bien siendo un viola mediocre y para ser médico tendría que ser maravilloso.

–         ¿La música es la avanzadilla incomprendida de la cultura?

–         No es algo común a todos los temas de la cultura, porque en el tipo de sociedad que tenemos es una cosa minoritaria y tiene poquísimas posibilidades por ejemplo, en televisión de sobrevivir a  los Grandes Hermanos y similares.

–         Hay quien dice que el libro servirá para poner luz sobre la música contemporánea…

–         En ese sentido no es primordial, porque ya antes publiqué “Pensamiento musical del siglo XX”, donde ése es el aspecto central. Pero no sólo trato la música culta, porque evidentemente en el siglo XX hay otros fenómenos desde el jazz hasta el flamenco y los multimedia.

–         Aunque reconoce no ser ambicioso, ¿se ha hecho un hueco ya en las enciclopedias con este trabajo?

–         Lo que digan de mí en el futuro no me importa nada. Lo que quiero es trabajar ahora.

–         ¿Se necesita un Ministerio de la Música ahora que se va a crear el de Deporte?

–         Con uno de Cultura que funcionara sería suficiente. Las principales deficiencias de la música en la actualidad vienen del sistema educativo y de un agravio comparativo que se da desde el punto de vista del apoyo en cuanto a la difusión exterior.

–         ¿La comunicación a través de la música es más necesaria que nunca?

–         Sí, porque no sirve tanto para una comunicación verbal, sino para una comunicación emocional de la que creo que estamos bastante carentes en general.

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